Banff National Park [Canadá]: El protegido de las Rocosas

El Banff es el parque nacional más viejo de Canadá, establecido en las Montañas Rocosas en el año 1885.

En otoño de 1883 tres operarios del Canadian Pacific Railway que trabajaban en la ampliación del trazado del tren que uniría la Columbia Británica con las Cuatro Provincias Atlánticas de Canadá descubrieron por casualidad un manantial de aguas termales en la ladera este de las Montañas Rocosas canadienses –provincia de Alberta–. Dos años después se creaba el Parque Nacional de Banff, bautizado así en honor a la localidad escocesa de Banffshire, cuna del antiguo director de la compañía ferroviaria. Desde ese momento, tanto las autoridades federales como la propia Canadian Pacific Railway no escatimaron esfuerzos para convertir el parque en un destino vacacional y de salud gracias a su balneario, con el fin de obtener ingresos que aliviaran el enorme coste de construcción de la línea férrea.

El Parque Nacional de Banff, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, consta de 6.641 metros cuadrados de valles, circos glaciares, montañas, bosques de coníferas y ríos. Si no se dispone de mucho tiempo, el visitante puede llevarse una buena panorámica desde el teleférico que llega hasta la cima del Monte Sulphur, con vistas de las montañas colindantes, el lago Minnewanka, el Valle de Bow y las pequeñas localidades de Jasper, Lake Louise y Banff. Esta última, con poco más de 8.000 habitantes, es el epicentro de casi toda la actividad humana en el parque. Poco hay que hacer en el pueblo salvo acercarse hasta los Jardines de Cascade y tomar la típica fotografía de la Banff Avenue con el monte Cascade de fondo.

Naturaleza de postal. Los lagos del parque son de un vivo azul turquesa por los sedimentos que arrastran las aguas glaciares. El lago Louise, a los pies de los glaciares Victoria y Lefroy, es, con casi un kilómetro cuadrado de extensión, uno de los parajes más visitados del Parque, aunque no el más extenso, honor que corresponde al lago Minnewanka, un lago glaciar agrandado para la construcción de una central hidroeléctrica. Bajo sus aguas, los restos de Minnewanka Landing, el pequeño pueblo engullido en 1941 para la construcción de la presa que hace las delicias de los submarinistas. También los tres pequeños lagos Vermillion son un excelente observatorio de aves acuáticas y gansos.

Apenas a 4 kilómetros de Banff se llega a los famosos Hoodoos, unos pináculos de roca caliza erosionada por el viento y la lluvia en el Valle Bow. La ruta sigue hasta el Monte Tunnel, un modesto montículo de apenas 1.692 metros llamado Búfalo Dormido por los indios stoney, excavado en su interior para que pasara el ferrocarril.

Alces y osos

Los amantes de las travesías de montaña –a pie, en bicicleta o a caballo– disponen en Banff de 1.500 kilómetros de pistas, 50 zonas de acampada y varios refugios y cabañas. Para el mantenimiento del parque se cobra una entrada que nunca supera los diez dólares. Pese a que existe un pequeño servicio de transporte público, lo más práctico es desplazarse en vehículo privado siguiendo siempre las normas de seguridad en cuanto a respeto por la naturaleza y cautela con animales salvajes, sobre todo con lobos, alces y osos. No dejar comida que pueda atraerlos y llevar bien empaquetada la que se va a consumir, desplazarse en grupos, no actuar de manera amenazante, llevar siempre un spray antiosos y, sobre todo, no salir del vehículo si uno de estos animales invade la carretera son medidas de seguridad elementales para preservar la vida del ecosistema y la del propio visitante.

Posiblemente la ruta de senderismo más sencilla y también la más transitada es Sunshine Meadows, un valle de verde intenso en verano y cubierto casi todo el año por nieve. Situado a 2.200 metros de altitud, está coronado por el monte Assiniboine (3.618 m), el pico más alto de las Rocosas canadienses.

El trekking se permite siempre que no se salga de los senderos. Los meses más recomendables para el senderismo son de mayo a octubre, si bien en las zonas más elevadas la nieve puede no desaparecer del todo hasta el verano. El deshielo y las lluvias de primavera pueden provocar riadas inesperadas, por lo que los excursionistas deben estar prevenidos.

Nieve y aguas termales

En pleno auge de los balnearios, ya desde finales del siglo XIX muchos europeos acaudalados acudían a Banff Upper Hot Springs a tomar las aguas por sus propiedades curativas. Desde entonces, la casa de baños ha sufrido varias remodelaciones y hoy cuenta con modernas instalaciones y restaurante. La piscina exterior abre todo el año y el agua mana a una temperatura constante de entre 37 y 40 °C. El baño en invierno cuenta con una especial recompensa: la vista de las montañas y el propio tejado del edificio cubiertos de nieve.

Los deportes de nieve son otro de los reclamos de Banff. Lake Louise, con sus casi 17 kilómetros cuadrados, es una de las estaciones de esquí más grandes de Canadá. Más modesta, Monte Norquay, a solo cinco minutos de Banff, ofrece el atractivo de subir hasta Cliff House, un restaurante-mirador con excelentes vistas. La abundancia de nieve casi todo el año permite otro de los deportes favoritos de los visitantes: el esquí de travesía.

Hoteles: Cabañas en el bosque

El parque recibe muchos visitantes, tanto por las infinitas posibilidades para practicar actividades en la naturaleza como para la celebración de congresos empresariales. Por eso la oferta hotelera es muy diversa, desde grandes hoteles de lujo hasta acogedoras cabañas de madera. Desde fuera, el hotel Fairmont Banff Springs (www.fairmont.com), popularmente conocido como “el castillo de las Rocosas”, parece un desmedido castillo baronial escocés. Tal enormidad se justifica por la avidez recaudatoria del director general del Canadian Pacific Railway, quien, presto a captar visitantes dispuestos a tomar las aguas del balneario a finales del siglo XIX, exclamó: “Si no podemos exportar el paisaje, tendremos que importar turistas”. Hoy dispone de un Spa con una piscina interior de aguas termales, el Willow Stream Spa.

Su hermano menor, el hotel Fairmont Chateau Lake Louise (www.fairmont.com), presenta también la misma megalomanía arquitectónica, aunque en un estilo más alpino. Construido a orillas del lago Louise, es base de operaciones de esquiadores y montañeros. Consciente de que sus huéspedes son altamente activos, centran sus esfuerzos en la recuperación tras un duro día: Spa, afternoon tea y alta cocina.

En el polo opuesto, la tranquilidad de las cabañas de madera de Shadow Lake Lodge (www.shadowlakelodge.com). Acceder en coche está prohibido por razones medioambientales, así que los vehículos deben aparcarse cerca de la autopista Transcanadiense junto a la señal Red Earth Creek Parking Lot. A partir de ahí, aguardan 14 kilómetros de esquí de travesía en invierno o de pista forestal en verano para recorrer a pie o en bicicleta.

A medio camino entre lo rústico y lo exagerado, el Delta Banff Royal Canadian Lodge (www.deltahotels.com), con sus 99 habitaciones y decorado con sillares vistos de la típica roca negra de Banff, es sin duda un agradable hotel de montaña. Lo mismo le sucede al hotel Banff Inn (www.banffinn.com), situado en la Banff Avenue, a pocos metros de comercios y lugares de ocio.