Galicia

El Parador de Baiona domina la orilla sur de la ría de Vigo.

El Parador de Baiona domina la orilla sur de la ría de Vigo.

Parador de Baiona

Rodeado de pinares y de océano por todas partes, el Parador de Baiona, situado en la península de Monterreal, domina la orilla sur de la ría de Vigo y el puerto instalado a sus pies como si de un faro se tratase. La fortaleza data del siglo X, aunque las murallas fueron levantadas en el siglo XIV, en una época en la que el rey Alfonso XI mantuvo desavenencias con su homólogo de Portugal. En el recinto se suceden construcciones actuales con otras antiguas, entre las que destacan las tres torres de vigilancia: la del Reloj –que escondía una campana que se hacía sonar en caso de ataque–, la de la Tenaza –que defendía el puerto con unas baterías de tiro– y la del Príncipe, la más antigua, que fue llamada así porque en ella estuvo preso el príncipe luso Afonso Henriques en el año 1137.

Unos años después, en 1497, los Reyes Católicos ordenaron a la población que pasase a vivir en el área amurallada, pero los vecinos solo aceptaron los designios reales durante un breve periodo de tiempo. Después, la fortaleza se convirtió en residencia de quienes la fueron gobernando, entre ellos el conde de Gondomar, a quien recuerda en su nombre el Parador, construido en los años 60 al estilo de una hacienda gallega.

Parador de Monforte de Lemos

Bañada por el río Cabe, afluente del Sil, Monforte de Lemos (Lugo) da nombre a la comarca en la que se encuentra, Terra de Lemos, que en lenguaje celta significa “tierra húmeda, fértil”. En la época medieval fue un singular ejemplo de ciudad-fortaleza, con un castillo en el que destaca la Torre del Homenaje, desde la que se obtiene una estupenda panorámica del valle gracias a sus 30 metros de altura. Del perímetro de la muralla (siglos XIII al XV) aún se conservan amplios tramos, varias torres y tres puertas de acceso a la villa, conocidas como la Alcazaba, Nueva y de la Cárcel Vieja. El principal monumento en Monforte es el Monasterio benedictino de San Vicente do Pino, del siglo XVII, que, junto a la torre y el palacio de los Condes de Lemos, forma el conjunto monumental en el que encuentra acomodo el Parador, en la parte alta de la villa.

El origen del monasterio data del siglo IX, aunque el edificio que hoy podemos ver se levantó en el siglo XVII en un estilo neoclásico. En el interior todo gira en torno a un claustro porticado, también neoclásico, de cantería muy bien labrada. La iglesia que cohabita con el Parador evidencia la transición del gótico al renacimiento, y su fachada es renacentista. Posee planta de cruz latina, rematada por tres capillas rectangulares y cubierta de bóvedas estrelladas. En el interior brilla con luz propia en el altar mayor una pintura del martirio de San Vicente. El palacio de los Condes de Lemos es una sólida construcción de piedra, básicamente del siglo XVIII, pues fue rehecha tras un incendio en el que se perdieron cuadros de Tiziano, Rafael y El Greco. El portal de acceso es, sin embargo, del siglo XVI, con dos blasones de mármol blanco.

Parador de Pontevedra

Un palacio renacentista levantado en el siglo XVI en pleno centro de la ciudad sirve para acoger al que fuera el primero de los Paradores abiertos en Galicia, en el año 1955. En el mismo emplazamiento que en sus tiempos fuera utilizado como asentamiento por los romanos, el palacio sobrevivió dos siglos hasta que se convirtió en propiedad del conde de Maceda, responsable de la construcción de la torre y de unas logias con columnas de granito de una clara influencia italiana. Tras pasar posteriormente a manos del marqués de Figueroa y de la Atalaya, el palacio fue cayendo en el olvido y se convirtió en un almacén de sal marina, una escuela para niños e incluso hay quien sostiene que también funcionó como logia de la poderosa masonería de Pontevedra, ya en el siglo XIX.

Fue Eduardo Vera y Navarro, barón de Casa Goda, el encargado de devolver el orden al lugar y buena parte de ese esplendor del que hoy goza este pazo, “hermoso y grave”, tal y como lo describiera Pedrayo, escritor y patriarca de las letras gallegas. Al hoy Parador se accede por un pórtico neoclásico que nos sitúa justo delante de la fachada, con escudos nobiliarios. De su interior destaca una elegante escalinata de piedra labrada.

Parador de Vilalba

Un impresionante torreón que representa a la perfección a la Galicia medieval domina el paisaje de la villa lucense, capital de la Terra Chá, cuyo origen nace en torno a esta fortaleza. Atención a esta fecha: 1480. Es la que se puede leer en una de las piedras, que seguramente se corresponda con el año en que Diego de Andrade decidió levantar la Torre del Homenaje que ha llegado hasta nuestros días, en el mismo sitio donde antes existieron dos castillos. Y es que este lugar siempre fue un estratégico nudo de comunicaciones, como bien intuyeron los romanos.

La estructura de la torre, en la que aún se puede ver algún jabalí grabado –símbolo de los Andrade–, es hexagonal. Está construida a base de mampostería de granito y pizarra, y también en sillería, pero solo en las esquinas. Cuenta con un balconcillo en una de sus caras, muy al gusto de la poderosa familia que la construyó. A la torre no sólo se puede acceder, sino que también cualquiera se puede alojar en ella. Cuenta con seis habitaciones, que comparten estilo con el salón de los Andrade, con pinturas murales y escudos de armas. El resto de las estancias se distribuyen en un edificio moderno, todo construido en piedra.