Bahía de Ramla (Gozo): De ninfas y otras historias

Las cuevas de la bahía de Ramla evocan el lugar donde Calipso, hija de Atlas, retuvo a Ulises durante siete años.

Las cuevas de la bahía de Ramla evocan el lugar donde Calipso, hija de Atlas, retuvo a Ulises durante siete años.

Si no hubiera muerto de pena tras la marcha de Ulises, seguramente Calipso, la bella ninfa hija de Atlas, estaría en este siglo XXI disfrutando de la compañía de algún héroe enviado por los dioses, uno por milenio según le prometieron, en la misma cueva que ahora se abre ante nosotros. Es muy pequeña y oscura, y la tienda de souvenirs que la precede pone trabas a la imaginación. Según nos cuenta Homero, el protagonista de La Odisea permaneció aquí siete años agasajado por su anfitriona con manjares, bebidas y algo más tras llegar hasta este recóndito lugar víctima de un naufragio. Calipso intentó por todos los medios que olvidara su vida anterior y le ofreció la inmortalidad y la juventud eterna si se quedaba con ella. Pero él se marchó, con ayuda de Atenea, y la fogosa amante quedó sola, llorando amargamente su pérdida. Todo esto ocurrió en la isla de Ogigia, que los estudiosos en la materia identifican con Gozo, la segunda isla más grande del archipiélago maltés. La cueva que dice ser la original no tiene nada de especial, no hay que engañarse. Sus escasos cien metros de profundidad y una diminuta sala apenas nos dan juego para fabular y sentirnos partícipes de aquel episodio de la enigmática mitología griega. Cuando de verdad las emociones se disparan es al asomarse al mirador que hay junto a la gruta, desde donde se contempla en todo su esplendor, de principio a fin, la bahía de Ramla, en uno de cuyos extremos, en lo alto de un acantilado sobre el mar, es donde nos encontramos.

Una villa romana

Situada al norte de Gozo, la bahía de Ramla es también conocida como Ir-Ramla il-Hamra, cuya traducción no puede ser más descriptiva: la playa de las arenas rojizas. No es una exageración. De ese color parece pintada cuando hasta ella nos acercamos después de una caminata de cuarenta minutos desde el pintoresco pueblo de ix-Xaghra, donde resulta imprescindible visitar su curioso molino de viento, del siglo XVIII, y los templos de Ggantija, construidos en el año 3.600 a.C. y declarados Patrimonio de la Humanidad. El camino rumbo a la bahía atraviesa un fértil valle, en el que los agricultores han ido construyendo muros para proteger sus huertos, por lo que, de pronto, todo parece a nuestro alrededor un gigantesco laberinto, o una colcha hecha a retazos si tuviéramos ocasión de contemplar el paisaje desde arriba. Pero la impresión cambia en cuanto pisamos la arena tostada de la que pasa por ser una de las playas más hermosas de Malta, con 500 metros de extensión que apetece recorrer una y otra vez. Pero, ¡cuidado! puede que no estemos solos… Justo debajo de nuestros pies existió en su día una villa romana, descubierta allá por 1912, cuyo plano puede verse en el Museo Arqueológico de Gozo, en Victoria, la capital de la isla. Decorada con ricos mármoles, tenía su propio baño de aguas calientes.

Entre cañones

Pero si los romanos estuvieron aquí, no iban a ser menos los caballeros de la Orden de Malta. Fueron ellos quienes construyeron, en el siglo XVIII, una enorme pared por debajo del nivel del agua, atravesando la bahía, para frenar cualquier intento invasor por parte de los piratas que por entonces surcaban las aguas del Mediterráneo. No contentos con la creación de tan imponente muro, perforaron algunas de las rocas que se encuentran en lo más alto de los acantilados que rodean la playa para su uso como fougasse, algo así como un cañón, tal y como aún se puede intuir en una de ellas. Al caminar por Ramla otra sorpresa nos aguarda. Sobre la arena roja, nos ciega, a la luz del sol, un destello en blanco. No es un faro, aunque lo parece. Es una estatua de la Virgen María con el Niño Jesús en brazos, levantada aquí mismo en el año 1881 para conmemorar un naufragio.

