Montañas Rocosas [Canadá]: El santuario de la naturaleza

Declarado Parque Nacional en 1885, el Banff es la reserva más antigua de las Rocosas Canadienses.

La inmensidad es difícil de imaginar y, también, de describir. Y si esa inmensidad es perfecta, tanto peor. Las Rocosas Canadienses, inabarcables y con una de esas bellezas infinitas, es el mejor ejemplo de lo inimaginable –gigantesca barrera azul, gris, negra y blanca, jalonada de agudos picos–, se elevan como una enorme muralla sin interrupción a 2.500 metros sobre las suaves ondulaciones de la pradera. Tal muralla debía retener durante mucho tiempo a los pioneros más emprendedores. Todavía hoy, mientras que crece sobre el horizonte sin que aparezca ningún paso, se siente una vaga aprensión… Pero, de pronto, un estrecho valle marca el inicio de uno de los más bellos paseos del mundo: la travesía de las Rocosas Canadienses. Un recorrido de unos 300 kilómetros a través de los Parques Nacionales de Banff y de Jasper. Uno puede ver mil fotos de ambos, pero nunca sabrá que hay allí hasta que los haya caminado. Son más de 20 mil kilómetros cuadrados en los que sólo se ven un par de pueblos y algunas casas desperdigadas unidas por una carretera, la 93. Lo demás es una sucesión interminable de espacios casi vírgenes, de lagos de aguas turquesas, de montañas siempre nevadas que invitan al senderismo y a vivir rodeado de osos grizzly, cascadas y glaciares. Casi nada.

Hábitat salvaje

No se pueden citar todos los lagos, ni todos los torrentes, ni todos los ríos, ni todas las cascadas que hacen de los parques de las Montañas Rocosas –Banff, Jasper, Yoho y Kootenay– un paraíso para los amantes de la naturaleza salvaje. Aquí los animales están en su propia casa y pronto se acostumbra uno a ver un ciervo pegar su hocico al cristal del coche. De todos los parques canadienses, el de Banff es la estrella. Declarado Parque Nacional en 1885, es la reserva más antigua de las Rocosas y abarca zonas boscosas, glaciares y montañas que rozan los 4.000 metros de altitud. Más de 1.500 kilómetros de senderos marcados que, con distintos niveles de dificultad, permiten caminar entre su naturaleza en estado puro. El punto de partida donde iniciar una ruta inolvidable es la ciudad de Calgary, a 130 kilómetros de Banff. Allí es fácil hacerse con un automóvil, que es la mejor manera de descubrir los parques porque permite moverse al libre albedrío. De todas formas, bueno es saber que diversas líneas de autocares conectan Calgary con la zona de las Rocosas (www.rockymountainskyshuttle.com)

Escalas ineludibles

El parque de Banff es la parte más accesible y visitada de las Rocosas Canadienses, pero eso no lo hace menos atractivo. La primera parada obligada es el lago Louise (www.lakelouise.com). Una lengua de hielo procedente del glaciar Victoria se hunde en las entrañas del lago y lo mantiene a una temperatura increíblemente baja, incluso en verano. Las aguas azules, el blanco virtuoso del glaciar y el color de los bosques de la ribera se encargan de dibujar el paisaje ideal. Un consejo: la mejor hora para contemplarlo es al despuntar el día. Bueno es saber, también, que estos alrededores son idóneos para realizar excursiones, tanto en verano como en invierno. Y es que la ciudad homónima limita al oeste con el Parque Nacional Yoho, donde se visitan cascadas como la de Takakkaw y lagos por los que es posible navegar en piragua, como el Emerald. Desde Lake Louise sale hacia el norte la carretera Icefields, literalmente Campos de Hielo, hasta el pueblo de Jasper. Los 230 kilómetros que separan ambos puntos forman parte de uno de los paisajes más bellos del mundo. La carretera sigue la línea de las cumbres en una ruta plagada de glaciares, valles alpinos, lagos, picos, cascadas y fauna de lo más diversa (osos, alces, tejones, castores, martas, coyotes…) que no duda en acercarse al visitante. Todos ellos habitan estos agrestes territorios en los que es posible adentrarse por senderos y glaciares, incluso esquiar, escalar sus picachos dentados o irrumpir en sus bosques a bordo de una motonieve o de trineos tirados por perros, sin que la presencia de animales salvajes sea un problema. Un alto a medio camino permite contemplar el inmenso glaciar Columbia, ideal para pasar algunos días, bañarse en los lagos, visitar cuevas, hacer diversas excursiones, descender en canoa o escalar montañas.

