Playa de la Concha

LA BELLA EASO La reina María Cristina, viuda de Alfonso XII, convirtió a San Sebastián en la ciudad de la Corte al elegirla como lugar de vacaciones.

LA BELLA EASO
La reina María Cristina, viuda de Alfonso XII, convirtió a San Sebastián en la ciudad de la Corte al elegirla como lugar de vacaciones.

Resulta imposible hablar de San Sebastián, capital de Guipúzcoa, y no imaginar su playa de la Concha, que si se llama así es, precisamente, por su forma en arco, redondeada y hermosa en la bahía cantábrica del mismo nombre, donde comparte espacio con la playa de Ondarreta. Situada en pleno centro de la ciudad, al oeste de la desembocadura del río Urumea, el arenal más deseado del País Vasco tiene una longitud de 1.350 metros y ofrece unas vistas incomparables, flanqueada como está por los montes Urgull e Igueldo, con la isla de Santa Clara al fondo. En verano es un lugar concurrido para el baño, aunque siempre hay quien prefiere admirarla desde el paseo marítimo que la bordea, adornado por una barandilla, diseñada por Juan Rafael Alday, instalada a principios del siglo XX.

En el paseo de La Concha se encuentran los elementos arquitectónicos y ornamentales más destacados de la bahía, como son las farolas situadas al comienzo de la rampa de bajada a la playa, dos grandes relojes y los edificios del balneario de La Perla y la antigua Real Casa de Baños. Fue la reina María Cristina, viuda de Alfonso XII, la que hizo de la ciudad centro de veraneo de toda su Corte. Tan ilustre personaje atrajo a otros notables de la época, que encontraban en el simple acto de tomar baños de mar un placer muy refinado que unía los efectos terapéuticos a la relajación y el bienestar. Por tal motivo San Sebastián comenzó a ser considerada una ciudad cosmopolita, con un estilo arquitectónico Belle Époque, tal y como se observa en el Teatro Victoria Eugenia, el Hotel María Cristina o el Palacio de Miramar, construido para que se alojara en él la regente. Por el Casino, inaugurado en 1887, se dejaron ver personajes de toda condición, como Mata Hari, Trotsky y Maurice Ravel. El Peine del Viento, escultura realizada por Eduardo Chillida, pone el punto y final al paseo marítimo.