Con bandera azul

Con su paisaje escarpado y su espectacular costa, Gozo, más verde, más rural y más pequeña que Malta, es uno de los mejores lugares del Mediterráneo para la práctica del submarinismo. Aunque en la bahía de Ramla lo mejor es decantarse por el esnórquel, si no sopla fuerte el viento. Porque cuando así ocurre, los más jóvenes invaden con sus tablas el arenal para practicar surf, desafiando a las olas y a las rocas. Esta playa fue la primera de la isla de Gozo que consiguió obtener la bandera azul, gracias no sólo a la calidad de sus aguas sino también a las instalaciones con que cuenta: bares, zona de alquiler de tumbonas y sombrillas, servicio de socorristas…

Espacio natural protegido

Pero que nadie se lleve una falsa imagen. Esto no es un lugar de masas. Más bien todo lo contrario, ya que es un espacio natural protegido debido a su rica flora endémica. Si uno de sus extremos está vigilado por la colina donde se alza ix-Xaghra, el otro queda al resguardo de otra suave ondulación del terreno, donde se emplaza una localidad que no hay que perderse, In-Nadur, una aldea tradicional presidida por una iglesia barroca dedicada a San Pedro y San Pablo. El pueblo cuenta con un Museo Marítimo, que muestra reliquias navales y objetos de los tiempos de la Orden de Malta, y otras dos playas muy agradables en sus inmediaciones, la de San Blas y la de Dahlet Qorrot, esta última la preferida de los pescadores, separadas ambas por la Torre Ta’Sopu, del siglo XVII, desde la que mirar, una vez más, el Mediterráneo.

Hoteles: Al calor de un vino

Doce kilómetros separan la bahía de Ramla de la localidad de San Lawrenz, donde abre sus puertas el Kempinski Hotel San Lawrenz (www.kempinski.com), de espíritu cien por cien mediterráneo, tal y como se comienza a intuir ya desde el jardín de la entrada, presidido por esbeltas palmeras. En sus habitaciones, amplias y elegantes, la madera y los colores miel de tejidos, paredes y suelos consiguen crear una atmósfera muy cálida, que se siente también de forma muy especial en sus tres restaurantes, uno de los cuales, el Gazebo, cuenta con una idílica terraza para degustar las que aquí se consideran la ensaladas más aromáticas del mundo. El vino en Gozo forma parte fundamental de la cultura de la isla, de ahí la existencia de una enoteca, La Caverna, en el hotel, en la que es posible degustar caldos locales con buena música de fondo. Inspirada en el cambio de las estaciones, la carta del Spa es de lo más completa, con tratamientos de primavera, verano, otoño e invierno en los que se utilizan extractos de flores, cereales y aceites esenciales. Un hammam completa su oferta.

Más al sur, aunque a escasos diez kilómetros de la bahía, el Hotel Ta’Cenc (www.tacenc.com), en una finca de 150 hectáreas a las afueras de Sannat y no muy lejos de la capital, es un reducto de paz al estar totalmente integrado en la naturaleza que lo envuelve. Está ubicado en el mismo lugar en el que mucho tiempo atrás tuvieron su residencia los caballeros de la Orden de Malta, quienes, sin duda, hubieran disfrutado con las nuevas instalaciones. Entre ellas, un Spa, un fitness center y un restaurante con un patio al que da sombra un algarrobo de más de 350 años.

Situado próximo al puerto de Mgarr, el Grand Hotel (www.grandhotelmalta.com) es uno de los alojamientos más reputados de la isla de Gozo, muy sofisticado, con habitaciones con terraza privada donde siempre apetece brindar con una copa de vino a la puesta de sol.

Quienes prefieran alojarse en las inmediaciones de la bahía de Ramla la mejor opción es el encantador Hotel Cornucopia (www.cornucopiahotel.com), en ix-Xaghra, que además de habitaciones ofrece bungalows con estupendas vistas.