San Cristóbal de la Laguna

MAGNÍFICO CONJUNTO MONUMENTAL La Catedral, con bellos retablos, es el edificio más destacado, junto con el Palacio Episcopal, el Palacio de Nava, las Casas Consistoriales y el convento de Santa Catalina.

MAGNÍFICO CONJUNTO MONUMENTAL
La Catedral, con bellos retablos, es el edificio más destacado, junto con el Palacio Episcopal, el Palacio de Nava, las Casas Consistoriales y el convento de Santa Catalina.

Apenas 10 kilómetros separan Santa Cruz de Tenerife de San Cristóbal de la Laguna, famosa por tapizar el suelo de sus calles con alfombras de flores durante las celebraciones del Corpus Christi. En 1999, la ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por ser ejemplo único de urbe colonial no amurallada y conservar intacto su trazado original, de finales del siglo XV, cuando fue fundada por el adelantado Alonso Fernández de Lugo a la vera de la antigua laguna de Aguere. Por estar situada en el interior de la isla y, por tanto, libre de los saqueos de los piratas, fue proclamada capital del Cabildo, motivo por el que, en centurias posteriores, hasta ella fueron llegando nobles y aristócratas de la época. Un rancio abolengo que se siente en cada rincón, en los patios de sus casonas y palacios, y en sus numerosas iglesias.

Quizás por todo esto, lo primero que hay que hacer es visitar el Museo de Historia que encuentra acomodo en la Casa Lercaro, construida en el siglo XVI por una familia de comerciantes genoveses, uno de cuyos miembros -su espectro, se entiende- se pasea aún por su antigua morada… La Catedral, con interesantes retablos, es el edificio más destacado, junto con el Palacio Episcopal, el Palacio de Nava, las Casas Consistoriales y el convento de Santa Catalina, donde vivió una monja santa conocida como La Siervita, cuyo cuerpo incorrupto descansa en un sepulcro mandado construir por un pirata arrepentido, Amaro Pargo. Desde La Laguna resulta fácil acceder al Parque Rural de Anaga, una de las zonas más agrestes de Tenerife. Pasado el monte Las Mercedes, en el Mirador de Jardina, un balcón sobre la vega lagunera sobresale entre brezales. Las vistas también son espectaculares desde el Mirador del Pico del Inglés y el Mirador de El Bailadero. De aquí parte una carretera hasta el Roque de las Bodegas, donde se puede degustar el mejor pulpo guisado del mundo.