Peñíscola

BLANCA Y SOLEMNE Casi como una isla, amurallada y con castillo, Peñíscola perteneció primero a la Orden del Temple y después a la de Montesa. Pero su morador más ilustre fue el Papa Luna.

BLANCA Y SOLEMNE
Casi como una isla, amurallada y con castillo, Peñíscola perteneció primero a la Orden del Temple y después a la de Montesa. Pero su morador más ilustre fue el Papa Luna.

Peñíscola, el escenario donde Charlton Heston se metió en la piel del Cid Campeador en la película de Anthony Mann, protagonizada también por Sofía Loren, se alza solemne y blanca sobre una gran mole rocosa, rodeada por todas partes de agua mediterránea menos por un istmo de arena que lo mantiene firme a la tierra. Es casi una isla, amurallada, dominada toda ella por su poderoso castillo, que primero perteneció a la Orden del Temple, responsable de la mayor parte de sus dependencias, y después a la Orden de Montesa. Pero, como a buen seguro todo el mundo sabrá, su morador más ilustre fue Benedicto XIII, más conocido como el Papa Luna, que eligió este lugar y no otro para retirarse y seguir ejerciendo de sumo pontífice a pesar de estar enfrentado con Roma, en pleno Cisma de Occidente.Así, pues, lo primero que hay que hacer en Peñíscola es subir la escalera que conduce a lo más alto de tan singular baluarte, desde cuya terraza se contempla una impresionante panorámica de la ciudad, desparramada a sus pies. Tiene el castillo estancias románicas y góticas, salones de excepcionales condiciones acústicas –donde se celebran conciertos–, mazmorras, habitaciones y una iglesia. Fuera de él habrá que buscar al otro gran protagonista de esta ciudad costera, el llamado bufador, un agujero natural, entre las murallas y las casas, que se comunica con el Mar Mediterráneo, por lo que, cuando hay temporal, las aguas emergen a gran presión de él.