Prerrománico asturiano

prerromanico

El prerrománico asturiano, que se desarrolló entre los siglos VIII y X, tiene su primer gran ejemplo en la Cámara Santa de la catedral gótico flamígera de Oviedo, construida en el siglo IX a instancias de Alfonso II. La cámara sirve para guardar grandes tesoros: la Caja de las Ágatas, el Arca Santa -con reliquias de la Pasión- y dos cruces. Una de ella es la de los Ángeles, ofrecida por Alfonso II en el año 808, de madera de cedro y cubierta de oro fino. La otra es la de la Victoria, que enarbolara Pelayo durante la batalla de Covadonga. Es de madera de roble y está revestida de oro, esmalte y piedras preciosas.

También de la época de Alfonso II es la iglesia de San Julián de Prados, en la que llaman la atención sus pinturas murales. En la otra punta de Oviedo, a tres kilómetros del centro, en las faldas del monte Naranco, aguardan las dos obras esenciales del prerrománico asturiano, erigidas bajo el reinado de Ramiro I. La primera es Santa María del Naranco, construida en el año 848. Aunque de la misma época, la esbelta San Miguel de Lillo, unos metros más allá, fue reconstruida en el siglo XIV, de ahí la superposición de estilos. En ella destaca, sobre todo, el diseño de sus celosías. No podemos marcharnos de la ciudad sin admirar la fuente de Foncalada para después salir a buscar la última joya del ramirense: Santa Cristina de Lena, a 30 kilómetros, con planta de cruz griega. La iglesia de Santo Adriano en Tuñón, la de San Juan de Santianes en Pravia y la de San Salvador de Valdediós en Villaviciosa son también buenos ejemplos del prerrománico asturiano.