Franschhoek [Sudáfrica]: La esquina de los hedonistas

En esta zona de Sudáfrica los paisajes combinan los viñedos con abruptas cadenas montañosas.

Franschhoek, “la esquina de los franceses” en afrikaans (el idioma de los descendientes de los colonos holandeses), recibe su nombre por los hugonotes franceses que se establecieron en esta comarca en el siglo XVIII huyendo de las persecuciones religiosas del viejo continente. Ya nadie habla francés, pero los hosteleros de la zona han adoptado gustosos la sonoridad de este idioma para bautizar sus bodegas, restaurantes y pequeñas villas, en las que regalarse unos días de placer, gula y comodidad. Un paraíso para hedonistas tranquilos, rodeado de paisajes espectaculares que combinan con insólita perfección la placidez de los viñedos y el minimalismo de casas blancas con abruptas cadenas montañosas de verticalidad amenazadora.

Iberia vuela desde España a Ciudad del Cabo, vía Johannesburgo. Se pueden contratar los servicios de Winelands Experience (www.winelands.travel) para cubrir los traslados entre Ciudad del Cabo y Franschhoek o para alquilar un coche con el que moverse por la comarca. También permite organizar paquetes a medida para conocer la comarca.

La vida pausada

Desde luego que no se trata del lugar más animado del continente africano. Es, más bien, el remate perfecto después de unos ajetreados días y noches en la bulliciosa Ciudad del Cabo. Franschhoek es un destino de escapada romántica, de pequeños pueblos de arquitectura colonial que quedan desiertos después de servir la última cena. El esquema del viaje es sencillo: comer en algunos de los mejores restaurantes del país, caminar entre viñedos rodeados por montañas fortificadas, disparar bolas de golf al horizonte y remolonear en la piscina con una copa de vino Shiraz, blancos Chardonnay o quizá espumosos que mezclan ambas uvas. En el plato, sabores y estética de bistró francés, con aportaciones locales e influencias eclécticas traídas de la mano de jóvenes chefs sudafricanos y extranjeros que han utilizado esta remota región como base de pruebas de vanguardia de la cocina del país. Así es la vida en una de las ciudades más antiguas de la República de Sudáfrica.

Coches antiguos y vinos

Los amantes del motor encontrarán un inesperado placer en esta comarca: la colección de coches vintage del magnate Anton Rupert, el dueño de Cartier y Montblanc, entre otras firmas, y uno de los responsables de la modernización del sector vinícola sudafricano. Junto con el barón Edmond de Rotschild, Rupert fundó la sociedad Rupert & Rotschild Vignerons, alguna de cuyas bodegas, como La Motte y L’Ormarins, se pueden visitar en Franschhoek. Volviendo a los coches, la colección está compuesta de 80 vehículos, incluyendo motocicletas y bicicletas, que abarcan más de un siglo. Bajo el nombre de Franschhoek Motor Museum (www.fmm.co.za), se encuentra detrás de la bodega L’Ormarins y cuenta con modelos fabulosos como un Austro Daimmler Bergmeister rojo y negro de 1935. Y siguiendo con el buen vino, Pierre Jourdan and Haute Cabrière (www.cabriere.co.za) es la bodega más famosa de la región. Elabora tintos Pinot Noir, blancos Chardonnay y espumosos con mezcla de ambas uvas, además de organizar catas y visitas guiadas que culminan con una contundente comida en el restaurante bajo la montaña. La cocina de Matthew Gordon es sublime.

Bodegas con personalidad

El tamaño importa y en Franschhoek todo tiende a una proporción diminuta y acogedora. La gran mayoría de los productores de vino son pequeñas bodegas, algunas de ellas regentadas por profesionales de Ciudad del Cabo y Johannesburgo que un día se hartaron de sus trabajos en la gran ciudad, compraron unas hectáreas de viñedos y se vinieron con sus familias a esta esquina de los franceses a empezar de nuevo. Gente como Dieter Sellmeyer, que muestra sus instalaciones de las bodegas Lynx en perfecto español con acento mexicano. También granjeros de Zimbabue, expropiados por Mugabe, que cruzaron la frontera e intentaron maridar el vino con el safari. Es el caso de los dueños de Quaggas Drift, una inclasificable mezcla de cabañas rodeadas de animales de la sabana como cebras y ñus. Se puede pasear tranquilo por la noche, no hay noticia de avistamiento de leones y otras bestias.

Una parada en Stellenbosch

La comarca es pequeña, pero el coche es imprescindible. Es recomendable alquilar un coche para moverse, a no ser que prefiera fortificarse en su villa con un libro y una botella de vino. Franschhoek se encuentra a tan solo 83 kilómetros por carretera de Ciudad del Cabo, en un cómodo viaje de una hora. Por el camino es recomendable parar en Stellenbosch, que acoge una de las universidades más prestigiosas del país. Merece la pena pasear por sus calles arboladas, flanqueadas de edificios de arquitectura colonial y animadas terrazas plagadas de jóvenes hiperhormonados, con apariencia de haber nacido con la única intención de comerse el mundo y a sus habitantes.

Hoteles: Reposo culinario

Un par de noches es tiempo suficiente para conocer esta región de descanso y experiencias culinarias. La oferta hotelera es amplia y exquisita. Encontrará pequeños hoteles y villas para alquilar, tanto a lo largo de la calle principal del diminuto pueblo como en las colinas de alrededor. Villa Pass (www.franschhoekpassvilla.co.za) es una pequeña villa rodeada de viñedos, sin más vecinos que la casa de los dueños de la bodega, lo suficientemente alejada y escondida como para sentirse en la más absoluta intimidad. Tiene dos amplias habitaciones, salón y cocina. En la terraza, con vistas espectaculares, hay una pequeña piscina y un tee junto a un cesto de bolas de golf para intentar derribar el atardecer sobre las montañas. Imposible no fantasear con el hecho de quedarse a vivir aquí. Le Quartier Français (www.lequartier.co.za) es un pequeño hotel del grupo Relais & Châteaux. Dispone de quince habitaciones y seis suites, piscina y Spa. Consta de dos restaurantes a cargo de la chef holandesa Margot Janse. Se trata, posiblemente, de la experiencia culinaria más sorprendente de la región. Dieu Donné (www.dieudonne.co.za), que cuenta con una ubicación excepcional en lo alto de una colina, posee bodega, hotel y restaurante con grandes ventanales. Sencillos placeres como disfrutar de una cerveza orgánica o de un bonito atardecer son algunos de los lujos que ofrece este establecimiento. También destaca el hotel The Last Word Franschhoek (www.thefranschhoek.com), una residencia histórica ubicada en una zona residencial tranquila, en el mismo centro del pueblo vinícola, que cuelga las cinco estrellas. Compuesto por tres habitaciones superiores y tres suites, la atención personalizada está garantizada en este hotel boutique de encantadora decoración. Por último, Le Franschhoek Hotel and Spa (www.lefranschhoek.co.za), inmerso en el corazón de Cape Winelands, es un hotel de lujo con 63 habitaciones –25 son suites y dos son exclusivas villas– que fusionan clasicismo y minimalismo. Emplazado junto a las montañas de Franschhoek, cuenta con el Camelot Spa y el restaurante Le Verger entre sus instalaciones.