Bialowieza [Polonia]: el refugio del bisonte europeo

Las manadas de bisontes viven entre la espesura de Bialowieza, parque dividido entre Polonia y Bielorrusia.

Aquellos que quieran saber cómo era la mayor parte de nuestro continente antes de la llegada del hombre, no tienen más que venir hasta el Parque Nacional de Bialowieza y, una vez aquí, recorrer los senderos y observar en silencio toda la vida de la que hace gala este espacio protegido. Con tan sencillo esfuerzo, la imaginación, seguro, le transportará a un tiempo anterior a las sucesivas civilizaciones que esquilmaron de forma sistemática los recursos naturales de toda Europa. El bosque de Bialowieza, asentado sobre una llanura de más de 250 kilómetros cuadrados, a caballo entre Polonia y Bielorrusia, conserva, al menos en la zona polaca, el sabor de los bosques prehistóricos, cuando los mamíferos ungulados (el grupo de mamíferos más numeroso y diverso) campaban a sus anchas entre la espesura de la vegetación. Hoy en día, de todos los ungulados que han sobrevivido en esta masa forestal a la acción del hombre y a la implacable adaptación al medio, el más llamativo por su belleza, su imponente presencia y por su significación histórica es el bisonte europeo. También es el mamífero de mayor tamaño del continente. Aunque, llegados a este punto, conviene decir que la presencia de este mítico animal en Bialowieza vino de la mano del hombre –el mismo causante de su desaparición–, gracias a la reintroducción de la especie acometida desde los años 50 del pasado siglo.

La última devastación

Los recursos de esta zona fueron esquilmados durante centurias, con un punto de inflexión durante la Primera Guerra Mundial, cuando fueron arrasadas grandes extensiones de bosque para la construcción de un ferrocarril que suministrara a varios frentes de la ocupante Alemania. Al tiempo, los grandes mamíferos del parque fueron cazados para alimentar a las tropas, hasta el punto de que en 1919 fue exterminado el último de los bisontes del actual parque. Tras aquella devastación, la zona pasó a estar protegida de forma oficial y en 1932 se la declaró Parque Nacional. Una protección que se vio ampliada con su reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera por parte de la Unesco a finales de los años 70.

Hoy, grandes manadas de bisontes pastan en casi total libertad entre la espesura de los árboles y por las praderas de Bialowieza. Conviene aclarar ese casi: una larga valla metálica marca la frontera entre Polonia y Bielorrusia, dividiendo el bosque e impidiendo no solo el tránsito de los animales sino también el de los visitantes que se acercan hasta aquí. Curiosa barrera, sobre todo si tenemos en cuenta que la delimitación de fronteras entre ambos territorios tuvo lugar después de 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial. De hecho, una de las construcciones más significativas del parque es el pabellón de caza que se hicieron construir los zares rusos en el siglo XIX como punto de referencia para sus expediciones por Bialowieza. Hoy ese lugar ha sido transformado en museo, por una parte, y en restaurante, por otra.

Los compañeros del bisonte

Junto al bisonte, animal emblema del parque, tal y como figura en el logo, hay otras muchas especies que fomentan el atractivo de este espacio natural. Fundamentalmente ungulados como alces, corzos, ciervos o jabalís. También mamíferos de otros grupos como lobos y linces, igualmente reintroducidos, así como zorros, tejones, gatos monteses y, en los cursos fluviales que atraviesan el bosque, nutrias y castores europeos, especie esta última en serio riesgo de desaparición. En el capítulo de las aves, destacan las quince especies de rapaces que nidifican en la zona protegida, así como búhos y lechuzas, pájaros carpinteros y veintitrés tipos de aves insectívoras. Y en cuanto a anfibios y reptiles, destaca la ya rara presencia de la ranita de San Antonio, de un tipo de galápago y la de varias especies de culebras, lagartos y lagartijas.

Árboles centenarios y flora singular

La emoción que supone el avistamiento de estos animales –los recorridos por las zonas de mayor protección del parque se realizan siempre acompañados de guías profesionales– se ve acrecentada por las numerosas especies de flora, que dan colorido y volumen al bosque. De hecho, es habitual encontrar árboles de varios siglos de antigüedad cuyas copas pueden alcanzar más de 50 metros de altura. Entre esos árboles se pueden citar hayas, robles, olmos, alisos, fresnos o carpes (un tipo de abedul), que comparten terreno con musgos (cubren los troncos de muchos de ellos), helechos y todo tipo de hongos. Es tal el grado de protección de este espacio, que los árboles muertos y caídos en tierra no se retiran nunca, pues de esta forma se transforman en el hábitat idóneo para todo tipo de animales, plantas y hongos.

El principal punto de partida para realizar una visita al parque es la localidad homónima de Bialowieza, en la provincia polaca de Podlaquia, situada en pleno bosque. Desde allí se programan la mayor parte de las visitas a la zona protegida, aparte de ser el lugar donde se concentran varios alojamientos, restaurantes y tiendas, y también la sede de algunas empresas que organizan actividades al aire libre. Se trata de un atractivo lugar desde el que poder adentrarse para disfrutar con las que, por fortuna, aún son las tierras del gran bisonte europeo.

Hoteles: Simpatía y ambiente rural

Sin grandes lujos y con prestaciones básicas, pero eso no quiere decir que no se trate de alojamientos confortables. Porque, pese a que la industria turística aún no esté del todo desarrollada en el entorno de este parque nacional, lo cierto es que es fácil sentirse cómodo en los hoteles y casas de turismo rural de Bialowieza, gracias sobre todo a la simpatía del personal a cargo de estos establecimientos. Buen ejemplo es el Best Western Hotel Zubrówka (www.hotel-zubrowka.pl), situado en la propia localidad de Bialowieza, que va más allá del concepto de alojamiento urbano que caracteriza a los hoteles de esta cadena internacional para ofrecer aquí un establecimiento realmente acogedor. Influye la decoración, donde la piedra, la madera y las telas tupidas tienen un gran protagonismo. Además, tras las caminatas por el parque, nada como relajarse en su pequeño centro de bienestar, con piscina climatizada. Cuenta con 106 habitaciones y seis apartamentos. Algo más funcional resulta el Hotel Bialowieskie (www.hotel.bialowieza.pl), en esa misma localidad y con 76 habitaciones. Una vez en este alojamiento merece la pena reservar una noche para cenar en su restaurante, con platos internacionales, pero, sobre todo, con numerosas propuestas de especialidades locales: una cocina muy sabrosa y bastante contundente. Quienes quieran experimentar el encanto de lo rural pueden hacerlo en Bajeczny Domek (www.bajecznydomek.bialowieza.com), una casa de agroturismo, con solo cinco habitaciones, realizada en madera. Un lugar donde los huéspedes pueden sentirse “como en su propio hogar”, preparándose su propia comida en la cocina común o incluso en la barbacoa del jardín. Aparte de las visitas con guía al parque, desde aquí también se programan excursiones a caballo. Por último, aquellos que prefieran una integración aún mayor con la naturaleza y con la vida rural, disfrutarán en la casa rural Chatka Putchatka (www.chatka.bialowieza.pl), un edificio de madera construido en 1927 que resulta ideal si se viaja en grupo, pues tiene capacidad para alojar hasta a diecisiete personas.