Pokhara [Nepal]: La placidez del Annapurna

El Annapurna I (8.091 m.), el décimo pico más alto del mundo, es de los más peligrosos de escalar.

Hace 50 años a Pokhara solo llegaban las caravanas procedentes del Tíbet y la India y algún que otro viajero occidental, en busca de los últimos lugares sin explorar, que recorría a pie los 200 kilómetros que le separan de Katmandú al este. Hoy Pokhara es, junto a la capital, el principal destino para los visitantes de este relativamente pequeño país que se extiende alineado en paralelo con la cordillera más alta del mundo, el Himalaya.

Una ubicación maravillosa, a orillas del Fewa Tal y con vistas del macizo del Annapurna desde varios puntos de la ciudad, hace de Pokhara un destino paradisíaco en sí mismo. Pese a esa relación a distancia con algunas de las montañas más altas y extremas del mundo, Pokhara es todo placidez, con un clima suave solo alterado por el cataclismo periódico del monzón durante el verano nepalí.

El reflejo del Annapurna

Las montañas representan el principal imán que atrae cada año a miles de extranjeros a Pokhara. El Annapurna I (hay otros cinco Annapurnas en el macizo) es, con solo 8.091 metros de altura, el décimo pico más alto del mundo, pero estadísticamente se mantiene como el más peligroso. Aproximadamente, cuatro de cada diez alpinistas que han intentado coronarlo no han vuelto para contarlo. En comparación el mítico Everest es un paseo con solo un 7,5 por ciento de fallecidos. Más inaccesible aún es el Machapuchare, cuya figura perfectamente triangular que le da el nombre de “cola de pez” constituye uno de los iconos de Pokhara, pero no por alto (7.000 metros) o por peligroso, sino por sagrado. Como tal está prohibido ascenderlo.

La mística de las cumbres está fuera del alcance de la mayoría de los visitantes de Pokhara. Sin embargo, la ciudad es el punto de partida y regreso para una de las pocas aventuras reales pero asequibles que aún perduran en pleno siglo XXI. La ruta circular del Annapurna, que rodea el macizo del mismo nombre, representa una especie de meca para todo senderista y constituye, junto a la subida al campo base del Everest, la senda más mítica de un país legendario para los caminantes. Recorre caminos utilizados durante siglos por comerciantes tibetanos y nepalíes, por lo que añade a la espectacularidad de los paisajes el contacto con los habitantes y formas de vida de los pueblos del Himalaya.

La presencia de alojamientos, las llamadas “tea houses”, a lo largo de todo el camino hace más llevaderos los aproximadamente 20 días que exige el recorrido completo. La ruta es factible para personas en buena forma física y mental, y tiene su mayor dificultad en el cruce del paso Thorung La, a 5.416 metros, que requiere un período de aclimatación para evitar el mal de altura. En los últimos años la construcción de carreteras a lo largo de la ruta ha llevado a muchos a presagiar su desaparición, aunque, con varios tramos aún por completar, mantiene, al menos en el corto plazo, gran parte de su encanto.

Relax o aventura

Pokhara constituye el anhelado reposo de los cientos de caminantes que vuelven con pies y rodillas destrozados tras haberse sometido al complicado circuito del Annapurna. El ambiente es mucho más relajado que en la ruidosa y contaminada ciudad de Katmandú, y los numerosos cafés y bares en la zona de Lakeside, junto al lago, son el lugar ideal para disfrutar de las vistas e intercambiar relatos, casi siempre interesantes, con otros viajeros. Pero Pokhara cuenta también con su propia y extensa oferta de aventuras de primera.

Para quienes no se sientan preparados o con ganas de afrontar rutas de varios días, las subidas al monte Sarangkot o a la World Peace Pagoda constituyen un buen ejercicio que se ve recompensado con vistas espectaculares sobre el lago y las montañas. Más adrenalítica es la opción de iniciarse en el parapente, cuyos placeres son evidentes en un paisaje como el de Pokhara, y que cuenta aquí con una variante original, el parahawking o paracetrería, en el que las rapaces acompañan a los hombres voladores mostrándoles las corrientes térmicas y posándose en sus puños en pleno vuelo para obtener sus recompensas. El rafting es también una actividad popular con buenos descensos en las aguas del río local, el Seti.

La importancia del camino

Llegar a Pokhara puede suponer una aventura en sí misma. Las seis horas de autobús que lleva recorrer los 200 kilómetros que la separan de Katmandú combinan bellos paisajes con ciertas dosis de riesgo. Viajar en avión puede resultar también azaroso, pero añade panorámicas inolvidables de las estribaciones del macizo del Annapurna y los valles centrales nepalíes. Para evitar al máximo las complicaciones y para disfrutar del mejor tiempo y de cielos despejados que no nublen las vistas, lo más conveniente es evitar los meses de verano y acudir en otoño o primavera. El invierno no resulta especialmente frío en Pokhara, pero no es el mejor momento para quienes planeen lanzarse a las alturas del circuito del Annapurna..

Hoteles: Muy cerca del cielo

Lakeside, la orilla norte del lago Fewa, agrupa la mayoría de los alojamientos de Pokhara, así como los restaurantes, bares y cafés para occidentales. Los orígenes de Nepal como destino hippy perviven en multitud de establecimientos orientados al cliente con mochila, aunque no faltan opciones más confortables pero igualmente sencillas, donde las mayores diferencias las marcan las vistas sobre el lago y las montañas y la disponibilidad del agua caliente. Una excepción es el Fish Tail Lodge (www.fishtail-lodge.com), un resort a orillas del lago cuyas habitaciones han alojado a algunos de los huéspedes más ilustres de Pokhara. El excéntrico pero agradable Castle Resort (www.pokharacastle.com) es otra buena opción para los que buscan tranquilidad a una distancia razonable de los servicios de Lakeside.

Las opciones más lujosas se encuentran en las afueras de Pokhara y compensan su a veces difícil acceso con vistas privilegiadas y privacidad en medio de la naturaleza. Es el caso del Tiger Mountain Pokhara Lodge (www.tigermountain.com), un establecimiento ecológico cuya situación, sobre una colina a diez kilómetros de la ciudad, promete panorámicas inolvidables desde los porches de sus bungalós. El Machapuchare se refleja aquí en la piscina infinity. También en las afueras, a orillas del tranquilo lago Begnas, se encuentra el Begnas Lake Resort (www.begnaslakeresort.com), un lugar perfecto para olvidarse del mundo mientras se practica yoga en su pabellón junto al agua.

Quienes emprendan el circuito del Annapurna no pueden esperar grandes lujos, aunque algunas tea houses, que en los inicios ofrecían poco más que un té y un camastro al viajero, han mejorado mucho su oferta de alojamiento y comida. En cualquier caso, contar con una cama y una cena caliente tras varias horas de subidas y bajadas por el Himalaya es todo un privilegio. Algunas agencias especializadas ofrecen también la posibilidad de realizar la ruta al viejo estilo, con guías y porteadores que montan el campamento y se ocupan de la comida al final de cada jornada.