Roncesvalles

UN LEGADO DE GENEROSIDAD El Hospital de Peregrinos del segundo punto principal del Camino de Santiago fue fundado por el obispo de Pamplona en 1132 y daba cobijo y sustento durante tres días.

UN LEGADO DE GENEROSIDAD
El Hospital de Peregrinos del segundo punto principal del Camino de Santiago fue fundado por el obispo de Pamplona en 1132 y daba cobijo y sustento durante tres días.

Aunque los datos de población de 2012 confirmen que solo 24 personas tienen su residencia habitual en Roncesvalles, lo cierto es que a lo largo del año muchos visitantes hacen parada aquí. Estamos en el que es considerado el segundo punto principal del Camino de Santiago, detrás de la catedral compostelana, debido a la fuerza histórica y simbólica de su legado. “La puerta se abre a todos, enfermos y sanos. Así a los católicos como a los paganos, a judíos, herejes, ociosos y vanos”. En estos términos era alabada en el siglo XIII la hospitalidad de Roncesvalles. En su Hospital de Peregrinos, fundado por el obispo de Pamplona Sancho Larrosa en 1132, aguardaban a los caminantes cama y sustento durante tres días, lo justo y necesario para recuperar fuerzas en un trayecto agotador. La capilla gótica localizada junto al Silo de Carlomagno es el único edificio que rememora el culto a Santiago, con una campana procedente de la antigua capilla de Ibañeta, que servía de guía para los fieles que ascendían la cara norte del Pirineo. Pero, sin duda, su principal edificio es la Real Colegiata de Santa María, de estilo gótico rural francés, levantada a principios del siglo XIII sobre los restos de una iglesia románica, en cuyo interior se venera la imagen de la Virgen de Roncesvalles, del siglo XIV, chapada en plata. El claustro, reconstruido en el siglo XVII, da paso a la sala capitular, en cuyo centro aparece la tumba del rey Sancho El Fuerte, fundador del templo. Una vidriera narra la gesta del monarca en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), en la que, con sus mazas, rompió las cadenas de la tienda de Miramamolín, califa de la dinastía almohade al frente del ejército musulmán, a quien arrebató una esmeralda. Esa joya se puede ver en el Museo de Roncesvalles junto a otras piezas de gran valor, como el ajedrez de Carlomagno de mediados del siglo XIV. Un crucero se alza a la salida del pueblo para orientar y bendecir al peregrino.