Palawan [Filipinas]: La belleza de lo remoto

La provincia de Palawan es la más grande de Filipinas, con 1.768 islas e islotes rodeados de corales.

Tierra de promisión, la llamó Antonio Pigafetta, el cronista de Magallanes. Y hoy, casi quinientos años más tarde, sigue sumando elogios y reconocimientos, entre otros el de Reserva de la Biosfera. Palawan es una gran isla, la quinta en extensión de Filipinas, pero es también el nombre de la provincia más grande del país, con 1.768 islas e islotes rodeados de corales. El clima tropical y la insularidad explican la excepcional riqueza biológica de esa región del planeta. En 1993, la Unesco inscribió en el Patrimonio Mundial el Parque Nacional Marino del Arrecife de Tubbataha, situado en el mar de Sulu, y en 1999, el Parque Nacional del Río Subterráneo de Puerto Princesa, al noroeste de la capital de Palawan.

La mejor época para visitar Palawan va desde noviembre hasta primeros de junio, evitando la estación lluviosa –de junio a septiembre– que puede malograr el disfrute de las playas de arena blanca, las selvas tropicales y los transparentes fondos marinos. Se trata de un lugar remoto, incluso para los propios filipinos, y más aún cuanto más al sur, un territorio ocupado por la densa selva y los pueblos indígenas que queda prácticamente off limits para el viajero occidental. Este tiene dos opciones a la hora de planear su viaje: o vuela directamente desde Manila al aeropuerto más cercano y al resort de su elección u opta por un recorrido más amplio por el norte de la isla que implica, eso sí, una sucesión de malas carreteras y largos trayectos en bangka, el medio local de transporte marítimo por excelencia.

Un río subterráneo

Varias compañías vuelan desde Manila a Puerto Princesa, capital de la isla, en apenas hora y media de vuelo. Pese a que la ciudad es un útil centro de transporte, sus mayores encantos se encuentran en los alrededores. A unos 50 kilómetros al noroeste nos espera la primera sorpresa: el Parque Nacional del Río Subterráneo, un espectacular paisaje cárstico de piedra caliza con 11 ecosistemas diferentes, de norte a sur, a lo largo de la costa oeste de la isla. Crestas, flechas, dolinas y acantilados se combinan con bosques húmedos, lechos de praderas marinas y arrecifes de coral. El parque cobija numerosas especies animales en peligro, como el faisán azul de Palawan, la nutria oriental, la civeta o el tejón malayo, pero la atracción estrella es, sin duda, el Cabayugan, un río que desaparece bajo el Monte de Saint Paul y fluye bajo tierra a lo largo de 8,2 kilómetros, serpenteando a través de cuevas y de formaciones de estalactitas y estalagmitas, antes de desembocar, directamente, en el mar de China. El río mezcla el agua dulce con el agua salobre y, en su punto más bajo, se ve sometido al efecto de las mareas. Desde Sabang, el viajero puede tomar un pequeño barco que llega hasta la entrada de la cueva fluvial y allí dejarse llevar en canoa, a la luz de una linterna, por un laberinto navegable de roca y de agua donde merodean murciélagos y golondrinas. En el exterior, un sendero perfectamente señalizado recorre las selvas bajo las cuales fluye el río. También cerca de Puerto Princesa, pero en el mar opuesto, el de Sulu, la bahía Honda adelanta algunos de los placeres que nos reserva el trópico.

La perfección de lo tropical

Y es que los mayores encantos de Palawan se encuentran en sus costas y sobre todo en las islas que bordean su extremo norte. El eidos de paraíso tropical encuentra aquí su representación tangible con el añadido de un desarrollo turístico limitado y generalmente respetuoso con la naturaleza. Es el caso de la zona de El Nido, el destino turístico más popular de Palawan. No es extraño, porque ésta es la puerta a los islotes salvajes de la bahía de Bacuit, un espacio comparable a otros mitos del sudeste asiático que comparten la misma placa tectónica: la bahía vietnamita de Halong y las islas tailandesas de Phuket y Krabi. Las formaciones de caliza, dominando las aguas azul turquesa de pequeñas playas de arena blanca y horadadas por pequeñas lagunas, crean mundos tan mágicos como el de la Secret Beach de Matinloc, a la que se solo se accede tras bucear por un agujero entre las rocas.

