Costa da Morte

ACANTILADOS DE VÉRTIGO La Costa de la Muerte transcurre a lo largo del litoral coruñés entre acantilados de vértigo y extensos arenales. Era el lugar elegido por los celtas para adorar al astro rey.

ACANTILADOS DE VÉRTIGO
La Costa de la Muerte transcurre a lo largo del litoral coruñés entre acantilados de vértigo y extensos arenales. Era el lugar elegido por los celtas para adorar al astro rey.

Disfrutar del atardecer en el lugar elegido por los celtas para adorar al astro rey es el punto final, emotivo y emocionante que muchos peregrinos eligen para su particular Camino de Santiago. Para otros es, simplemente, la meta de una aventura que comienza en Malpica de Bergantiños, que recibe siempre a los visitantes con estas palabras: “Villa da vida na Costa da Morte”. Bulliciosa y alegre, protegida de la fiereza del Atlántico por el cabo de San Adrián, es aquí donde comienza la Costa de la Muerte, que transcurre por el litoral coruñés entre acantilados de vértigo, puertos colgados de las faldas de los promontorios y extensos arenales. El mejor marisco del mundo aderezará un viaje que en ocasiones se adentra por imposibles carreteras para revelarnos pueblos como Corme, de estrechas calles; Ponteceso, con su puente sobre el río Anllóns; Laxe, la de la Rúa Real, y Vimianzo, protegida por un castillo. También se sucederán ante nuestros ojos espacios naturales como Traba y el arenal de Trece, con dunas y juncos, en el que hay que disfrutar antes de acceder al cabo Vilán, en el límite norte de la ría de Camariñas.

Escuchar el repiqueteo de las palilleiras ejecutando preciosos encaixes a las puertas de sus casas será una imagen para el recuerdo antes de alcanzar Muxía y visitar el santuario da Virxen da Barca, construido para cristianizar un lugar donde los celtas realizaban cultos paganos. La primera ermita fue levantada en el siglo XII junto a las piedras que se alzan en el lugar en el que, según narra la tradición, la Virgen se apareció al apóstol Santiago para apoyarle en su intento de evangelizar estas tierras. Llegar hasta el faro de Fisterra, en los confines del mundo conocido por los romanos, debe animarnos a conocer otros puntos del litoral gallego, como son las rías más altas. El océano se revuelve ante Estaca de Bares y el cabo Ortegal, y descansa en la apacible villa de Cedeira.