Cataratas de Iguazú [Argentina y Brasil]: Donde el agua se convierte en nube

Las cataratas tienen más de 150.000 años y su caudal ruge desde entre 150 y 300 saltos de agua.

No fue poco el peaje que tuvo que pagar el gobernador y adelantado Álvar Núñez Cabeza de Vaca para ser el primer europeo que se asomaba a las Cataratas de Iguazú. Fue en el año 1541 e iba camino del Río de la Plata, para poner orden tras la muerte de Pedro de Mendoza. Tras sufrir cientos de peripecias, lo que se encontró a su paso por la selva de Paraná debió parecerle un espectáculo divino, pues lo bautizó como Saltos de Santa María, cristianizando el accidente geográfico como era habitual en la época y dejando al margen el nombre guaraní original: Iguazú, “agua grande”. Y realmente éste y no el otro se ajusta más a la sensación que se tiene cuando se llega hasta este impresionante espectáculo natural donde la caída del río deja sin palabras. Porque aunque se haya visto cientos de veces la imagen de las Cataratas de Iguazú, por suerte al final la sorpresa asoma.

Dónde, cómo y cuándo

Las cifras, ya de por sí, apabullan. Las cataratas tienen una antigüedad de 150.000 años, una anchura total de 2.700 metros, están compuestas por entre 150 y 300 saltos (dependiendo del caudal del río) y cada segundo sueltan al vacío un promedio de 1.500 metros cúbicos de agua, llegando a alcanzar los 6.500 en la época lluviosa. Situadas en Argentina y Brasil –y haciendo de frontera natural entre los dos países–, las ciudades base para llegar hasta las cataratas son Puerto Iguazú, en el lado argentino y con conexiones aéreas regulares con Buenos Aires, y Foz de Iguaçu, en el brasileño y unida por aire a Río de Janeiro y Sao Paulo. En cualquier caso, se esté visitando uno u otro país, habrá que cruzar momentáneamente la frontera si no se quiere dejar la experiencia a medias. Esto se debe a que el lado argentino posee dos terceras partes de las cataratas, pero los mejores miradores se encuentran en territorio brasileño. Tanto una como otra área están protegidas como Parques Nacionales (www.parquesnacionales.gov.ar y www.cataratasdoiguacu.com.br), están declaradas Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco –el lado argentino en 1984, el brasileño en 1986– y ambas cobran entrada (adultos, 30 dólares argentinos y 15 reales brasileños). El mejor momento para visitarlas es entre los meses de noviembre a marzo, cuando las temperaturas son más frescas y los cielos están despejados. De abril a junio tiene lugar la temporada de lluvias y es en esta época cuando las cataratas llevan mayor cantidad de agua.

Entre nubes de vapor

El sonido abrumador de las cataratas y la humedad que lo impregna todo es lo primero que llama la atención al llegar a Iguazú. Después le sigue el impacto visual de tan bello espectáculo natural. De entre todos los saltos, el de mayor envergadura es el conocido como Garganta del Diablo, una herradura de 150 metros de ancho y 85 metros de altura. Para acceder a él, en el lado argentino se puede tomar el Tren Ecológico de la Selva y bajarse en la Estación Garganta del Diablo, desde la cual un camino conduce tras dos kilómetros de paseo al mirador ubicado sobre el salto. Otros senderos llevan a otro tanto de atalayas, como son el Circuito superior, de 650 metros de longitud, y el Circuito inferior, cuyo recorrido circular de 1.700 metros permite sentir las cataratas desde una perspectiva totalmente diferente. Otro punto de vista se obtiene desde la Isla de San Martín, a la que se llega en lancha y desde donde se disfruta de una panorámica excelente de los saltos San Martín y Escondido. Cruzando la frontera hay que recorrer el Sendero de las Cataratas, el más popular del lado brasileño, que finaliza en un mirador con excepcionales vistas. Tanto en una orilla como en otra, las noches de plenilunio se organizan paseos para redescubrir este impresionante escenario bajo la luz de la luna. Otra forma de disfrutar de Iguazú es desde el aire. En la mayoría de los alojamientos se puede contratar esta actividad, cuyo precio ronda los 50 euros por un espectacular paseo de aproximadamente diez minutos en helicóptero.

Más allá de las cataratas

Aunque las cataratas se pueden visitar en un único día, lo más recomendable es dedicarle un par de jornadas para explorar también los parques nacionales. La selva húmeda subtropical circundante alberga más de 2.000 especies de plantas, más de 340 de aves, 250 de mariposas, 41 variedades de serpientes, y mamíferos característicos de la región como tapires, osos hormigueros gigantes, monos aulladores, ocelotes, caimanes, nutrias gigantes, coatíes y jaguares, el felino más grande de América y considerado un animal sagrado según la mitología guaraní. Entre las rutas que permiten disfrutar de la riqueza natural de la selva se encuentra el Sendero Macuto, de siete kilómetros de longitud en total y dificultad alta. También se puede practicar rafting a lo largo del río (www.macucosafari.com.br), hacer rápel mientras se ven las cataratas o deslizarse por tirolina (www.camposdesafios.com.br).

Hoteles: Balcones en la selva

En Iguazú hay suficientes alojamientos para todos los gustos, ya se desee pernoctar en plena selva o a pocos metros de las cataratas. Precisamente mirando a éstas se encuentra el Sheraton Iguazú Resort & Spa (www.starwoodhotels.com), el único situado en el Parque Nacional de Iguazú, en la orilla argentina. Que muchas de sus 176 habitaciones tengan vistas sobre las cataratas lo convierten en la mejor opción para aquellos que busquen un balcón privilegiado desde donde disfrutar tranquilamente del paisaje. Además, cuenta con Spa y varios restaurantes. Más estiloso, aunque sin tan preciadas vistas, es el Hotel Das Cataratas (www.hoteldascataratas.com), un clásico de la orilla brasileña y el único ubicado dentro del Parque Nacional do Iguaçu. Ahora en propiedad de la lujosa compañía Orient-Express, quien abrió de nuevo sus puertas hace poco más de un año tras una profunda restauración, es el sitio perfecto para quien desee descansar cerca de las cataratas. Su excepcional ubicación permite a sus huéspedes acceder cada mañana al Parque Nacional de Iguazú antes de que se abran sus puertas a las nueve horas. De estilo colonial en su decoración, ofrece 178 habitaciones y 15 suites repartidas en dos edificios, y cuenta con restaurantes Spa, piscina y pista de tenis. En Argentina, a treinta kilómetros de las Cataratas de Iguazú, junto a Puerto Libertad y en plena selva misionera se encuentra la Posada Puerto Bemberg (www.puertobemberg.com), un refugio de tan sólo 13 habitaciones y una suite donde todos los detalles están pensados para que al cliente le cueste marcharse. Cada una de las estancias está decorada con auténtico mimo, desde los espacios comunes hasta las habitaciones, en las que siempre hay una pequeña biblioteca con obras de autores latinoamericanos del siglo XX. Situada en la orilla del río Paraná y rodeada de un terreno con más de 5.000 árboles, uno de sus rincones más espectaculares es el quiosco destinado a mirador, el mejor sitio donde sentarse a contemplar el río y la increíble panorámica sobre la selva que ofrece.