La vall de Boí

CAMPANARIOS Y TORRES VIGÍA Durante los siglos XI y XII las iglesias de este conjunto de valles de la Alta Ribagorza se beneficiaron de la labor artística de sus picapedreros, pintores y artesanos.

CAMPANARIOS Y TORRES VIGÍA
Durante los siglos XI y XII las iglesias de este conjunto de valles de la Alta Ribagorza se beneficiaron de la labor artística de sus picapedreros, pintores y artesanos.

Conviene situarse bien en el mapa antes de iniciar una ruta por tierras de Lleida que nos permitirá descubrir los secretos y las claves del románico catalán. Ese hacia el que viajamos es, en realidad, un conjunto de valles y sierras de la zona nororiental de la Alta Ribagorza, comarca pirenaica vertebrada por el río Noguera Ribagorzana y su afluente Noguera de Tor. Durante los siglos XI y XII, los pueblos que forman parte de la vall de Boí vivieron una importante actividad artística gracias a la presencia de picapedreros, pintores y artesanos, que se dedicaron a construir, decorar y amueblar una serie de iglesias que, a pesar de estar proyectadas bajo la influencia del románico lombardo, tienen su propia personalidad. Son edificios de una o tres naves, levantados con pequeños sillares de granito y cubiertos con estructuras de madera o bóvedas de cañón en los que los esbeltos campanarios, de planta cuadrada, actuaban como torres vigías.

El primer pueblo que hay que visitar es Coll, cuya iglesia de la Assumpciò destaca por su portada, la más trabajada del valle, con un crismón en bajorrelieve adornado con animales y hombres. La de Santa María de Cardet, nuestra siguiente parada, llama la atención, sin embargo, por su ábside, con un pequeño rostro labrado en piedra que tendremos que encontrar. La iglesia de Sant Feliu, en Barruera; la de la Nativitat y la ermita de Sant Quirce, en Durro, y la de Santa Eulàlia, en Erill-la-Vall, son visitas obligadas antes de llegar a Boí, donde se alza un templo en honor a Sant Joan, en el que se encontraron excepcionales pinturas murales que hoy se conservan en el Museu Nacional d’Art de Catalunya. El museo también guarda con celo el famoso Pantócrator de la iglesia de Sant Climent de Taüll, prototipo de iglesia románica de planta basilical. En Taüll también hay que ver la iglesia de Santa Marí, y descansar en el cercano balneario de Caldes de Boí.