Las Ramblas

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A lo largo de sus 1,2 kilómetros de extensión hay quioscos de prensa, flores y aves, estatuas vivientes, restaurantes, un mosaico de Joan Miró, palacios como el de la Virreina, un mercado y un templo de la ópera. Pero, sobre todo, hay vida, mucha vida, animación, bullicio a todas horas, habituales y turistas que creen que si no transitan por ella no podrán decir que conocen Barcelona. Bienvenidos a La Rambla, que es, en realidad, una sucesión de ramblas: Canaletes, Estudis, Sant Josep, Caputxins y Santa Mónica. Un paseo peatonal que comienza en la plaça de Catalunya, centro neurálgico de la ciudad, y concluye en el Port Vell, presidido por la estatua de Cristóbal Colón, desde donde comienza, a su vez, una amplia pasarela, la Rambla de Mar, que conduce hasta la zona del Maremàgnum, un gran centro comercial a orillas del Mediterráneo. A diferencia de otras grandes urbes, Barcelona eligió estructurar su trazado urbano de manera que el corazón de la ciudad fuera principalmente peatonal y las grandes calles conectasen a dicho sector con la periferia. Antiguamente, en la actual Rambla pasaba la riera d’en Malla, que desembocaba en algún punto entre la actual plaça del Duc de Medinacelli y la plaça de la Mercè.