Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

EL SUEÑO DE UN REY  El monasterio es también palacio, iglesia, biblioteca y panteón real, en el que se encuentran enterrados prácticamente todos los reyes de España desde Carlos I.

EL SUEÑO DE UN REY
El monasterio es también palacio, iglesia, biblioteca y panteón real, en el que se encuentran enterrados prácticamente todos los reyes de España desde Carlos I.

Y duró más que las obras de El Escorial”. Solo cuando se está justo a las puertas del monumental monasterio madrileño, que también es palacio, iglesia, panteón y biblioteca, es posible entender y comprender esta frase tan recurrente del hablar cotidiano. La primera piedra fue colocada el 23 de abril del año 1563 y la última, el 13 de septiembre de 1584, fecha oficial del final de su construcción, a pesar de no estar concluida aún la Real Basílica. Desde ese mismo día muchos fueron los que vieron en su poderosa silueta la octava maravilla del mundo, por su tamaño y enorme valor simbólico. El arquitecto que diseñó el proyecto, a medida de los sueños de Felipe II, fue Juan Bautista de Toledo, aunque, tras su muerte, sería su ayudante, Juan de Herrera, quien se haría cargo de todo. Su sobrio y severo estilo, llamado herreriano en su honor, influiría en la arquitectura española posterior, que pasó del plateresco renacentista al clasicismo desornamentado.

Ubicado a 40 kilómetros de Madrid, en la sierra de Guadarrama, el Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial merece una visita pausada. La planta del edificio -un rectángulo, con torres en las esquinas rematadas por chapiteles de pizarra y bolas de metal- tiene forma de parrilla invertida para recordar cómo murió San Lorenzo en el siglo III. Al fondo del patio de los Reyes se alza la basílica, bajo cuyo altar Mayor se sitúa el Panteón Real, donde están enterrados prácticamente todos los reyes de España desde Carlos I. El palacio de los Austrias, elegante y austero, y el de los Borbones, más alegre, no logran eclipsar la belleza de la biblioteca, con librerías diseñadas por Herrera. Estancias reales, galerías y jardines completan el conjunto, del que también forma parte la Casita del Príncipe, construida como pabellón de recreo para Carlos IV. La sierra brinda al lugar un entorno natural desde donde alcanzar, por ejemplo, la silla, labrada en la piedra, desde la que Felipe II contemplaba las obras.