Cataluña

El Parador de Artíes está en el Valle de Arán, a siete kilómetros de Baqueira Beret.

El Parador de Artíes está en el Valle de Arán, a siete kilómetros de Baqueira Beret.

Parador de Artíes

Si el Parador de Artíes, en el Valle de Arán –a siete kilómetros de Baqueira Beret, en Lleida–, recibe el nombre de don Gaspar de Portolá, descubridor y primer gobernador de California, es porque su casa familiar forma parte de él. Se trata de una espléndida torre fortificada de planta cuadrada, cuyas obras de construcción terminaron en 1678, tal y como se puede leer en el dintel de la capilla anexa. Ésta alberga además un retablo policromado dedicado a San Antonio y el escudo de armas de los Portolá, concedido por el rey Carlos II, junto al título de noble, a otro Gaspar de la dinastía, armado caballero por Felipe IV.

El retrato de aquel al que honra el Parador preside actualmente uno de los salones del establecimiento y otra de sus más bellas estancias, la Habitación única, ha sido bautizada como Coronel de Dragones, distinción que le fue otorgada a Gaspar de Portolá en el año 1776 en las Américas. A su regreso a España, tras protagonizar importantes hazañas en el Nuevo Mundo, don Gaspar pasaba sus días de descanso en la vivienda de Artíes, en la que ahora se asienta un acogedor parador de montaña, del que a buen seguro habría disfrutado su antiguo propietario.

Parador de Tortosa

Escoltado por las montañas de Beceite, el Castillo de la Zuda, también conocido como el de Sant Joan, domina la desembocadura del río Ebro y, en general, todo el casco antiguo de la ciudad, en la que han confluido, a lo largo de la historia y a la vez, árabes, cristianos y judíos. La impresionante fortaleza, en la parte más alta de Tortosa, en la provincia de Tarragona, fue mandada construir por Abderramán III, en el siglo X, sobre un asentamiento de la época de los romanos, que fueron en realidad quienes crearon las primeras estructuras amuralladas. Más tarde, en el año 1148, sería reconquistado por el conde Ramón Berenguer IV, quien se lo ofreció a los Montcada y también a los templarios como muestra de agradecimiento por la ayuda prestada durante la batalla. En el siglo XIII, la Zuda –palabra que significa “pozo profundo y de gran diámetro”– se transformó en Palacio Real e incluso se convirtió en el preferido del monarca Jaime I, quien desde aquí preparó la reconquista de Morella, Peñíscola y Burriana.

Durante la Edad Media fue sede del Tribunal de Justicia, si bien sus detalles medievales han permanecido demasiado ocultos por las obras realizadas durante los siglos XVII y XVIII, al fortificar los dos cerros adyacentes para formar un dispositivo de defensa. Magnas chimeneas, cuatro ventanas del mejor gótico catalán y un polvorín dieciochesco son algunos de esos elementos que hacen grande este lugar, transformado hoy en Parador, en cuyo exterior se aprecia aún lo que queda de un cementerio musulmán. En él se hallaron restos de gran valor, como un epitafio del siglo X referido a un gobernador y una lápida funeraria con versos del Corán. La decoración interior asimila el predominio de caracteres cristianos y regios, junto a un mobiliario de rango clásico y vigas de madera.