La joya natural

El Parque Nacional de Jasper es el mayor de los parques de las Montañas Rocosas. Sus 10.800 kilómetros cuadrados de superficie abarcan más de mil  kilómetros de senderos que recorren diferentes ecosistemas. El Centro de Visitantes Icefield Centre (www.icefieldsparkway.ca) explica esa diversidad con la ayuda de maquetas y audiovisuales. En Jasper son impresionantes las vistas del glaciar Athabasca, cuyas aguas forman una bella cascada. Sus 23 metros de caída no son gran cosa para la media de las Rocosas, pero el caudal y el tamaño del río las convierten en una de las más poderosas. En el mismo pueblo de Jasper se puede tomar un funicular hacia la montaña Whistler, desde donde se obtiene una maravillosa panorámica de los Campos de Hielo y el pico Robson, el más alto de las Rocosas Canadienses. Jasper ofrece otros muchos atractivos, pero el más importante es el lago Maligne. Este lago, de belleza inquietante, puede surcarse en barco o a pie. Si se decide por la segunda opción, deberá estar muy atento y tener mucho cuidado con los osos. Se recomienda, por tanto, ir cantando en las zonas donde haya mucha vegetación, para no sorprenderles y… para no verse sorprendido.

Hoteles: Entre lagos y montañas

El hotel Fairmont Banff Springs (www.fairmont.com) es ya un clásico en las Montañas Rocosas Canadienses. Ciertamente pocos hoteles en el mundo pueden competir con la majestuosidad, hospitalidad y los paisajes que ofrece este hotel. A orillas del hermoso río Bow, tiene aire de gran castillo escocés y ofrece confort de lujo, vistas únicas, un campo de golf impresionante, Spa y un restaurante excelente. Otra opción de cine es el Post Hotel & Spa (www.relaischateaux.com). Enclavado en un valle excepcional del parque Banff, se encuentra muy cerca del lago Louise. Se trata de un seductor refugio de montaña cuyos interiores delicados y románticos esconden suites espaciosas. Ofrece también la posibilidad de llevar a los clientes a los lugares donde quieran iniciar sus excursiones en helicóptero. Una opción más discreta pero igualmente lujosa es el Royal Canadian Lodge (www.charltonresorts.com).
Ya en Jasper, dos opciones especiales. La primera, el The Fairmont Jasper Park Lodge (www.fairmont.com). Qué se puede decir de él cuando sabe que es el preferido por algunos miembros de la familia real británica en sus frecuentes visitas a las Montañas Rocosas Canadienses. Líder en la industria hotelera mundial, los complejos de la lujosa cadena Fairmont Hotels & Resorts, repartidos por todo el mundo, llevan un sello distintivo y tienen gran reputación por su excelencia. En el caso que nos ocupa, se trata de un gran complejo de cabañas de lujo en un entorno de cuento de hadas. Todas las cabañas son grandes, las habitaciones amplias, el servicio excelente y las vistas inolvidables. La segunda opción es el Alpine Village Jasper (www.alpinevillagejasper.com), que permanece abierto de mayo a octubre. En el corazón de un gran y espeso bosque de pinos, junto al río Athabasca, sus 48 cabañas de madera ofrecen panorámicas espectaculares al propio río Athabasca con el monte Edith Cavell como maravilloso telón de fondo. Aquí es habitual recibir la visita de diversos grupos animales, como los alces, pues no temen la presencia de humanos. Impresionante su piscina al aire libre, de agua caliente.