São Jorge, un pequeño mundo por descubrir

Sao Jorge

Recorrer São Jorge es un itinerario de descubrimiento por paisajes y poblaciones que se alinean en la costa.

 

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Está justo en el centro del archipiélago y tiene forma de estilete. Así que no resulta muy complicado ubicar en el mapa la isla de São Jorge, famosa por los quesos que se elaboran a partir de la leche de las vacas que pastan a sus anchas casi por cualquier rincón de su geografía. Porque sí, las estadísticas nunca mienten: hay casi tantos ejemplares bovinos como habitantes. Es el mayor orgullo de la isla castaña, a la que se accede siempre a través del Porto das Velas de su capital, Velas, que multiplica su población a principios del mes de julio con la celebración de la Semana Cultural preferida de los jóvenes azoreños. Hay conciertos al aire libre, competiciones deportivas… y mucha actividad en una pequeña ciudad que, durante el resto del año, apenas la tiene.

En sus inmediaciones encontramos, cómo no, un volcán, enmarcado por el Morro Grande y el Morro de Lemos, rodeados de acantilados que adquieren una tonalidad ocre al atardecer. La segunda localidad más importante es Calheta, con un puerto y un museo dedicado a Francisco de Lacerda, compositor y director de varias orquestas europeas.

Hecha la visita cultural se impone una escapada para descubrir la Fajã Grande, la Fajã das Almas o la Fajã dos Vimes –hay que probar su café–, desde cuyo mirador se obtiene la mejor de las panorámicas. Las fajãs son terrenos llanos producidos por lenguas de lava al lado del mar, idóneas para los amantes del senderismo. En la Ribeira Seca destaca el Parque Forestal da Silveira, cruzado por una calzada empedrada, que ha sido acondicionado con caminos y puentes entre helechos, camelios y cedros. La serra do Topo, la Fajã do Ouvidor y el Parque Forestal de Sete Fontes son otros lugares de obligada visita en São Jorge, de la que nos gustan especialmente dos miradores: el del Pico da Velha, desde el que se observa el volcán de Velas, y el de la Fajã João Dias, entre matorrales y barrancos. Una última recomendación: desde la Fajã dos Cubres se puede caminar hasta la Ponta da Caldeira y la Fajã do Santo Cristo. Dos horas de precioso camino al borde del mar, entre acantilados.