Yosemite [Estados Unidos]: Bajo la sombra de “El Capitán”

La época ideal para visitarlo es primavera, cuando las cascadas de Yosemite Valley alcanzan su plenitud.

La Sierra Nevada californiana es un impresionante y bellísimo farallón que recorre de norte a sur el centro del estado. En uno de sus valles más recónditos, tapizado de praderas y bosques y rodeado de paredes de granito vivían los indios ahwahneechee. La belleza del entorno no aplacaba la fiereza de sus habitantes que eran conocidos por las tribus vecinas como los yosemite (pronunciado “yosémiti”), que en miwok significa “los que matan”. Cuando, con la fiebre del oro, llegó el hombre blanco, éste se sintió tan fascinado por el valle que persiguió a los ahwahneechee y desplazó a los supervivientes a las reservas.

En una época en la que la conciencia medioambiental aún andaba en pañales, un apasionado de Yosemite, John Muir, comenzó una campaña que desembocó en la creación del tercer parque nacional y en la fundación de la primera organización ecologista de Estados Unidos, el Sierra Club. Más tarde, Muir se llevó de acampada por Yosemite al presidente Roosevelt y, tras el viaje, no le fue difícil conseguir que el gobierno federal acogiera bajo su protección toda la superficie del parque. Rodeado de bosques protegidos, Yosemite encuentra su continuidad en el Sequoia and Kings Canyon National Park, lo cual permite continuar el recorrido por las maravillas de la Sierra Nevada californiana. Yosemite Valley es la zona más conocida del parque y, aunque en temporada alta parezca más un merendero que una zona protegida, su visita resulta imprescindible. Está dominado por las moles graníticas de El Capitán y el Half Dome, cuyas paredes verticales son un regalo para los aficionados a la escalada en roca. Varias cascadas caen cientos de metros desde las paredes circundantes hasta el río Merced, que surca la superficie casi plana del centro del valle. Tunnel View, en la entrada este del parque, es el mirador desde donde se obtiene la vista más típica, de postal. Su alternativa más famosa es la carretera que sube a Glacier Point, desde la que se obtiene una panorámica elevada del valle.

Cada estación tiene su encanto

Junto a Yellowstone, es el más legendario de la red de parques nacionales, también uno de los más visitados puesto que se encuentra a unas pocas horas por carretera de las metrópolis de San Francisco y Los Ángeles. La época ideal para visitarlo es la primavera, cuando las cascadas de Yosemite Valley descargan el impresionante caudal del deshielo. Se trata de una primavera tardía, pues la nieve en algunos puntos persiste hasta bien entrado mayo. Verano es la temporada alta, por lo que suele estar atestado; sin embargo es un buen momento para explorar las partes menos visitadas del parque a las que solo se llega a pie o en mula. Otoño es también un momento ideal por la belleza de sus colores. En invierno la nieve cubre el parque y algunas de las vías de entrada quedan cerradas, pero la visión del Yosemite aletargado vale la pena. Ahora bien, Yosemite Valley no es ni mucho menos el único encanto del parque, cuya belleza salvaje se aprecia mejor lejos de las rutas más transitadas, en el llamado backcountry. La Tioga Road recorre el corazón del parque de oeste a este y alcanza alturas que superan los 3.000 metros en el Tioga Pass, abierto solo entre final de primavera y principios del otoño. Conduce a los prados de Tuolumne, una versión poco masificada, si bien menos espectacular, del valle de Yosemite; y comunica algunas de las mejores rutas de senderismo.

Menos remota y solitaria es Wawona, en el sur, que es el único asentamiento permanente en Yosemite. Aquí se encuentra Mariposa Grove, un bosque de secuoyas gigantes con algunos ejemplares especialmente espectaculares como el Grizzly Giant, de unos 2.000 años de edad, y muchos otros provistos de nombres algo horteras como El soltero y las tres gracias o La pareja fiel.

