[La Ruta Maya]: Templos, pirámides y calendario

Chichén Itzá, una de las siete maravillas del mundo moderno.

Son cinco los países que integran la Ruta Maya –México, Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador– y comparten la valiosísima herencia de la antigua cultura que prosperó en este vasto territorio durante siglos. No hay mejor forma de palpar la arquitectura, el misticismo o el arte de esa gran civilización precolombina que motivó las valiosas expediciones del escritor estadounidense John Lloyd Stephens y del dibujante inglés Frederik Catherwood que seguir sus propios pasos. Ellos fueron los primeros en documentar a conciencia unas ruinas mayas que, desde entonces, no han dejado de atraer a visitantes de todo el mundo. La ruta puede hacerse en el sentido de las agujas del reloj, en sentido contrario, o recalando únicamente en algunos destinos. Los desplazamientos se realizan por carretera, en automóvil o en autobús, o con enlaces mediante avión o avioneta. Una aproximación rápida a la ruta requiere unos quince días, pero hay que contar con un mes si se desea visitar los principales reclamos arqueológicos e inmiscuirse un poco en la apasionante y densa cultura maya.

Las perlas mexicanas

Cuando llega el K´in nebal el mundo desaparece detrás de un velo. Las montañas aparecen solamente a trechos, como si fueran las piezas de un rompecabezas. Los huipiles de vivos colores de las mujeres se pierden en lontananza, entre los lívidos tonos del maíz. La Fiesta de las nubes es para los mayas la llegada de las lluvias torrenciales; se trata generalmente de la cola del algún huracán. Aquí, entre estas montañas accidentadas denominadas Tierras Altas, más allá de Palenque, la realidad se convierte en fantasía. Y entonces, ¿por qué no creer que es precisamente el Señor de la Tierra, patrón de las nubes y de la lluvia, el que rodea todos estos valles que desde siempre han sido su territorio? Lo cierto es que aquí se encuentran desde siempre sus últimos fieles. A diferencia de otras poblaciones, los indios de la región de Chiapas (México) nunca se han alejado de sus tierras, donde más de un millón de mayas viven en lo que ha sido calificado como “su última trinchera”. Parada obligada es el pueblo de San Juan Chamula, en cuya iglesia de San Juan Bautista cuelga un letrero rogando a los visitantes que se abstengan de hacer fotos, pues es creencia de los mayas que cada instantánea roba un pedacito de alma. También San Cristóbal de las Casas, punto estratégico del turismo de la zona, y Palenque, donde la llanura tropical limita con las primeras estribaciones de la Sierra Madre de Chiapas. Entre las ruinas del que probablemente sea el más fascinante centro maya, a la hora del alba se puede respirar un aire mágico, con los templos rodeados de una espesa jungla en la que se insinúa una niebla que da al lugar una dimensión absolutamente irreal. Palenque es una obra de arte, sin duda, pero ninguna comparable a Chichén Itzá o Tulum, en la península del Yucatán. Es en ellas donde la cultura maya se exhibe con toda su pujanza. Chichén Itzá, con una gran explanada presidida por el famoso Templo de Kukulcán; Tulum, por su magnífico emplazamiento, siendo la única ciudad maya frente al mar de un color azul turquesa que corta la respiración.

Tikal y el lago Atitlán

En Guatemala destaca especialmente Tikal por su entorno exuberante. Barrosa o polvorienta según la estación, llena de baches, la pista que lleva a Tikal a través de la selva apenas es transitable. Pero no importa. La emoción del descubrimiento compensa ampliamente tales inconvenientes. Todo aquí es grandioso, comenzando por la amplitud del paraje: lo que fue la mayor metrópolis maya ocupa, con sus suburbios, unos 16 kilómetros cuadrados, de los que sólo una décima parte han sido excavados, revelando más de 3.000 construcciones aparentes y 200 estelas y altares. Cinco grandes templos jalonan el centro ceremonial, dominando desde los 38 a los 65 metros una pléyade de palacios y de templos secundarios agrupados entre acrópolis macizas. Tikal es la obra, en fin, de todo un pueblo que durante más de mil años transformó y remodeló este extraordinario conjunto oculto entre la naturaleza. Al sur del país se llega a Panajachel, al pie del lago Atitlán –considerado uno de los más bellos del mundo–, ribeteado por aldeas mayas que no tienen desperdicio, como Santiago Atitlán, Santa Cruz la Laguna o San Pedro la Laguna. Sorprende la diversidad de las vestimentas, pues cada pueblo usa un patrón distinto que lo distingue de los demás.

Copán, Lamanai y la Joya del Cerén

En Honduras sobresale Copán, con posiblemente los mejores ejemplos de esculturas y estelas mayas, como el templo que contiene la popular Escalinata de los Jeroglíficos. A Copán se la considera una de las ciudades más espléndidas de la Ruta Maya pues en el cénit de su esplendor, entre los siglos V y IX, alcanzó logros artísticos y culturales que no fueron igualados por ninguna otra ciudad mesoamericana. Es, con Tikal, la mayor fuente de información para conocer su antigua civilización. En Belice despuntan Altun Ha y Lamanai, al que se accede solo por vía fluvial a través de la jungla, y en El Salvador reluce con fulgor la Joya del Cerén, una ciudad maya bien conservada bajo las cenizas de un volcán –se la conoce como la Pompeya de América– que fue descubierta bien entrado el siglo XX.

Selección Viajar: Los ecos del pasado

Cancún, en la península mexicana de Yucatán, suele ser el punto de partida y de llegada de la Ruta Maya. Entre su extensa oferta para todos los gustos destaca The Ritz-Carlton (www.ritzcarlton.com), con 365 habitaciones, dos piscinas, Spa con tratamientos mayas, seis restaurantes y una escuela de cocina. Sirve cenas románticas a la luz de las velas en la playa.

El Hotel Mayaland (www.mayaland.com) está a menos de 100 metros de la entrada a las ruinas de Chichén Itzá y es el más elegante en los alrededores del yacimiento.
El Maroma Resort & Spa (www.maromahotel.com) está próximo a Tulum, entre una plantación de cocoteros y dispone de buenas suites.

En Palenque, el Hotel Ciudad Real (www.ciudadreal.com.mx), a cinco minutos del centro y a diez de la zona arqueológica, cuenta con 66 habitaciones, tres junior suites y tres master suites. En su restaurante Palapa se preparan platos de la cocina chiapaneca, mexicana e internacional. En San Cristóbal de las Casas, el Hotel Casavieja (www.casavieja.com.mx) es una mansión rehabilitada de principios del siglo XVIII que ofrece 36 habitaciones dobles, dos junior suite y una suite mayor. En El Comedor de Doña Rita se sirve una excelente cocina regional, nacional e internacional.

Ya en Guatemala, a un kilómetro de Tikal y en medio de la selva tropical destaca Jungle Lodge (www.junglelodgetikal.com), que ofrece tanto suites como bungalós. En el lago Atitlán, el Hotel Atitlán (www.hotelatitlan.com), emplazado a sus orillas, es el más encantador de Panajachel. Es un edificio de estilo colonial con magníficos jardines. Por último, el Hotel Casa Santo Domingo (www.casasantodomingo.com.gt), de Antigua, está instalado en un antiguo convento dominico del siglo XVII erigido sobre un enterramiento maya. Permite elegir varios tipos de habitaciones (estancia tradicional, prehispánica, del prior, del fraile o de los novicios, entre otras), además de la estancia conventual de lujo, con cama king size, baño completo, chimenea y un ambiente separado con sala, comedor y terraza. Además, posee una gran colección de arte que se exhibe en los pasillos y en las habitaciones.