Buceo: la región más transparente

A unos 150 kilómetros de Puerto Princesa, en el mar de Sulu, se encuentra el Parque Nacional Marino del Arrecife de Tubbataha, un área protegida de casi 100.000 hectáreas de hábitats marinos, con tres atolones y una amplia zona de alta mar. Los ecosistemas del arrecife contienen algunas especies clave, como ballenas, delfines, tiburones, tortugas y peces Napoleón. Hay también más de 350 tipos de coral y una importante colonia de anidamiento de aves marinas. El arrecife de Tubbataha y el cercano de Basterra sólo son accesibles, de febrero a junio, en viajes organizados.  Varias compañías (más información: www.tubbatahareef.org) organizan cruceros hacia Tubbataha, que está considerado como auténtico paraíso para los aficionados al buceo. Más accesible, pero también muy interesante para los buceadores es el grupo de islas Calamian. Durante la Segunda Guerra Mundial la aviación americana hundió aquí un grupo de barcos de la marina japonesa que fondeaba en aguas poco profundas y de cuyos restos disfrutan ahora los buceadores de pecios.

Hoteles: Robinsones del lujo

Los archipiélagos que rodean la isla de Palawan esconden parte de los resorts más encantadores y alejados del mundanal ruido del sudeste asiático. Algunos, como el Amanpulo (www.amanresorts.com/amanpulo), forman parte también de los más exclusivos. Situado en Pamalican, una isla privada en medio del mar de Sulu, al Amanpulo solo se puede llegar en un avión fletado por la cadena hotelera, que cuenta con su propia sala vip en el aeropuerto de Manila. Una vez en la isla, el huésped disfruta de su propia “casita” con todas las comodidades, de más de cinco kilómetros de playa en los que perderse del resto de residentes y hasta de un coche eléctrico para recorrerlos. El esmero del servicio está acorde con unas tarifas que van desde los 800 a los 4.500 dólares por noche. Todo un lujo.

Otro clásico, más asequible, de Palawan es el Apulit Island Resort (www.elnidoresorts.com), hasta hace poco llamado Club Noah Isabelle. Sus huéspedes se alojan en confortables palafitos plantados sobre las aguas de la isla Apulit en la bella bahía de Tatay, al noreste de la isla.

Muchas veces, cuando los viajeros maravillados se refieren a Palawan quieren decir Bacuit. Este archipiélago de pequeñas islas en la parte noroccidental cuenta con varios ejemplos de alojamiento hedonista entre los que destacan el Miniloc, que ocupa la isla del mismo nombre famosa por sus lagunas, y el Lagen, situado en la preciosa playa formada por bajo el acantilado cárstico. Ambos son también propiedad de El Nido Resorts.

Todos los alojamientos mencionados incluyen el transporte por carretera y barca a sus respectivas islas. También ofrecen actividades acuáticas como kayak, vela o esnórquel y, aunque algunos ofertan submarinismo con botellas, los aficionados a esta práctica suelen dirigirse al grupo de islas Calamian, un paraíso para los buceadores de pecios. El Sangat Island Dive Resort (www.sangat.com.ph) es el más cercano a la mayoría de los buques japoneses hundidos, y ofrece material y clases. Cuenta con cabañas básicas a precios asequibles en una preciosa playa. Para los que quieran una experiencia de auténtico Robinsón, el Sangat alquila por meses una cabaña aislada en otra parte de la isla con su propia playa privada. Eso sí, con nevera, electricidad con paneles solares y un kayak en la puerta por si algún día apetece volver a la civilización.