Santuario de Loyola

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Cambiar el ideal del peregrino solitario por el de trabajar en bien de las almas, con compañeros que quisiesen seguirle en su camino”. Éste fue el lema que inspiró a San Ignacio de Loyola, cuya biografía conviene repasar antes de adentrarse en el complejo monumental construido alrededor de su casa natal, en el barrio de Loiola, del municipio guipuzcoano de Azpeitia. Nacido como Íñigo, último vástago de una familia de nobleza menor, fue enviado, con 17 años, a la casa del Contador Mayor de Hacienda de Castilla, en Arévalo (Ávila), para abrirse paso en la Corte. Cuando su mentor cayó en desgracia, pasó a servir al duque de Nájera, participando en diferentes contiendas, en una de las cuales resultó herido. La convalecencia la pasó en su casa, donde se empleó en el estudio de lecturas religiosas que provocaron su cambio radical de vida. Después de viajar a Roma y Jerusalén, fundó, en 1539, la Compañía de Jesús, que en la actualidad es la mayor orden masculina católica del mundo. El Santuario de Loyola, a orillas del río Urola y rodeado de jardines, fue construido en el siglo XVII y está considerado como una de las más singulares construcciones barrocas, obra del arquitecto italiano Carlo Fontana. Concebido como Real Colegio de Loyola, el núcleo del complejo religioso es un colosal edificio de mármol, de enormes medidas, cuyo color se transforma en dorado con la luz de la puesta del sol.