Selva Negra [Alemania]: paisajes de cuento

En el corazón de la Selva Negra nace el río más caudaloso de Europa: el Danubio.

Se llama así por las oscuras hojas de los abetos y por el nombre que le dieron los romanos, Populus nigra, aunque en la Selva Negra (Schwarzwald en alemán) hay muchos espacios abiertos y tierras de labranza. Cualquier paseo por este bosque tan mágico como turístico, salpicado de granjas y vacas, merece la pena. No es naturaleza salvaje ni remota, pero sí bucólica y pintoresca. Situado al este del Rin, entre Karlsruhe y Basel, tiene forma de judía y mide 160 kilómetros de largo por 50 de ancho. Tres puntos de partida para la visita son Schiltach, Triberg y Titisee, donde se llega en tren para después visitar la universitaria y encantadora ciudad de Friburgo. Merece la pena alquilar un coche para moverse por libre desde Baden-Baden a Freudenstadt, y desde Triberg a Waldshut. Y si están por la labor de comprar lo más típico, encontrarán muchos lugares para hacerse con uno de los famosos relojes de cuco que se fabrican en la Selva Negra desde 1730. Los artesanos de la región –que elaboran muchas piezas para la industria relojera suiza– desarrollaron nuevos diseños y perfeccionaron su maquinaria, que en un principio se hacía de madera, pero que en el siglo XIX pasó a construirse en latón. En esta región montañosa el pico más alto es el Feldberg, con 1.493 metros de altitud, al que muchos aprovechan para abordar llegando hasta la cima durante sus días en la Selva Negra. El río Kinzig marca la frontera entre el norte (Nordschwarzwald) y el centro (Mittlerer Schwarzwald), y sus lagos y embalses son muy populares entre los alemanes, cuya industria del cine y la televisión convirtió a esta zona en una de sus localizaciones preferidas durante los años 60. Como ocurre en otras partes del país y también en la vecina Austria, los habitantes de estas tierras conservan sus costumbres y es fácil ver a las mujeres ataviadas con los trajes regionales y los sombreros típicos de bolas, cuyo color indica el estado civil de quien lo lleva.

Los ineludibles del viaje

Además de los paseos, museos y visitas típicas, hay varias cosas que no pueden dejar de probarse. Una es acercarse hasta la ciudad de Baden-Baden para disfrutar de sus famosas aguas termales. Otra, fotografiar las típicas granjas. La tercera, saborear un buen trozo de tarta y jamón de la Selva Negra acompañados de aguardiente de cereza o vino blanco. Y si además la visita coincide con alguna fiesta de la vendimia, mucho mejor. En los restaurantes hay que pedir bacon ahumado y sabrosos platos de caza, mayormente de corzo o jabalí. Para los deportistas hay senderismo, parapente, kayak, escalada, esquí o equitación. Para los más cómodos, viajes en globo. Y para los incondicionales de la cultura y el diseño, varios museos interesantes: el del autor de Siddhartha y Premio Nobel de Literatura, Herman Hesse, en Calw; el Centro de Arte y Tecnología Mediática de Karlsruhe; el Museo Vitra Design en Weil am Rhein; el Museo Alemán de Relojes en Furtwangen o los que cuentan la vida de los campesinos en el siglo XVI. Si prefieren una ciudad termal alternativa a Baden-Baden, Bad Wildbad es el lugar. Junto a ella se eleva una pequeña montaña llamada Sommerberg Wildbader, a cuya cima se puede llegar por funicular subiendo 300 metros en vertical. Sus dos baños más famosos son el Palacio Termal, de estilo art-decó, y la Vital Therme, con varias piscinas de agua caliente. Muy cerca está el pequeño lago de Wildsee.

Friburgo, ciudad verde

Las cascadas de Triberg, el nacimiento de ese mítico río europeo que es el Danubio en Furtwangen y Donaueschingen, y los lagos de Titisee y Schluchsee completan los parajes naturales de esta idílica región vecina a Baviera, ruta de la Alemania romántica, con joyas como la mayor plaza de mercado del país en Freudenstadt o la catedral gótica de Friburgo, una de las ciudades más verdes de Europa, donde todo el mundo se mueve en bicicleta y tranvía, con un centro histórico muy bien conservado, la casa de Erasmo de Rotterdam y los canales de agua en las calles más céntricas.

El castillo de Disney

De camino a Baviera y su capital, Munich, hay una parada imprescindible: el castillo del Rey Loco. Una construcción que se ha colado en el imaginario infantil desde que el rey americano de la fantasía, Walt Disney, lo escogiera como modelo para diseñar el de La Bella Durmiente en Disneyland. Neuschwanstein (así se llama este castillo, “nueva piedra del cisne”) está cerca de Füssen y es uno de los ejemplos neogóticos más célebres del Viejo Continente y el edificio más fotografiado de Alemania. Mandado construir por Luis II de Baviera, el Rey Loco, en 1866, sus torres y muros, fantasía romántica que parece salida de un sueño, están en armonía con las montañas y lagos que lo rodean. Un excesivo ejemplo de la mezcla de varios estilos arquitectónicos que también está presente en los muebles y piezas de artesanía que decoran su interior, con referencias a personajes como Fernando El Católico o Tristán e Isolda. Como curiosidad, este lugar conserva el primer teléfono móvil de la historia –eso sí, con una escasa cobertura de seis metros–, una cocina que sigue teorías elaboradas por Leonardo da Vinci para conservar el calor y vistas a una bonita cascada desde los aposentos del rey.

Hoteles: con base en Baden-Baden

Desde el emperador romano Caracalla (que tiene unas termas con su nombre en esta ciudad) hasta la burguesía europea del siglo XIX, muchos personajes célebres han visitado y residido en una de las villas termales con más tradición del mundo, con sus grandes hoteles, teatro, hipódromo, casino y uno de los últimos castillos habitados de Europa. En Baden-Baden vivieron Dostoievski y Brahms, y hoy sigue recibiendo miles de visitantes que llegan hasta aquí para descansar, recuperarse y visitar lugares como las ruinas del balneario romano, museo de la antigua cultura del baño situado bajo la plaza del mercado y el balneario Friedrichsbad. Con casi dos mil años de antigüedad, están muy bien conservadas y son una de las grandes atracciones del lugar junto con el lujoso casino (el preferido de Marlene Dietrich), el Castillo Nuevo y el Viejo o el jardín Lichtentaler Allee. Junto a este jardín queda uno de los mejores hoteles de Baden-Baden, el Brenners Park Hotel And Spa (www.brenners.com), abierto hace más de 140 años en mitad del parque privado de Brenners, con una oferta que combina salud, decoración clásica y cuidada gastronomía. Frente al casino queda el Steigenberger Europäischer Hof (www.steigenberger.com). Más pequeño e igual de recomendable es el Belle Epoque (www.hotel-belle-epoque.de), que con sólo 20 habitaciones celebra la cultura del baño en una villa neorrenacentista rodeada de jardines y una decoración que mezcla muebles contemporáneos con antigüedades. Muy cerca está The Villa Hammerschmiede (www.villa-hammerschmiede.de), con su decoración art-decó, sus paseos por el bosque o una excursión a Heidelberg para conocer el castillo gótico. Para disfrutar de la Selva Negra en todo su esplendor, el Bareiss (www.bareiss.com) es un hotel familiar con Spa que organiza todo tipo de excursiones y deportes por la zona, incluidos los más de diez campos de golf que se reparten por los alrededores. Otra opción es quedarse en Friburgo, donde destaca otro hotel familiar, el Colombi (www.colombi.de), excelentemente situado en la pintoresca zona histórica de la ciudad.