15 razones para viajar a las Azores

El archipiélago destaca por su naturaleza, gastronomía, senderismo, ballenas, atardeceres románticos...

El archipiélago destaca por su naturaleza, gastronomía, senderismo, ballenas, atardeceres románticos...

1. Contemplar las dos lagunas de Sete Cidades, en São Miguel. Son la lagoa Azul y la lagoa Verde, llamadas así porque se formaron, según cuenta una leyenda, con las lágrimas derramadas por dos enamorados: una princesa de ojos azules y un pastor de ojos verdes a los que se prohibió dar rienda suelta a su pasión.

2. Probar el ‘cocido nas caldeiras’ que preparan en Furnas, en la isla de São Miguel, a base de carne y verduras. Las ollas donde se cocinan se introducen todas las mañanas en unos cilindros de hormigón dentro de las fumarolas de los cráteres del entorno.

3. Sentirse como un lobo de mar paseando junto al muro del puerto de Horta, en Faial, donde quienes llegan en barco estampan su firma o dibujan algo para que les proteja en sus próximos viajes y así regresen sanos y salvos a tierra firme.

4. Hacer una parada en el Peter Café Sport, también en Horta, que esconde un museo con una espectacular colección de dientes de cachalote grabados con escenas típicas y propias del archipiélago de las Azores.

5. Disfrutar del atardecer en la Ponta dos Capelhinos, en Faial, con un paisaje de lava, arena y polvo. El faro del lugar le da un aire aún más romántico a la experiencia.

6. Pasear por el casco histórico de Praia de Vitória, en Terceira, con sus calles empedradas y arquitectura tradicional junto a la sierra del Cume. Es imprescindible darse un baño en la playa, el arenal más extenso de todo el archipiélago.

7. Visitar el Museu do Vinho de Biscoitos, también en Terceira, para aprender las formas de elaboración de los famosos vinos de la región. Hay herramientas, barriles y, por supuesto, bodega.

8. Recorrer sin prisas el sureste de la isla Graciosa, ocupado por la Caldeira, un cráter donde se encuentra la Furna do Enxofre, a cuyas cuevas se accede a través de una escalera de caracol que conduce a una bóveda volcánica en la que existe una gran laguna.

9. Caminar por São Jorge, la isla con los mejores senderos de Las Azores. Las renombradas fajãs, surgidas por derrumbes y lenguas de lava, son llanas y se sitúan al nivel del mar, a ambos lados de la isla, formados por sucesivos acantilados. En la costa norte se pueden realizar sorprendentes recorridos a pie, como el que comienza en Serra do Topo y avanza hasta la Fajã do Santo Cristo.

10. Subir a la montaña de Pico. Con 2.351 metros de altitud, es el punto más elevado del volcán del mismo nombre y a su vez la mayor elevación de las Azores. El ascenso puede resultar fatigoso, pero la recompensa es muy grande: contemplar la panorámica sobre el resto de las islas del grupo central (Terceira, São Jorge, Graciosa y Faial).

11. Conocer el verdadero punto más occidental de Europa, que no es otro que el islote de Monchique, cerca de la Faja Grande de la Isla das Flores. Un lugar tranquilo y discreto donde presenciar una puesta de sol alejada del turismo de masas.

12. Realizar compras artesanas y muy variadas según la isla. Podemos regresar a casa con cerámicas de colores, miniaturas realizadas en tallo de hortensias, colgantes elaborados con escamas de pez, piezas de decoración ejecutadas en madera de meollo de higuera y los típicos bordados del archipiélago.

13. Avistar ballenas, porque, no nos engañemos, éste es uno de los principales motivos por el que mucha gente decide organizar su viaje rumbo a las Azores. Numerosas empresas realizan excursiones en barco para ver alguna de las más de 20 especies de diferentes cetáceos que pasan por las islas, entre ellos el delfín Risso, la orca, la ballena jorobada y el cachalote común.

14. Participar en las fiestas del Espíritu Santo que se celebran en todas las islas los domingos, entre los meses de mayo a septiembre, y que conservan un claro sabor medieval. Cada isla aporta a los festejos su toque particular, aunque mantienen en común desfiles y ofrendas.

15. Bucear en la isla do Corvo. Los amantes del submarinismo encontrarán unos fondos increíbles. Para los más tranquilos, otra propuesta: un paseo en barco por la costa. Las embarcaciones que unen Flores y Corvo se mueven mucho cuando el mar está picado. ¡Pura emoción!