Volcanes de Hawái [EE UU]: El fuego permanente

El archipiélago de Hawái es el lugar más aislado del mundo: 3.700 km lo separan del continente más cercano.

Impresiona. Sobrecoge, más bien. Sobre todo durante la aproximación del avión a la Big Island de Hawái, cuando es posible apreciar en toda su magnitud las dimensiones del gran gigante de fuego. No es para menos: el Mauna Loa es la segunda de las montañas más altas de todo el planeta, pues a sus 4.170 metros sobre el nivel del mar hay que añadir 5.000 más desde su base en el fondo oceánico. También es una de las más extensas; de hecho, ocupa el 85 por ciento de la superficie de la isla, con unos 4.600 kilómetros cuadrados. Aun así, le supera en diez metros de altura el cráter del Mauna Kea, también en esa misma isla, porque está asentado sobre un lecho marino aún más profundo.

Titanes de fuego

La sensación de pequeñez que provoca la enormidad de estos dos volcanes, así como los otros tres que se sitúan en la mayor de las islas del archipiélago de Hawái (Kohala, Hualalai y Kilauea), va más allá de una mera cuestión de dimensiones geográficas. De hecho esta es, probablemente, la más espectacular manifestación de la naturaleza sobre la faz del planeta. Así, tanto el Mauna Loa como y, sobre todo, el Kilauea son un foco de atracción para los amantes del vulcanismo y los turistas, pues llevan activos, emitiendo coladas de lava y originando emisiones de gases, desde hace décadas. Aun así, que nadie se espere la devastación de otros lugares que sufren la acción de los volcanes. Lo cierto es que las erupciones hawaianas son bastante suaves, sin explosiones ni nubes de gases tóxicas o lluvias de lapilli. Y en cuanto al paisaje, más allá de las zonas cercanas a los cráteres y las coladas de lava reciente, en la isla predomina la espesura verde de los bosques tropicales.

Para proteger las particularidades naturalísticas y geológicas de este entorno se creó en el año 1916 el Parque Nacional de los Volcanes, que, además, está declarado Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Un lugar especial, protegido con paisajes y hábitats que van desde las cimas y cráteres de los volcanes hasta las singulares playas de rocas y arenas basálticas.

Kilauea: la estrella de Hawái

Son numerosas las empresas que organizan excursiones por los lugares más atractivos del parque. Los más espectaculares son los ríos de magma candente del Kilauea, que lleva desde 1983 emitiendo rocas fundidas desde el interior de la Tierra, generando varios cientos de nuevas hectáreas de terreno. Este volcán es, además, uno de los escasos cuyo cráter alberga un lago de lava líquida. Otro de los puntos más impactantes es aquel donde la lava toma contacto con el océano, Steam Plume, aunque conviene decir que para llegar hasta aquí hay que realizar a pie, a través de la lava solidificada, una excursión no exenta de dificultades.

Pese a que la erupción del Kilauea sea constante y el Observatorio Volcánico de Hawái realice una vigilancia exhaustiva, lo cierto es que hay circunstancias imprevisibles como el río de lava que en 1991 acabó sepultando la localidad de Kalapana, en la zona suroriental de la isla. Pero, con ser las manifestaciones vulcanológicas lo más llamativo y lo que atrae hasta aquí a un mayor número de visitantes, el parque nacional alberga varios ecosistemas más que son hábitats ideales para especies animales y vegetales de lo más variado. Muchas de ellas endémicas del archipiélago que, por cierto, es el lugar más aislado del mundo si tenemos en cuenta la distancia que lo separa del punto continental más cercano: más de 3.700 kilómetros. Aquí habitan nimales tan llamativos como la oruga carnívora o una de las mayores libélulas del planeta, además de tortugas marinas, numerosas aves estables y migratorias y una cabra endémica de estas islas que ha experimentado, a lo largo de siglos, una prodigiosa adaptación a un medio realmente hostil. Desde las costas del parque y el resto de la isla también se puede observar el paso ocasional de ballenas jorobadas.

Una flora sin parangón

En cuanto a las plantas, las particularidades de Hawái, aislado del resto del mundo desde hace 70 millones de años, así como las condiciones de acidez del terreno –como consecuencia de las erupciones– han provocado una biodiversidad botánica realmente prodigiosa. Solo comparable a la de las Islas Galápagos, supone el 90 por ciento de los endemismos del país, con más de mil especies diferentes. Entre ellas destaca el hala, árbol que alcanza los seis metros de altura y que fue uno de los principales recursos de la población local hasta la colonización británica, y con cuyas hojas y ramas aún se levantan numerosas construcciones en la isla. Junto a esta planta tienen también un gran protagonismo el olapa (de aspecto similar a los álamos) y los helechos de gran tamaño, como el cibotium. Muchas de estas insólitas plantas prosperan, de forma sorprendente, sobre las coladas de magma muy poco tiempo después de su solidificación. Aunque, para ser sinceros, resultan mucho más llamativas las concentraciones de plantas y animales existentes en las zonas de bosques tropicales, más densos cuanto más cerca se encuentren del perfil costero de una de las islas más impactantes de todo el planeta: Big Island.

Hoteles: Resorts a medida

Pese a que la mayor parte de las grandes cadenas hoteleras internacionales que han apostado por el archipiélago de Hawái se concentren en la isla de Oahu –y sobre todo en torno a la capital insular, Honolulu–, lo cierto es que en Big Island también hay alojamientos destacables. Muchos con cómodos y rápidos accesos al Parque Nacional de los Volcanes. Es el caso del Hilton Waikoloa (www.hiltonwaikoloavillage.com), en la localidad que le da nombre, uno de los puntos en los que el Mauna Loa toma contacto con el océano. Se trata de un enorme resort, con 1.240 habitaciones y suites y todo tipo de ofertas de ocio, gastronomía, espectáculos y actividades deportivas. También programan excursiones variadas al área de los volcanes. Bastante más íntimo es el Chalet Kilauea (www.volcano-hawaii.com), de solo cinco suites temáticas decoradas de una forma realmente lujosa y confortable, con un estilo muy hawaiano, y plenamente integradas en el bosque tropical junto a una de las entradas al parque nacional. Esta misma empresa ofrece Volcano Hale, una casa para hasta seis personas, ideal si se viaja en grupo. No menos lujosa es la fisonomía del Four Seasons Hualalai at Historic Ka’upulehu (www.fourseasons.com/hualalai), en la localidad de Kailua-Kona. En total son 243 habitaciones y suites, decoradas con un estilo a lo “edad de oro hawaiana”, con numerosas obras de arte locales y elementos naturales como la madera, las flores y la vegetación, que están presentes en casi todos los espacios. Para comer o cenar, hay cinco restaurantes con propuestas gastronómicas internacionales. Además, siete piscinas, un Spa de inspiración japonesa y la posibilidad de realizar numerosas actividades al aire libre. Por último, At the Crater’s Edge (www.visitthevolcano.com) es una de las mejores opciones para quienes quieran una integración plena (e íntima) con la naturaleza. Sus tres cabañas de madera de cedro, decoradas de una forma sencilla pero dotadas de todo tipo de comodidades, están inmersas en el bosque tropical, así como su espectacular Forest Spa.