Amazonas [Brasil, Colombia y Perú]: La selva superlativa

El Amazonas es el río más caudaloso y el más largo, con además el bosque tropical más extenso.

El Amazonas sólo admite superlativos: el río más caudaloso, el más largo —sí, más que el Nilo—, la cuenca hidrográfica más grande, donde bulle el bosque tropical más extenso. Cualquier cifra que se dé sobre la Amazonia abruma: siete millones de kilómetros cuadrados de jungla por donde circulan ríos caudalosos y riachuelos serpenteantes que permiten suponer que hay 60.000 u 80.000 kilómetros de vías navegables. El número de especies de plantas, de aves o de insectos parece incalculable, entre otras razones porque muchas permanecen desconocidas. Porque la Amazonia, el mundo que rodea al río-mar de América del Sur, es un territorio de múltiples facetas, todas cambiantes, y todas muy diferentes entre sí. Una de ellas es la de la mayor reserva de vida del mundo, un espacio casi infinito en donde es posible partir en busca de algunas de las maravillas naturales de nuestro planeta. Siempre queda la tentación de recorrer el Amazonas de un extremo a otro, aunque ésta es una aventura reservada a unos pocos. Se puede utilizar el pretexto de que el Amazonas es una autopista —barcos de gran calado pueden navegar miles de kilómetros tierra adentro desde su desembocadura hasta Iquitos, ya en Perú— y que la naturaleza primigenia ha desaparecido de sus orillas. También, que el río es tan ancho que apenas pueden distinguirse las riberas si se navega por el centro de la corriente. Todo esto es cierto, pero hay maravillas de la naturaleza que sólo se pueden ver en el mismo Amazonas. Como la desembocadura en el Atlántico. Es tal la cantidad de agua que vierte al océano que hay una gran extensión en la que el agua es dulce. Los primeros exploradores que recorrieron la zona ya notaron que allí podía beberse el agua del mar.

Un fenómeno fluvial insólito

En cambio, hay ocasiones en que las mareas penetran por las bocas del Amazonas y generan un efecto inusual que se aprecia muchos kilómetros río arriba. Es muy frecuente que, cuando confluyen dos ríos en la Amazonia, éstos tengan diferente densidad y color al llevar distintas sustancias en disolución. Por ello es posible que no se mezclen inmediatamente sino que discurran en paralelo durante un largo trecho. Además de la mera anchura del río, un espectáculo inigualable en sí mismo, el Amazonas ofrece continuamente este fenómeno a lo largo de su curso. Y en ningún lugar es más espectacular que en las cercanías de Manaos, donde se junta el Amazonas –que viene desde el oeste con sus aguas pardas cargadas de limo– con el Negro –que lo hace desde el norte y sus aguas son limpias pero oscuras por los taninos que llevan en disolución–. El resultado es que durante 80 kilómetros las aguas de ambos corren sin mezclarse.

Varios países, una Amazonia

En cualquier caso, si lo que se busca en la Amazonia son los bosques primigenios con fauna abundante y árboles intactos, es evidente que hay que abandonar la corriente principal y buscar entre sus tributarios más pequeños. En Brasil hay varios enclaves protegidos con la categoría de parque nacional, como los de Jaû, Pico da Neblina, Serra do Divisor, Pacás Novos o Amazônia. La mayoría de ellos son lugares remotos de difícil acceso y sin infraestructuras.

Más sencillo es llegar a la cuenca alta de la Amazonia en otros países como Ecuador, Perú, Colombia o Bolivia. En Perú se encuentra el Parque Nacional Manú, tan magnífico como remoto, pero actualmente es mejor adentrarse en la naturaleza intacta de la Amazonia en las reservas nacionales Tambopata (con acceso desde Puerto Maldonado) o Pacaya-Samiria (desde Iquitos). Desde Puerto Maldonado se navega por el río Madre de Dios hasta el lodge elegido, desde donde se inician los recorridos para conocer la selva. Una opción singular muy atractiva es la que se ofrece desde Iquitos o la cercana Nauta: los cruceros fluviales. Hay barcos de lujo que navegan por el Ucayali, el Marañón y otros afluentes menores, en busca de las ocasiones ideales para disfrutar del contacto con la naturaleza.

Adentrarse en la selva

En cualquiera de estas opciones siempre hay tiempo para hacer incursiones en la frondosa selva tropical. Se camina por senderos al pie de árboles gigantescos o, en ocasiones, se recorren puentes y pasarelas que pasan por el dosel del bosque. Se navega en canoas por los estrechos canales que se forman entre islotes, deteniéndose para observar animales o para realizar el rito de pescar pirañas. Por la noche se parte en busca de caimanes. Para ello hay que embarcarse en una lancha y avanzar lentamente. Tan solo hay que llevar una potente linterna y dejar que el haz de luz barra las orillas del riachuelo o canal por el que se navega para empezar a ver cómo hay objetos que brillan en la oscuridad. Son los ojos de los caimanes.

En cualquier rincón de la Amazonia es posible sentir la aventura de adentrarse en la naturaleza y descubrir sus tesoros. El más preciado, evidentemente, es la enorme variedad endémica de este bosque inmenso. También la sabiduría ancestral de sus habitantes tradicionales. Un conocimiento que todavía no ha sido completamente desvelado y que es uno de los grandes tesoros de la humanidad.

Hoteles: Palafitos y cruceros

En Brasil, el destino más demandado por su facilidad de acceso a la Amazonia es Manaos. Allí, apartado del centro, se encuentra el Hotel Tropical (www.tropicalmanaus.com.br), un eco-lodge de gran tamaño, a orillas del río Negro, que dispone de una playa privada. El hotel ofrece ocho tipos de habitaciones y suites. A poca distancia de Manaos ya es posible sumergirse de lleno en la naturaleza. Para una incursión de pocos días en esta zona, uno de los lugares más conocidos es Ariaú Amazon Towers (www.ariau.tur.br). Situado en Iranduba, a un par de horas de navegación de Manaos, el Ariaú ofrece un concepto original de construcción basado en los palafitos, construcciones sobre pilotes de madera encima del agua. El hotel ofrece paquetes de varios días que incluyen el traslado desde Manaos y las excursiones por la selva, además de pensión completa. Las construcciones se encuentran dispersas entre la vegetación y unidas entre sí por un sistema de pasarelas. Uno de sus atractivos es la posibilidad de observar la fauna dentro del propio hotel. También dispone de una pasarela que permite hacer un recorrido a la altura de las copas de los árboles. Otra opción es el barco hotel Iberostar Grand Amazon, que ofrece cruceros de varios días con distintas rutas y salida y llegada en Manaos (www.iberostar.com). En Perú, cerca de Puerto Maldonado, el Reserva Amazónica Lodge (www.inkaterra.com) es un grupo de 35 cabañas a orillas del río Madre de Dios, que combina servicio esmerado con inmersión en la naturaleza. El lodge se precia de no disponer de energía eléctrica en las habitaciones: no hay aire acondicionado sino un sistema natural de ventilación que mantiene una temperatura adecuada. También dispone, dentro del recinto, de unos puentes colgantes sobre las copas de los árboles. En la zona de Iquitos hay compañías que organizan cruceros fluviales de lujo, como Aqua Expeditions (www.aquaexpeditions.com), International Expeditions (www.ietravel.com) y Green Tracks Amazon Cruises (www.amazontours.net ), con navíos acondicionados para la aventura sin renunciar al confort.