Laguna Azul (Comino): Del material de los sueños

Cuando brilla el sol las aguas de la Laguna Azul parecen un enorme cristal pulido con esmero.

Cuando brilla el sol las aguas de la Laguna Azul parecen un enorme cristal pulido con esmero.

Hubo un tiempo, entre los siglos XVI y XVII, en que los caballeros que habían cometido algún crimen menor eran condenados a trabajar como centinelas en la Torre de Santa María. Un oficio peligroso, porque, a pesar de las reducidas dimensiones de la isla, su accidentada costa solía ser utilizada como escondite por piratas y contrabandistas que buscaban refugio discreto para, desde él, atacar Malta y Gozo. Es, precisamente, de los puertos de estas dos islas mayores del archipiélago maltés –Cirkewwa y Mgarr– de donde salen los barcos y lanchas rápidas que cada día llegan hasta Comino, cuyo nombre no puede ser más revelador. Sí, aquí abunda esta planta herbácea, con pequeñas flores blancas y rosas, que da un fruto de intenso aroma y sabor amargo. Pero hasta aquí no se desplaza nadie solo a buscar especias. Todos los viajeros que vienen lo hacen convencidos de que se van a encontrar con las aguas más azules de Europa. Para intentarlo hay que madrugar, pues solo los que acceden primero a la isla tienen el privilegio de gozar tranquilamente de un enclave tan especial, que, como todo en Comino, hace honor a su nombre.

Como en una piscina

Comino, o Kemmuna si se prefiere utilizar el término maltés, es muy pequeña, con poco más de tres kilómetros cuadrados de superficie. Por eso sorprende aún más encontrar esta joya de la naturaleza, que se conserva tal cual, virgen y salvaje, sin construcciones que alteren el paisaje. Situémosla en el mapa. Solo hay que fijar la vista en el extremo noroccidental y buscar una isla aún más pequeña y deshabitada, llamada Cominotto. Pues bien, es entre ella y Comino donde se abre esa laguna de aguas celestiales y transparentes, que cuando brilla el sol parece un enorme cristal. Las formaciones rocosas que rodean la playa proporcionan un encanto rústico, como de lugar perdido, a todo el entorno, con unas cuantas duchas, algún bar y poco más para que nada rompa la magia, algo que solo ocurre cuando demasiadas sombrillas se instalan entre las rocas. En verano el termómetro puede dispararse hacia arriba, así que no está nada mal pensar en llevar siempre un buen protector solar a mano. Malta no tiene arroyos ni lagos permanentes, solo los que esporádicamente se forman con la lluvia. Por eso, la Laguna Azul, una piscina natural, resulta un paraje único y diferente. Ni siquiera aquí las olas, inexistentes, se atreven a romper en la orilla.

Escenario de películas

La mayor parte de la gente que pone por primera vez un pie sobre la arena dorada de la Laguna Azul tiene la sensación de haber estado aquí antes. Es fácil de comprender, ya que ha sido escenario de multitud de anuncios, películas y series de televisión, como Helena de Troya, donde se recreó una escena de pesca a la antigua usanza en sus aguas azules. Pescar no está permitido, pero sí bucear y practicar esnórquel. Quienes lo hagan descubrirán tras sus gafas unos fondos marinos de arena blanca y brillante en los que es posible encontrar algún caballito de mar, peces de todos los colores posibles, morenas, bancos de mojarras… Hay más sitios en Comino para hacer submarinismo. Por ejemplo, bajo la Torre de Santa María –el castillo de If en la última versión para la gran pantalla del Conde de Montecristo, con James Caviezel como Edmundo Dantés–, donde se sucede un complicado laberinto de cuevas y túneles.

Fantasmas y cabalistas

Hacer submarinismo es un buen motivo para recorrer el resto de la isla, por la que según cuentan viejas leyendas se pasea de vez en cuando el fantasma de un ermitaño, de nombre Kerrew, que va y viene de Malta cual alma en pena para visitar a Abraham Abulafia, un cabalista español que vivió aquí en el siglo XIII. Si su espectro no aparece por ningún lado habrá que buscarse otro guía, aunque tal vez la propia intuición sirva para recorrer los senderos que pueblan el interior, donde no hay carreteras ni coches, y solo tres construcciones destacan en el horizonte: la citada torre, construida a instancias de los Caballeros Hospitalarios, una capilla erigida sobre la bahía de Santa María y el que pasa por ser el único hotel de la isla. En los tiempos en los que todo lo dominaba la Orden de Malta, Comino era un privilegiado coto de caza y recreo. Los caballeros fueron firmes protectores de la fauna local, liebres y jabalíes básicamente. Los furtivos capturados recibían penas de hasta tres años como esclavos en las galeras.

Hoteles: Un hotel único

Solo uno. No, no hay más hoteles en la diminuta isla maltesa, la más pequeña de las tres que conforman el archipiélago. Situado en la bahía de San Nicolás, el Hotel Comino (ww.cominohotel.com) es pues el único alojamiento posible para todos aquellos que decidan pasar algo más que unas horas descubriendo el entorno. Aun así, existen dos alternativas: dormir en una de las habitaciones del edificio principal o hacerlo en alguno de los bungalós que el mismo establecimiento posee en la bahía de Santa María, más cerca de la Laguna Azul. Son en total 46 casitas con terraza privada y vistas al mar, a tan solo diez minutos a pie del resto del complejo. Es aquí donde se sitúan los tres restaurantes –Blue Lagoon, Rotunda y The Terrace–, en los que el pescado reina en la carta. Lo más interesante del hotel es la cantidad de actividades que propone para sus huéspedes. Para empezar, una visita a la Torre de Santa María, cuya terraza es el mejor lugar para esperar la caída del sol. Y para redondear la estancia, clases de submarinismo, rutas a pie, paseos en bicicleta de montaña y hasta partidos de petanca. La isla representa un centro realmente único para la observación de aves, de ahí que también organicen recorridos ornitológicos.

Teniendo en cuenta que las distancias por mar resultan cortas y que hasta Comino llegan quienes suelen estar de vacaciones en la isla mayor del archipiélago, Malta, un hotel imprescindible es el Hilton Malta (www.hiltonmaltahotel.com), en St. Julian’s, a cinco minutos de La Valeta, la capital del país. Sus habitaciones, clásicas y elegantes, se asoman en su mayoría a la marina de Portomaso. Cuenta con su propio casino, pistas de tenis, un beach club de lo más animado y un spa, el Myoka, en el que se pueden demandar sofisticados tratamientos a base de algas, aceites esenciales y sal mediterránea.

En la misma localidad, The Westin Dragonara Resort (www.westinmalta.com), ofrece amplias habitaciones blancas y momentos de sabor irrepetibles en sus diferentes restaurantes de gastronomía local. Aunque el lugar más frecuentado por los huéspedes es el Bedouin Bar, al aire libre, que dispone de una zona chill out perfecta para pasar las agradables noches de verano.