Hvar y Vis [Croacia]: Las más admiradas del Adriático

Una de las pequeñas y curiosas islas croatas que salpican el Adriático, situada justo frente a Hvar.

La manera más recomendable de llegar hasta Hvar es embarcando en uno de los numerosos ferries que parten desde el puerto de Split, emplazado junto al palacio del emperador Diocleciano. Arribar a esta isla bautizada por los griegos como Pharos y llamada Fara por los romanos (los eslovenos sustituyeron la f por hv y suprimieron la a del final) es una bucólica experiencia que nos sumerge en una recoleta ensenada, donde el pino mediterráneo y los numerosos viñedos plantados en terrazas se funden con interminables campos de lavanda. Ya en tierra, la opción más práctica para recorrer la isla es el coche de alquiler. Veinte minutos sobran para llegar desde el puerto de desembarque hasta Stari Grad –“ciudad antigua” en croata– que, junto con Hvar, conforman los dos núcleos urbanos más importantes. De piedra caliza en su mayoría, el casco histórico de Stari Grad se presenta como un laberíntico complejo medieval donde el principal reclamo turístico es la casa del poeta renacentista Petar Hektorovic, padre de la poesía realista en Croacia. Dentro de esta agradable villa palaciega podemos leer numerosas inscripciones en piedra y poemas sueltos que adornan una pintoresca piscina de agua salada que preside el patio de lo que otrora era la vivienda.

Glamour e historia

Por manido que suene el tópico, Hvar es una isla para disfrutar con todos los sentidos. Un buen hilo conductor para este viaje sensorial es la carretera que une Stari Grad con Hvar. Dejamos la versión más histórica de la isla para acercarnos a la localidad con más glamour del Adriático. Para asimilar este brusco cambio, merece la pena recorrer con detenimiento el pictórico itinerario. Sin perder de vista el asfalto, una mirada periférica nos contextualiza entre inmensos campos de lavanda, permitiéndonos disfrutar de un paisaje aromático de líneas suavizadas, y de una brisa marina que intensifica el aroma de la lavanda y suaviza la aspereza del sol.

En apenas 40 minutos de trayecto, la localidad de Hvar aparece en escena. Este precioso enclave portuario recibe al visitante con la plaza de la catedral de San Esteban como epicentro social. Cerca de San Esteban, de interior sobrio y procesiones mundialmente conocidas, se erige el primer teatro municipal edificado en Europa, cuyo origen data de 1612.

En los aledaños, varios puestos de vendedoras de lavanda se entremezclan con los cafés y bares que, paralelos a los amarres del ajetreado y exclusivo puerto deportivo, forman la zona más de moda de la isla. Sobre el puerto, en lo alto de la colina que preside Hvar se encuentra la Fortaleza Española–llamada Spanjol–, ideada por un arquitecto militar hispano. Dada su altitud, ofrece las mejores vistas de la ciudad, de su puerto y del archipiélago de Pakleni, cuyas islas se conocen también como las Diabólicas.

Entre los sitios más concurridos de la selecta zona portuaria encontramos el Hotel Riva, que adopta el nombre de la riva –paseo marítimo– donde se halla. Al lado de este estiloso hotel boutique está la sofisticada terraza lounge de la discoteca Carpe Diem (imprescindible para las infinitas noches croatas y toda una institución para la beautiful people) y, un poco más retirado, se levanta el Monasterio de Santa María de la Misericordia. En este monasterio existe un misterioso fresco de La última cena que preside una de sus salas. Si observamos con detenimiento su esquina inferior derecha, haciendo un extraño juego de claroscuros se intuye un enigmático rostro que los guías de la zona invitan a fotografiar. En el jardín del monasterio vive un ciprés de más de 250 años que sobrevivió a un rayo. La descarga eléctrica retorció su figura dotándolo de unas formas inconcebibles para un árbol de su especie.

Vis, el encanto de lo inalterado

Una de las sorpresas más gratas que nos brinda el Adriático es Vis, la isla más occidental. Su encanto radica en que, por cuestiones político-militares, se ha escapado del turismo indiscriminado. Ocupada a lo largo de la historia por romanos, griegos, bizantinos, eslavos y venecianos, su patrimonio tiene significativas huellas de cada periodo, perfectamente visitables en una jornada dedicada al turismo cultural. No obstante, el encanto de Vis radica en el relax que permite, al más puro estilo mediterráneo. A principios del siglo XX, franceses, austriacos, ingleses y finalmente los partisanos de Tito, conscientes de su importancia estratégica desde el punto de vista militar, centraron sus esfuerzos en afianzarse en la isla, convertida en base marcial hasta su apertura al público en el año 1998. Es ahí donde reside su belleza, ya que comparte rasgos comunes con otras islas del Adriático como la citada Hvar o Korcula, pero con la virtud de haberse mantenido alejada de la industria del sol y playa. Su paisaje, de monte bajo, dunas, fértiles valles y extensos viñedos, está salpicado por dos núcleos urbanos, Vis y Komiza, en los que apenas viven 3.500 personas. Hoy por hoy, es todo un lujo encontrar un pueblo que conserve la esencia que hace válida la expresión el Mediterráneo tal como era de la que tanto hacen gala las oficinas de turismo del país.

Hoteles: Para ver y ser visto

La zona del puerto de Hvar es donde hay más actividad turística. En ella encontramos las terrazas de los restaurantes de pescados y mariscos más prestigiosos, así como la discoteca más glamourosa de la isla, The Top.

Adriana Hvar Spa Hotel, perteneciente a la cadena Suncani Hotels (www.suncanihvar.com), se encuentra en la zona alta del puerto, junto al fuerte español. Catalogado como un cuatro estrellas, este hotel de reciente apertura compagina lujo con aires renovadores basados en líneas rectas, ambientes limpios y luces que inundan de color cada dependencia. Un baño en la piscina de su azotea, con el puerto de Hvar a los pies, es solo comparable a una distendida velada en la terraza, con ritmos de música chill out de fondo. Un completo Spa y unas suites decoradas con todo tipo de detalles también forman parte del compendio de virtudes del establecimiento. El hotel cuenta con 50 habitaciones superiores y nueve Spa suites. Las superiores son habitaciones de 21 m2, equipadas con todo lujo de detalles y cama king size. Las suites, el doble de grandes que el resto, disponen además de bañera con hidromasaje. En función de la ubicación, las habitaciones pueden contar con vistas al puerto o a la ciudad antigua, todo un espectáculo en cualquiera de los casos. Aunque no hay que olvidar que también la catedral, la plaza veneciana, el teatro municipal y los barcos amarrados en el puerto, pueden presumir de tener vistas al hotel Adriana, miembro de Leading Small Hotels of the World y todo un sinónimo de exclusividad y estilo.

El Hotel Riva, nombre que recibe de la riva –paseo marítimo del puerto–, es una interesante alternativa. También perteneciente a Suncani, este coqueto establecimiento conjuga el tradicional aroma a lavanda y sal de la isla con las nuevas tendencias que impregnan de moda todos los rincones de la ciudad antigua. A diferencia del exclusivo ático del Adriática, la terraza del Riva está ubicada en pleno paseo y es un elegante lugar para mirar y ser visto mientras se toma el pulso a la parte más turística de la isla.