Osos negros, piel canela

Las autoridades del parque dedican grandes esfuerzos a concienciar a los visitantes sobre lo que denominan “bear etiquette”. No es de extrañar puesto que Yosemite es tierra de osos negros, criaturas cuya relación con los humanos se basa en el muy californiano vive y deja vivir. Sin embargo, comparten una debilidad con el resto de la nación: la comida basura. La imagen del Oso Yogui zampándose las “canastas de emparedados” es en la realidad mucho más dramática. Los osos tienen un gran olfato y no dudan a la hora de destrozar coches, tiendas de campaña o mochilas para conseguir comida fácil y deliciosa para sus estándares. Los que se acostumbran a merodear por aparcamientos y campamentos pierden el respeto por los humanos y, a menudo, han de ser sacrificados. Por nuestra seguridad y la de los osos, las distintas estaciones de rangers alquilan por una módica cantidad “bear cans”, cajas donde meter la comida a prueba del olfato y las garras de estos plantígrados.

Yosemite sumergido

El valle de Hetch Hetchy, en la parte norte, podría competir en belleza con Yosemite Valley de no haber sido sumergido por un embalse construido en los años 20. Algunos habitantes de la muy sensibilizada San Francisco aún sienten mala conciencia cuando beben el agua o consumen la electricidad que les proporciona esta presa a casi 300 kilómetros de distancia. Por ello, a lo largo de los años se han sucedido las propuestas, más o menos serias, de derribar la presa para recuperar el lecho del valle, algo que según los estudios sería posible en un relativo corto plazo. Sus partidarios argumentan que además de reconquistar un paraje natural de gran belleza, la recuperación de Hetch Hetchy permitiría descongestionar el muy presionado Yosemite Valley. El Sierra Club es el más activo partidario de este proyecto, que constituyó la última batalla, perdida, de John Muir.

Hoteles: Sentir el corazón del parque

Aunque existen muchas posibilidades de alojamiento en los alrededores del parque, vale la pena pasar al menos una noche dentro de Yosemite. Todos los alojamientos son gestionados por la misma empresa concesionaria (www.yosemitepark.com) y es recomendable reservar con la suficiente antelación. El Ahwahnee es el hotel más lujoso de Yosemite. Construido en los años 20 para aquellos que querían disfrutar de la naturaleza sin perder un ápice de elegancia, entre ellos varios presidentes americanos y hasta la reina de Inglaterra, es un edificio fascinante en su mezcla de estilos que van desde lo indio a lo persa, pasando por el art decó. Aunque uno no se aloje en sus habitaciones de corte clásico, puede optar por probar las exquisiteces de su cocina en el impresionante comedor con vistas a lo mejor de Yosemite Valley.

El más antiguo de los hoteles del parque es, sin embargo, el Wawona, una encantadora construcción en madera blanca más propia de una plantación del sur que del salvaje oeste californiano. Además de las habitaciones victorianas en el pabellón principal, el Wawona dispone de cottages individuales con todas las comodidades, salvo televisión y teléfono. En sus alrededores resulta posible jugar nueve hoyos en el clásico campo de golf integrado en la maravillosa naturaleza circundante.

Puede parecer que dormir en una tienda de campaña es la antítesis del lujo, pero en las remotas praderas y bosques subalpinos de Yosemite, los High Sierra Camps son el equivalente silvestre a un hotel de cinco estrellas y resultan apenas un poco más baratos. Dormir en una cama, tomar una cena caliente y en ocasiones hasta darse una ducha son solo algunos de los pequeños grandes placeres que proporcionan estos cuatro campamentos, situados a lo largo de una senda circular de 70 kilómetros que recorre el corazón del parque. La belleza de estos lugares y la comodidad que supone caminar sin tener que llevar a cuestas equipo de acampada o provisiones, hacen que la demanda sea altísima, por lo que las plazas para cada temporada se sortean entre las solicitudes realizadas en los meses de septiembre y octubre del año anterior. Si no hay fortuna, existen también otras muchas opciones en forma de campings o cabañas para disfrutar del lado más salvaje de Yosemite.