Yushan [Taiwán]: la Montaña de Jade

El Parque Nacional de Yushan se creó en 1985 y es el más grande de los ocho que tiene Taiwán.

Fruto del choque de dos placas tectónicas, una infranqueable espina dorsal montañosa cruzó de Norte a Sur las tierras de Formosa, la isla hermosa que cautivó a los colonizadores portugueses del siglo XVI. No fue hasta el último tercio del XIX cuando Shen Baozhen, un emisario de la dinastía Qing, sugirió que se abrieran y pacificaran aquellos montes. Lo primero que hizo el administrador mandarín fue trazar una red de comunicaciones –antepasada de las actuales autopistas–, incluyendo una complicada ruta transversal que cruzaba los escarpados montes centrales de Oeste a Este uniendo por fin las dos costas. Durante el periodo de colonización japonesa –desde 1895 y hasta la Segunda Guerra Mundial–, la senda china se reforzó para facilitar no solo el transporte sino también la administración de las tribus indígenas. Conocida desde entonces con el nombre de Patungkuan (o Batonguan), el histórico paso forma hoy parte de los circuitos de trekking del Parque Nacional Yushan.

Emblema espiritual de la isla

El entusiasmo científico con que en el siglo XIX se catalogaban civilizaciones autóctonas, fauna y flora, hizo de estas montañas un paraíso para estudiosos y aventureros que rozaron el peligro de perder la cabeza, en sentido literal, ya que por entonces los guerreros bunun de la zona oriental de la isla las coleccionaban como trofeo. Y como suele suceder cada vez que se abren nuevos caminos, tras los intrépidos pioneros llegó la explotación de recursos, con un ferrocarril que en 1910 alcanzaba las laderas del monte Ali en busca de la madera de los cipreses rojos y amarillos que crecen a dos mil metros de altitud. Semejante hazaña trajo a su vez a los primeros senderistas que aprovechaban las nuevas rutas en busca de bonificaciones meramente contemplativas. Dieciséis años más tarde se trazaba la pista que desde el monte Ali alcanzaba en tan solo nueve horas –contra las diecinueve que requería hasta entonces– la cima más elevada de todas, la soberbia Yushan (Montaña de Jade, en chino), la piedra que, según un gran diccionario de la dinastía Han, contenía las cinco virtudes: benevolencia, rectitud, talento, valentía y pureza, tanto por dentro como por fuera. Los estudiantes de aquella época proclamaron su ascenso como el hito deportivo que conmemoraba el fin de los estudios. La fiebre del montañismo se expandió. Durante siglos, tan solo las planicies y las costas, es decir, únicamente un cuarto de la superficie de la isla, habían sido objeto de interés. A partir de entonces Taiwán tomó consciencia de su corazón espiritual.

Apertura al público

En 1985 se creó el Parque Nacional de Yushan –hoy el más grande de los ocho con que cuenta Taiwán–, preservando unas cien mil hectáreas en torno al emblemático picacho. La mayor parte del territorio supera los dos mil metros de altitud, lo que implica profundos valles y vertiginosas laderas a través de las cuales se ha establecido una extensa red de senderos que invitan a excursiones de entre un día y una semana de duración. Tres son los centros de visitantes establecidos en las diferentes entradas del parque: Meishan en la cara sudoeste, con un área recreativa; Nanan, en la cara suroriental, y Tataga o Tataka en la cara noroeste, que es desde donde se inicia la ascensión al pico principal de Yushan. Es la más solicitada y la única que requiere de un permiso oficial obligatorio, aunque gratuito, que conviene tramitar con meses de antelación.

Amanecer en las cumbres

La ascensión más simbólica de todas consiste en coronar la montaña justo antes de que salga el sol, lo que implica reservar plaza en el albergue común Paiyun Lodge, situado a mitad de camino y adonde hay que llegar con ropa de abrigo, saco de dormir propio y provisiones para dos días (cuenta con cocinas comunes). Los estrechos caminos cruzan un buen número de escenarios diferentes: desde bosques de bambú y farallones oblicuos de roca lisa hasta pequeños pasadizos cubiertos como protección ante posibles desprendimientos, pasando por algunos tramos en los que conviene asirse fuertemente de las cuerdas y cadenas establecidas. Una vez en la cima el espectáculo queda garantizado, siendo el mar de nubes uno de los principales reclamos de sus impresionantes vistas de altura. Escoltando a Yushan por sus cuatro costados aparecen asimismo sus famosos picos, que llevan los nombres de los puntos cardinales. Al del Este, que es el más cercano, también se puede acceder para contemplar desde sus laderas el perfil más característico de La Montaña de Jade, ése que aparece precisamente en el reverso del billete de mil NTD (New Taiwan Dollar) tras una pareja de faisanes Mikado –el ave nacional–. El punto culminante, allí donde todos se hacen la foto para el recuerdo, va señalado por un pequeño monumento de piedra que proclama, junto al nombre del monte escrito en inglés y en chino, sus 3.952 metros de altitud. Yushan no solo constituye el techo de Taiwán, ocupa también el cuarto lugar en la lista mundial de las islas con mayores cúspides. Grabada únicamente en caracteres chinos, también aparece una sentencia deseándonos “que nuestro corazón sea tan puro como el jade, y seamos tan rectos y justos como esta montaña”.

Hoteles: En las nubes

La zona de Alishan, también conocida por proteger una bellísima área nacional de naturaleza (Alishan National Scenic Area), constituye el punto más cercano a la Montaña de Jade donde se puede pasar la noche en un confortable hotel. Se llega desde Taipei, la capital de Taiwan, tomando un tren de alta velocidad hasta la estación de Chiayi, desde donde parten frecuentes autobuses a Alishan. Desde allí se puede alquilar un taxi hasta el centro de visitantes de Tataka. El Hotel Alishan House (http://alishanhouse.hotel.com.tw/eng/), el único cinco estrellas de la zona, presume de las vistas espectaculares que brinda por ocupar el emplazamiento más elevado de toda la isla, a 2.200 metros. Se trata de un edificio moderno que dispone de ciento cincuenta habitaciones con terraza y grandes ventanales, decoradas en un estilo entre occidental y oriental, la mayoría con camas de gran tamaño (king size), a veces incluso con dos de ellas por habitación, que es lo que consideran por estas tierras un cuarto para cuatro personas. Como ocurre en el caso de la Vip, que además ofrece jacuzzi, mientras la Suite Superior se complementa con un saloncito propio. El hotel cuenta con un restaurante de gastronomía china y una atractiva terraza de suelo de madera amueblada con acogedoras tumbonas para disfrutar de la impresionante panorámica frente a las nubes viajeras que suelen engancharse entre las montañas. Más básicos, aunque cómodos, resultan el Gao Shan Ching Hotel (ganshan.hotel.com.tw), que ofrece 72 habitaciones dobles con televisión y acceso a Internet, y el Ho Fong Villa Hotel (www.alishan-hofong.com.tw), que nos sugiere baños de hierbas y sauna de ciprés. Y para la estancia en Taipei, la capital taiwanesa, nada como alojarse en las amplias y elegantes suites del Villa 32 (www.villa32.com), que combinan el diseño europeo con la serena esencia zen y el disfrute de fuentes termales calientes, con un Spa que incluye un sinfín de tratamientos, y cuyo restaurante, dedicado a la gastronomía internacional, ofrece la posibilidad de disfrutar de sus recetas en tres comedores privados.