Parque Nacional de Doñana

MIGRACIÓN DE AVES En Doñana se pueden observar más de 300 especies diferentes de aves al año, ya que es lugar de paso y cría para miles de ellas, europeas y africanas.

MIGRACIÓN DE AVES
En Doñana se pueden observar más de 300 especies diferentes de aves al año, ya que es lugar de paso y cría para miles de ellas, europeas y africanas.

Francisco de Goya pintó aquí mismo a la duquesa de Alba vestida de maja, y David Lean encontró entre sus límites perfectos lugares para reproducir el desierto en su filme Lawrence de Arabia. El que es el Parque Nacional más famoso de España se extiende desde la desembocadura del río Guadalquivir, en Sanlúcar de Barrameda, hasta la Torre de la Higuera, junto a Matalascañas. Repartido entre las provincias de Huelva, Cádiz y Sevilla, este enclave marítimo, con sus marismas y alcornocales, pinares, lagunas y dunas, es una reserva faunística que flamencos, garzas reales, grullas y mamíferos en peligro de extinción consideran su hogar. En otros tiempos lo fue de la casa de Medina Sidonia. En recuerdo de la esposa del que fuera séptimo duque, doña Ana de Mendoza y Silva, sobrina de la princesa de Éboli, lleva hoy su nombre.

Debido a su privilegiada situación geográfica entre dos continentes y su proximidad al lugar de encuentro del Atlántico y el Mediterráneo, el estrecho de Gibraltar, en Doñana se pueden observar más de 300 especies diferentes de aves al año, al ser lugar de paso y cría para miles de ellas, europeas y africanas. Pero, además de contemplarlas, prismáticos en mano, muchas otras cosas pueden hacerse en el parque. Por ejemplo, recorrer a caballo, a la hora del atardecer, si es posible, algunas de las playas vírgenes, de arena blanca blanquísima, que se suceden a lo largo de sus más de 50 kilómetros de costa. O, si nos adentramos por Huelva, visitar la aldea de El Rocío, en Almonte, donde tiene lugar cada mes de mayo la romería más célebre del mundo, en honor a la virgen, esa Blanca Paloma que guarda con celo su ermita. Si accedemos a Doñana por Sevilla no hay que dejar de acercarse al Centro de Visitantes de José Antonio Valverde, en torno al cual el paisaje marismeño alcanza su máxima expresión, y también sus zonas más profundas, junto al Lucio del Lobo. Naturaleza en estado puro a lo largo y ancho de casi 300.000 hectáreas que están consideradas también Reserva de la Biosfera.