Madrid

Hormigón y metas se han combinado con el ladrillo y la piedra originales.

Hormigón y metas se han combinado con el ladrillo y la piedra originales.

Parador de Alcalá de Henares

A 26 kilómetros de Madrid, este Parador ocupa el colegio-convento de dominicos de Santo Tomás (siglo XVII), que forma parte del conjunto monumental de la ciudad complutense, declarada Patrimonio de la Humanidad. Del convento queda todo su esplendor: un inmueble de ladrillo visto sobre zócalo de sillería de piedra. Y eso que desde el XIX tan histórico lugar había sido utilizado como cárcel. En la planta baja se ubicaban entonces los despachos y el comedor de los internos, mientras que la superior acogía los dormitorios.

Tras años de abandono, los arquitectos María José Aranguren y José Ignacio González-Gallegos idearon un sorprendente proyecto de rehabilitación del edificio. Todo el protagonismo recae ahora en el claustro, en torno al que se sitúan el restaurante, la cafetería y su escalera monumental. La huerta ha dado paso a un jardín tallado que se extiende sobre la azotea, y la capilla a un moderno spa. Hormigón y metal, ladrillo y mampostería sabiamente combinados dan forma a un recinto que permite comprender mejor el mundo de claustros y patios tan habitual en Alcalá de Henares.

Parador de Chinchón

Felipe V fue proclamado rey en el año 1706 en la Plaza Mayor de Chinchón, motivo por el cual le otorgó el título de “la muy noble y muy leal” como reconocimiento a su fidelidad a la corona. A 45 kilómetros de Madrid, esta ciudad con encanto siempre ha tenido su peso en la historia. Y el Parador es un buen ejemplo de ello. El edificio en el que se encuentra es el antiguo convento de los Agustinos Calzados, construido en el siglo XVII, si bien la comunidad religiosa había sido fundada dos centurias antes.

Tras la invasión napoleónica los frailes abandonaron este lugar, pero volvieron a él después de que el pueblo de Chinchón jurase aquí mismo la Constitución de 1812. Entonces el convento se convirtió en centro cultural para la enseñanza de las cátedras de Teología y Humanidades, pero la Desamortización de Mendizábal hizo de él sede del juzgado y cárcel. Su ruina llegó tras varios incendios, aunque su posterior transformación en Parador le permitió recuperar su esplendor pasado, de influencia renacentista, tal y como se aprecia en sus ventanales y bóvedas. Alrededor del claustro central, se elevan dos plantas con dos escalinatas, en torno a las que se distribuyen las habitaciones.