Matterhorn [Suiza e Italia]: el señor de los Alpes

Tiene forma de pirámide perfecta, con cuatro caras orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. Matterhorn es la imagen favorita de los Alpes, por encima incluso del Mont Blanc, pico compañero de cordillera, más alto, pero no tan bien cincelado ni tan visual. Sobre su solemne silueta suelen ondear acumulaciones de nubes bandera, típicas en los Alpes, causadas por el fuerte viento en la cumbre. Para los suizos simboliza su orgullo alpino; tanto, que hasta aparece en los envoltorios de los míticos chocolates  Toblerone. Estar en la frontera de un país multilingüe como Suiza implica tener varios nombres: Matterhorn en alemán, Monte Cervino en italiano y Mont Cervin en francés.

Entre Suiza e Italia

La cumbre del Matterhorn, con sus 4.478 metros, custodia las ciudades de Zermatt (al noreste, en el flanco suizo) y Breuil-Cervinia (al sur, en el italiano Valle de Aosta). Es magnífica y peligrosa: sus caras son enormemente escarpadas, por lo que las avalanchas de nieve, roca y hielo son frecuentes. De hecho, fue uno de los últimos grandes picos alpinos en ser conquistado. Lo logró Edward Whymper en 1865, aunque con un trágico balance final en su expedición. Aún hoy cuenta con el negro honor de tener una de las caras norte de los Alpes que más vidas se ha cobrado.

Pero ni aludes ni estadísticas son impedimento para que cada año muchos montañeros se atrevan a escalarla, especialmente en verano. Tanto tránsito degrada, sin embargo, la mágica experiencia del hombre solo frente a la gran montaña y multiplica los desprendimientos de rocas. Los montañeros expertos prefieren encararla en invierno: se ahorran la masificación mientras que la nieve y el hielo pegan las rocas sueltas a la pared, con lo que se minimiza el riesgo de avalanchas. La ruta de ascenso más habitual es por la arista Hörnli –a la que se accede desde Zermatt en teleférico–, aunque los escaladores más atrevidos suelen preferir la dificultad de Zmutt, conocida por su saliente rocoso en forma de nariz a pocos metros de la cima. Paradójicamente, la subida desde Italia por la arista de Lion es más difícil, pero también hay cuerdas fijas.

Zermatt, la villa sin coches

Más modesta en cuanto a la recepción de esquiadores, a la italiana Breuil-Cervinia se accede sin problema en coche. Los suizos, en cambio, miman su patrimonio natural. Para evitar la contaminación, en Zermatt no circulan coches con motor de combustión. El acceso es únicamente por tren, aunque este viaje permite saborear sin prisas los paisajes de montaña a través de sus ventanales panorámicos. Ya en la ciudad todos los desplazamientos se hacen a pie, en pintorescos coches de caballos o en vehículos eléctricos. Para desplazarse a otros puntos se utilizan remontes o trenes cremallera. El resultado es una idílica estampa sin ruidos ni humos.

Protegido por montañas al oeste, sur y este, 38 de las cuales son cuatromiles, el valle de Zermatt –que incluye la ciudad de Zermatt más las aldeas de Täsch y Randa– goza de una meteorología envidiable. Puesto que las precipitaciones y los vientos se quedan en las montañas, la ciudad disfruta de un tiempo bastante seco, sin nieblas y moderadamente templado. El resultado, si luce el sol, son vistas privilegiadas al Matterhorn, aunque por la tarde las tormentas en altura suelen arruinar la vista. En cambio, las primeras luces del día, al reflejarse sobre los hielos perpetuos de la cima, le confieren un increíble tono rosado. Un espectáculo que se aprecia en todo su esplendor desde las cimas del Gornergrat (3.089 m) y Rothorn (3.100 m), a los que se accede fácilmente en una sucesión de funicular y teleféricos. Varios cientos de metros más arriba accedemos a Matterhorn Glacier Paradise (3.883 m), la parada de teleférico más alta de Europa y punto de partida de la estación de esquí en el glaciar Theodul: 21 kilómetros de pistas con nieve todo el año. La sensación desde el mirador panorámico es indescriptible: decenas de cuatromiles y catorce glaciares a vista de pájaro. Al respirar se nota ya la falta de oxígeno.

Lagos y glaciares

La majestuosidad de los cuatromiles solo es comparable al señorío de los grandes glaciares Gorner, Gretz y Monte Rosa, en cuyas lenguas vierten otros pequeños glaciares tributarios. Heleros ancestrales que cada año, al llegar el calor, sufren un pequeño deshielo que se acumula en el Gornersee, un lago de hielo marginal que acaba desbordando hacia Zermatt a través del río Gornera. Este agua, auténtico oro negro de Suiza, se embalsa en el Lac des Dix junto a una central hidroeléctrica. La garganta del Gornera también da acceso al Jardín de los Glaciares de Dossen. Pasear entre sus marmitas de gigante da cuenta de la tremenda fuerza erosiva de los hielos de la última glaciación. Es un espacio muy buscado en verano, por la sombra que da el bosque de alerces y el suave rumor del río.

La región cuenta además con seis grandes lagos: Stellisee, Grindjisee, Riffelsee –en días claros y sin viento, son un espejo que devuelve un reflejo perfecto del Matterhorn–, Grünsee, Moosjisee y Leisee. Muchos reciben aguas glaciares, por lo que el baño gélido es solo para valientes.

Hoteles: Mirando a la cima

Se vaya o no a esquiar, contemplar un paisaje dominado por decenas de cuatromiles, glaciares de hielos ancestrales, nubes que parecen querer engullir las altas cimas, nieve y bosques de coníferas es un espectáculo natural que los hoteles bien saben explotar. El 3100 Kulmhotel Gornergrat (www.gornergrat-kulm.ch) es en sí mismo un lujoso mirador con vistas a 29 cuatromiles. Construido en 1896 en Gornergrat, a 3.089 metros de altitud, es el hotel más alto de los Alpes suizos con una cotizada terraza exterior frente al Matterhorn. En sus torres, además, hay dos observatorios astronómicos. Más señorial, el Gran Hotel Zermatterhof (www.zermatterhof.ch) es un lujoso establecimiento en el centro de Zermatt con dos terceras partes de sus habitaciones orientadas al Matterhorn. En las afueras de Zermatt encontramos el Hotel Coeur des Alpes (www.coeurdesalpes.ch), una construcción típicamente alpina en una zona elevada, con unas vistas del Matterhorn excepcionales desde cualquiera de sus dependencias y un magnífico Spa de diseño. Un túnel bajo el Valle de Vispa y un ascensor excavado en la colina dan acceso al Hotel Schönegg (www.schonegg.ch), típica casona alpina con grandes balcones de madera. De estilo alpino también es el italiano Hotel Gran Baita (www.hotelgranbaita.it), en el Valle de Aosta. Quienes prefieran hoteles de diseño pueden decantarse por el Hotel Backstage (www.backstagehotel.ch), compuesto por seis lofts con forma de cubo y siete habitaciones dobles que combinan el cristal, el acero y la madera, o el Hotel Cervo (www.cervo.ch), cinco chalés a pie de pista de estilo alpino contemporáneo y una decoración interior en líneas depuradas, en cuyo restaurante se sirve cocina alpina casera. Pero ningún hotel es tan reciente como el Iglu Dorf (www.iglu-dorf.com) de Gornergrat, un poblado de iglús que se construye cada invierno y se mantiene hasta la primavera. Aunque hiele en el exterior, dentro del iglú siempre hay una temperatura entre los 0º y 5 ºC. Al atardecer, las vistas hacia el Matterhorn son realmente espectaculares.