Lago Titicaca [Bolivia y Perú]: El mar de los Andes

El Titicaca, el lago sagrado de los incas, los chiripas y los pucarás, tiene más de 200 kilómetros de largo.

Algo tiene el Titicaca. Algo que despierta sensaciones irracionales, de misterio; inquietante en ocasiones y, otras, de una relajante placidez. Uno de esos lugares que forman parte de la mítica del viaje. El intenso azul oscuro de su superficie atrae a los viajeros, llegados desde los confines del planeta, al tiempo que los atemoriza. Sobre todo al conocer que en determinadas zonas los fondos se encuentran a más de 280 metros bajo las aguas. También por el hecho de que navegar a casi 4.000 metros de altura es algo que, a buen seguro, debe ir en contra de la naturaleza humana…

Los caballitos de totora

La realidad, como tantas veces ocurre, contradice el sentido común, y lo cierto es que el lago, compartido por Perú y Bolivia, es uno de los principales reclamos turísticos de ambos países. Un lugar de inconfundible estética, cultura y gastronomía andinas, por el que navegan hoy, como hace miles de años, los caballitos de totora, pequeñas embarcaciones confeccionadas con las hojas y tallos de ese junco, muy común en las zonas lacustres y pantanosas de América del Sur. Esa misma planta es la base de otra de las particularidades del lago: las islas artificiales realizadas por los uros, comunidad indígena que hasta mediados del pasado siglo interactuaba con el lago en una prodigiosa armonía. Cuando se desembarca en una de estas islas se tiene una extraña sensación, como de estar caminando sobre un mullido colchón vegetal. Muchos las denominan islas flotantes, aunque la realidad es que están bien asentadas sobre el fondo del lago. Eso sí, las auténticas están del lado peruano, en Bolivia se han construido algunas desde 2007 con fines turísticos. Convendría exponer algunos datos para comprender la importancia y singularidad del Titicaca en este entorno de alta montaña; su longitud máxima es de 204 kilómetros por 65 de anchura, con una superficie de más de 8.500 kilómetros cuadrados, variable en función de las estaciones y los aportes hídricos, que se concentran, sobre todo, durante los meses de enero a marzo. Tiene un perímetro costero de 1.125 kilómetros y el volumen de agua alcanza los 890 kilómetros cúbicos.

Agua que alimenta a numerosas plantas autóctonas, como las 21 especies acuáticas y semiacuáticas, incluida la ya mencionada totora –que ocupa el 70 por ciento de la superficie de la Reserva Nacional en Perú–, la yana llacho (que se usa habitualmente en los acuarios), la purima y la lenteja de agua. En el lago abrevan numerosos animales, entre los que destacan varias especies de camélidos, como la llama, la vicuña y la alpaca, cuyes –roedor muy representativo de la Cordillera Andina– y zorros. También aves como la parihuana (o flamenco andino) y ánsares, como la guayata, distintas especies de patos y zambullidores, además de la garza blanca grande, la gaviota alpina y el cóndor. Comparten hábitat con diversas especies de anfibios, como la rana gigante del Titicaca, y de reptiles, como los diferentes tipos de lagartijas. Muchos de los animales se alimentan de la variada fauna íctica, con peces como el suche, el carachi, la trucha y el pejerrey, aunque estos dos últimos hayan llegado hasta aquí de la mano del hombre.

Asentamiento de civilizaciones

Las principales referencias para la visita al lago son las localidades de Puno y Desaguadero, en la zona peruana, y Copacabana, en la boliviana. En las tres localidades es bastante fácil encontrar hoteles y restaurantes sencillos, pero con una inconfundible personalidad andina, además de empresas que organizan excursiones en barco –como las que llevan a las islas del Sol y de la Luna, en la zona boliviana, y a la isla Suasi, en el lado peruano– y otro tipo de actividades con las aguas del Titicaca como principal protagonista. Precisamente el turismo, junto con la recolección incontrolada de totora, generadora de hábitats donde nidifican numerosas aves, es una de las principales amenazas que sufre la biodiversidad de lago, protegido solo en parte en la zona peruana a través de una Reserva Nacional. Aun así, como reconocimiento a los valores ecológicos de este entorno, el lago Titicaca fue incluido en el listado de los sitios Ramsar, convenio internacional donde están representados los principales humedales del planeta.

Un lago de alta montaña

Así pues, el lago es un lugar con una rica biodiversidad, enmarcado en una impactante escenografía, con el decorado de las cumbres nevadas de la Cordillera Real, que superan los 6.000 metros de altura. En este escenario y contemplando el atardecer, es fácil comprender la magia y espiritualidad con que el Titicaca ha seducido a cuantos pueblos se han asentado en él, desde las culturas Chiripa (1.000 a 100 a.C.), Pucará (siglos II a.C. a VI d.C.) y, sobre todo, Tihuanacota, que dominó este entorno lacustre hasta el siglo X y edificó impresionantes construcciones, hasta la llegada de los conquistadores, allá por el siglo XVI, cuando la zona estaba dominada por el imperio inca, que lo consideró un lago sagrado. Los descendientes de aquellas culturas siguen venerando estas aguas con manifestaciones religiosas y folclóricas de una gran vistosidad, que seducen a cuantos visitantes se animan a llegar hasta estas alturas.

Hoteles: Suites a cuatro mil metros

Existen algunas evidentes diferencias, en cuanto al desarrollo turístico, entre las orillas peruana y boliviana del Titicaca. Esto se traduce en una mayor calidad en cuanto a infraestructuras y equipamientos por parte de los hoteles situados en el primero de los países. Aun así, merecen mención algunos alojamientos de la zona boliviana. En una isla privada del lado peruano se encuentra uno de los establecimientos más lujosos: el Hotel Libertador (www.libertador.com.pe), perteneciente al prestigioso consorcio internacional Starwood y con 123 habitaciones decoradas con mucho estilo. Todas ellas ofrecen vistas al lago y los huéspedes pueden disfrutar del área Wellness & Relax, de las tiendas y de su restaurante, con especialidades de la ya universal cocina peruana. También con mucho lujo, aunque entendido éste desde el punto de vista de la ecología y la sostenibilidad, Casa Andina Private Collection (www.casa-andina.com), en la isla Suasi, tiene solo 24 habitaciones, lo que garantiza privacidad, así como un trato personalizado y muy atento. Todas las habitaciones ofrecen panorámicas al lago. Además, hay un pequeño cottage de dos habitaciones, con playa privada, y un restaurante gourmet donde se cena a la luz de las velas. En Huatajata, en la zona boliviana del lago, está Inca Utama Hotel & Spa (www.incautama.com), de 67 habitaciones y suites con vistas y un concepto que va más allá de las prestaciones de un alojamiento convencional. De hecho, la idea de sus promotores es presentar a sus huéspedes parte de la cultura de los pueblos que se han asentado en los Andes. Así, junto al hotel está el Eco-Pueblo Raíces Andinas, en el que se ha implicado a la comunidad aymara local. Por último, y también en la boliviana localidad de Copacabana, está el Hotel Rosario del Lago (www.hotelrosario.com/lago), de estilo sencillo, como sus 25 habitaciones, aunque todas con vistas al Titicaca, sobre todo desde el ventanal de la suite. Para las familias disponen de una acogedora cabaña de madera, situada en el jardín.