Morella

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Cuando el sol calienta, los soportales de la calle Blasco de Alagón se convierten en refugios umbrosos para los curiosos que acuden al mercado de artesanía y productos gastronómicos que despliega Morella en torno a su avenida principal. El Mediterráneo es esquivo con esta localidad de la provincia de Castellón, capital de la comarca de Els Ports, fundidos sus límites con la del Maestrazgo. No. Morella no tiene mar. Por sus callejuelas empinadas y empedradas se respira un aire vetusto, cuantificable nada más cruzar alguno de los accesos de sus murallas, construidas en el siglo XIII, con algo más de 2.500 metros de longitud y catorce torres. En Morella las tradiciones mandan: cada seis años, en agosto, tiene lugar la fiesta del Sexenni, en la que la Virgen de la Vallivana vuelve a salir en procesión tras la promesa realizada por el pueblo en 1673 cuando la patrona hizo desaparecer la peste. La virgen da nombre a la calle que conduce a la iglesia de Santa María, uno de los templos góticos mejor conservados de la Comunidad. Muy cerca se alza el convento de San Francesc, que permite aproximarse, a través de un vertiginoso sendero, al castillo, desde donde se obtiene la mejor panorámica de la villa.
La comarca del Maestrazgo permite descubrir pueblos como Forcall, con una plaza principal de aires renacentistas; Tronchón, para comprar queso, y la gótica Catí, en cuyos alrededores el paisaje se vuelve hostil. Da igual el camino escogido. El terreno se eleva hacia Cinctorres y Castellfort, en la ladera de una abrupta muela, y también rumbo a Ares del Mestre, que hace equilibrios en la pronunciada pendiente de su particular mola, a más de 1.300 metros de altitud. Las vistas desde aquí son impresionantes, como las que se obtienen también desde el santuario de la Mare de Déu dels Àngels, en las inmediaciones de Sant Mateu.