Lago Inle [Birmania]: Un onírico mundo acuático

Los inthas, nativos del lago Inle, se propulsan enrollando un remo en una de sus piernas.

Existen pocos países más desconocidos, más cerrados, más misteriosos que Birmania. Replegada sobre sí misma por gobiernos preocupados por preservar a la población  de las influencias extranjeras perniciosas, pero también rodeada de montañas hostiles y bordeada por una costa inhóspita, Birmania no hace, de hecho, más que proseguir en la actualidad una larga y enraizada tradición de aislamiento. Pero aquí reside, precisamente, su encanto para el visitante.

Ciertamente Birmania conserva un encanto, un misterio, una alegría de vivir incluso, obsoletos, fuera del tiempo, pero todavía muy impregnados en lo profundo de su vida cotidiana con el recuerdo de una civilización difunta. Pero es un país  con unos atractivos turísticos indiscutibles. Y uno de ellos es el lago Inle.

Perdido en el Estado de Shan, en realidad el lago no es muy diferente de los muchos que salpican este universo acuático del sudeste asiático. Pero hay que realizar una inspección detallada. Entonces sí, entonces descubriremos un mundo asombroso poblado por numerosas especies de aves acuáticas y de peces. Merece la pena dedicar algunos días al área del Inle. Situado a 900 metros de altitud y rodeado de montañas, su profundidad oscila entre los 3 y 5 metros. Esta característica determina que su superficie sea un espejo inalterable, de estrafalaria belleza

Cómo se llega

Desde Yangón, Mandalay y Bagán, se puede llegar en avión al pequeño aeropuerto de Heho, situado a diez kilómetros de Nyaungshwe, la principal población del Inle. Además de  concentrar algunos alojamientos y los mejores restaurantes de la zona, es la mejor base de operaciones para recorrer la región. Los más aventureros pueden acercarse por carretera, aunque ello implica un trayecto pesado y largo. Desde Bagan, por ejemplo, hay que calcular unas ocho horas de recorrido.

Qué hacer en el lago

Lo mejor es embarcarse en una de las canoas motorizadas que navegan por el lago. Pueden contratarse en Nyaungshwe. Las canoas motorizadas no llevan asientos, pero sus propietarios suelen poner pequeñas sillas plegables que hacen más cómodo el viaje. Sólo así es posible disfrutar de este maravilloso escenario que se irá abriendo ante nuestros ojos y contactar con los inthas o “hijos del lago”. Poco se sabe de esta cultura, sin embargo en Birmania gozan de enorme fama por haberse adaptado a su entorno como nadie. Los nativos del lago usan un procedimiento para remar que, hasta la fecha, es exclusivo de su ingenio: de pie en la popa, apoyados sobre una pierna, enrollan la otra extremidad en el remo. Ambos, pierna y remo, describen un amplio semicírculo que los impulsa con enorme facilidad. Junto a su capacidad acrobática para remar, los inthas demuestran también que son los más hábiles campesinos acuáticos. Aprovechando la escasa profundidad del lago, se las han ingeniado para crear auténticas islas flotantes. En lugar de cultivar en la orilla del lago, recolectan jacintos, algas y otras plantas acuáticas en su misma superficie. Luego las anclan al fondo con estacas de bambú, creando fertilísimas y maniobrables parcelas de cultivo vegetal de unos tres metros de anchura por cien metros de largo.

En los mercados flotantes

Al lago Inle también se le conoce como el lago de la sonrisa. Y la razón de este calificativo es muy sencilla: sus habitantes son de una hospitalidad que desarma por completo. Si su simpatía y la belleza del lago no fueran suficientes para enamorar al visitante, el toque colorista lo ponen los mercados que rotan cada cinco días por las aldeas del litoral, por lo tanto lo más práctico para saber en qué lugar toca cada vez es preguntar a los autóctonos. Ywama, en la orilla oeste, es uno de ellos, probablemente el más famoso. Aquí todo se compra y se vende desde las embarcaciones.

De monasterio en monasterio. Hay que reservar algunas jornadas del viaje para acercarse a los monasterios budistas que salpican la región. Hay más de cien, pero no hay que visitarlos todos, claro. Con acercarse a dos de ellos es suficiente. El de Nga Phe Kyaung, o Monasterio del Gato Saltarín, es un bello edificio de madera construido sobre pilares. Con un poco de suerte, se tiene la oportunidad de ver la tarea que suele ocupar buena parte del tiempo de los monjes que lo habitan: el entrenamiento de gatos para que salten a través de pequeños aros. El segundo, Paung Daw U, al sur de Ywama, es el monasterio más importante de Inle. Aquí se rinde culto a cinco pequeñas estatuas de Buda.

Las grutas de Pindaya

Es otra de las paradas obligadas en Inle. Se llega por carreteras en mal estado, pero vale la pena. Las grutas de Pindaya son uno de los lugares más sagrados para los birmanos. Abiertas en una pared casi vertical de piedra caliza, en su interior se han ido depositando miles de figuras de Buda a lo largo de los siglos. Se dice que hay más de 8.000 de ellas. Hay que pagar una entrada y una vez dentro el espectáculo es de los que dejan una huella permanente. Por cierto, conviene llevar una linterna porque en algunos tramos las grutas están mal iluminadas y se pierden algunos detalles. Desde arriba, además, la vista sobre el lago Inle es muy bella.

Hoteles: Entorno selecto y económico

Existe una gran oferta de alojamientos en Inle, sobre todo en Nyaungshwe, donde muchas de las pensiones y los hoteles económicos son propiedad de familias locales. Hay gran competencia entre ellos, por lo que si uno es un buen negociador encontrará buenas habitaciones a precios más o menos ridículos.

Los alojamientos más selectos, algunos de ellos realmente idílicos, se hallan en el mismo lago en los alrededores de Nyaungshwe. El Inle Princess Resort (www.inleprincessresort.net), por ejemplo, es el más lujoso que hay en el lago. Se trata de 46 grandes bungalós (27 con vistas al lago y 19 con vistas a un maravilloso jardín) diseñados teniendo en cuenta los más pequeños detalles. Aquí todo es de madera de teka… Todo menos los baños y duchas al aire libre, que están revestidos de piedra. Almohadas de vivos colores, obras de arte originales, flores… son algunos de los detalles de las habitaciones del hotel. El servicio también está a la altura de las circunstancias.

Menos lujosos pero igualmente idílicos son el Golden Island Cottages (I y II) (www.gicmyanmar.com). El GIC I, ubicado en un zona que permite disfrutar de vistas del lago y de las montañas que lo rodean, en Nampan, son grandes bungalós, todas ellos con extensas terrazas y amplias habitaciones. Su restaurante está especializado en cocina china y shan. El éxito de este hotel hizo que sus responsables se decidieran a construir 20 bungalós más, éstos cerca de la localidad de Thale U. Las instalaciones del GIC II son aún más tranquilas, ya que están más cerca de la orilla y quedan más alejadas del ruido de las barcas.

Otras buenas opciones son el Myanmar Treasure Resort (www.myanmartreasureresort.com) y el Paradise Inle Resort (www.inleparadise.com), ambos cerca de Mine Thauk. En ambos casos se trata de bungalós lujosos flotantes, con amplias terrazas, y con restaurantes especializados en cocina china y shan.

En todos los ejemplos citados, un servicio exclusivo de los hoteles se encargan de los traslados de sus huéspedes desde la localidad de Nyaungshwe, la puerta de entrada para descubrir la región del lago Inle.