Real Cartuja de Valldemossa

cartuja

Fue en 1838 cuando la pareja de románticos que formaban Chopin, virtuoso pianista polaco, y su amante francesa, Amandine Aurore Lucile Dupin, más conocida como George Sand, decidió pasar el invierno en Valldemossa para beneficiarse de las bondades del clima mediterráneo. Durante aquella estancia, él, afectado de tuberculosis, compuso algunos preludios, y ella, Un hiver à Majorque, un cuaderno de viajes autobiográfico en el que criticaba los usos y costumbres de los habitantes de la isla. A pesar de ese detalle, su presencia en esta localidad, situada en la zona occidental de Mallorca, sigue siendo recordada. A ello contribuye la silueta del edificio que los acogió, una cartuja mandada construir como palacio por el rey Jaime ll a principios del siglo XVI para que su hijo Sancho encontrara alivio a su asma. Para ello eligió el mismo lugar que ocupó en sus tiempos el alcázar de una alquería llamada Mussa, de la que deriva la denominación actual.

Acabada la dinastía mallorquina, el palacio cayó en desuso, por lo que en 1399 el rey Martín I de Aragón decidió cederlo a unos monjes para convertirlo en cartuja. Así, la plaza de armas pasó a ser claustro y cementerio, los salones se convirtieron en celdas, la prisión en refectorio, la despensa en sacristía y la cocina en iglesia. Durante los siglos XVI y XVll se abrieron seis capillas en torno al claustro, y en el XVIII se llevó a cabo una gran ampliación. En 1835, tras la desamortización de Mendizábal, los cartujos abandonaron el que había sido su hogar, que pasó a manos privadas, de ahí que acogiera a huéspedes como Rubén Darío, Miguel de Unamuno, Eugeni d’Ors… Visitar la cartuja es una excusa para conocer también la Serra de Tramuntana. Declarada Patrimonio de la Humanidad, se extiende desde el cap de Formentor hasta el de Sa Mola y abriga pueblos de gran belleza (Sóller, Deià) y otros lugares básicos como Puig Major, el punto más elevado del archipiélago balear.