Mezquita de Córdoba

UN BOSQUE DE COLUMNAS Un bosque de columnas –quedan 856 de las 1.013 originales– soportan su cubierta, apoyada en arcos dobles de herradura y de medio punto en su mayoría.

UN BOSQUE DE COLUMNAS
Un bosque de columnas –quedan 856 de las 1.013 originales– soportan su cubierta, apoyada en arcos dobles de herradura y de medio punto en su mayoría.

A orillas del Guadalquivir y a los pies de Sierra Morena, Córdoba fue el gran centro de la sabiduría del Occidente musulmán. Junto a la de Damasco, su mezquita se convirtió en la más importante del mundo islámico y hoy pasa por ser la gran joya del arte arábigo andaluz. Su silueta domina el centro histórico de la antigua ciudad califal. Todo un sueño que comenzó a ser realidad gracias a Abderramán I, que compró el terreno por unos 100.000 dinares y dirigió su construcción entre los años 780 y 785, si bien sucesivos emires y califas hasta Almanzor fueron realizando diferentes ampliaciones. La mezquita de Córdoba no mira hacia el este, hacia la Meca, como debiera, sino hacia el sur. Varias son las puertas que permiten el acceso al patio de los Naranjos. La más importante es la del Perdón, del siglo XIV, de estilo mudéjar. Una vez en él, la puerta de las Palmas da acceso al interior, con un gran bosque de columnas -quedan 856 de las 1.013 originales- que soportan la cubierta, apoyada en arcos dobles de herradura y de medio punto en su mayoría. En el muro sur (qibla) es donde se encuentra el mihrab, la capilla a la que se orientaban los fieles durante sus rezos. Es la zona más suntuosa de todo el conjunto, con arcos trilobulados y mosaicos de oro en sus paredes.