Lago Como [Italia]: El reposo del guerrero

Las opulentas mansiones de la orilla Oeste tienen vistas a los pueblos tradicionales y pesqueros del lado Este.

Churchill, Anakin Skywalker, Gerard Piqué… ¿Qué tienen estos personajes tan dispares en común? Que todos ellos acudieron al Lago Como para disfrutar de un merecido descanso, con buena compañía, ya fuera tras vencer una guerra mundial, derrotar al lado oscuro o ganar la Liga española. Y es que este lago glaciar a 50 kilómetros de la opulenta ciudad de Milán lleva siglos atrayendo a los que, cuando los trópicos aún parecían inalcanzables, buscaban un paraíso cercano en el interior de la Lombardía.

Aquí el glamour fluye de manera natural, fruto de una historia que ha combinado desde hace siglos la belleza del paisaje con la producida por el hombre en las villas y jardines ribereños. No es de extrañar la fascinación que el Lago Como ejerce entre las filas hollywoodienses. A diferencia de los miamis, bermudas y belairs este lugar aporta un sentido de trascendencia cimentada en las profundidades del lago y retenida entre las abruptas laderas que lo contienen.

Un lago con dos vertientes

Con una forma de Y invertida, el Como se ramifica en dos vertientes con un carácter bien diferente. La de Lecco al Este es la menos turística puesto que cuenta con un paisaje más austero y un legado industrial que pervive en factorías como la de Moto Gucci, que aún fabrica sus característicos modelos en el pueblo de Mandello del Lario.
La rama Oeste del lago alberga los principales atractivos de la zona y parte de la ciudad de Como. La capital de la comarca es una localidad interesante y tranquila que hace las veces de centro del transporte regional por lo que constituye una buena base para la exploración del lago. Pero para encontrarse con el Como de las estrellas lo mejor es coger uno de los batelli y navegar al norte entre los pueblos ribereños.

La ruta de las estrellas

La soleada orilla oeste es la que la mayor parte de los ricos y famosos consideran como un segundo hogar. Aunque no se sea un fanático del papel couché la habitualmente refinada opulencia de las villas y la belleza de sus jardines resulta fascinante. También entre la jet-set hay clases y si Villa Oleandra, el retiro de George Clooney, impresiona, Villa La Casinella, propiedad de Richard Branson, la eclipsa con sus pabellones rodeados de cipreses, el embarcadero privado o el helipuerto donde aterriza de cuando en cuando el magnate de Virgin.

Berlusconi, Rupert Murdoch o Sting son algunos de los miembros de esta exclusiva comunidad, aunque para los lugareños el epicentro del glamour sigue estando en Villa Le Fontanelle, la mansión en la que el fallecido Gianni Versace recibía a amigos como Diana de Gales, Madonna o Elton John. Ahora es propiedad de un millonario ruso que, como tantas otras nuevas fortunas, pagó millones de euros no sólo por un retiro lujoso sino por unos cuantos miles de metros cuadrados de estatus.

Más allá de las villas

Afortunadamente para el visitante no todo el encanto de Como permanece encerrado en las inexpugnables villas de los ricos y famosos. Varias mansiones históricas están abiertas al público como Villa Carlotta, cuyos fantásticos y extensos jardines remiten a oriente. En Bellagio, la capital no oficial del lago en la confluencia de sus dos vertientes, Villa Melzi y Villa Serbelloni, compiten en belleza gracias a sendos jardines frondosos.

En la orilla Este, menos desarrollada por su condición de umbría, sobrevive el Como tradicional en pueblos encantadores como Torno, Careno o Nesso, que con sus puertos pesqueros e iglesias románicas constituyen la vista más deseada para las opulentas mansiones de la otra orilla del lago.

Una isla maldita

La Isola Comacina, frente al pueblo de Ossuccio, es uno de los parajes más misteriosos del lago y de hecho permaneció deshabitada hasta mediados del siglo pasado. Los habitantes de Como, que arrasaron el asentamiento existente en la edad media, maldijeron también la única isla del lago con la promesa de muerte para todo aquel que osara habitarla. Parece que iba en serio, pues dos de los tres socios que en 1948 decidieron abrir allí un restaurante murieron poco después. El superviviente consiguió que la Locanda dell’Isola Comacina se convirtiera en el restaurante más famoso de la zona mediante un ritual diario para alejar la maldición. Debe funcionar puesto que a Clooney no le dio mal fario celebrar en este establecimiento su 50 cumpleaños.

Microclima mediterráneo

Pese a estar a las puertas de los Alpes, las aguas del Como mantienen un microclima suave durante todo el año. Por ello, el final del invierno y el comienzo de la primavera son un buen momento para visitarlo ya que las temperaturas no caen demasiado y sí suelen hacerlo los precios gracias a la temporada baja, algo de agradecer en un entorno tan exclusivo. Se puede llegar a Como desde Milán en tren de cercanías y una vez allí las opciones de transporte, incluidas las acuáticas, son buenas, por lo que el coche no resulta imprescindible.

Hoteles: Codo a codo con el glamour

Si no se dispone de los 35 millones de dólares necesarios para comprar “Villa Giuseppina” y convertirse en vecino de Clooney, los hoteles del lago ofrecen glamour a raudales y hostelería a la vieja usanza, eso sí por un precio. Dos de ellos comparten el honor de atender las necesidades de los más ilustres visitantes desde 1873: en Cernobbio el Grand Hotel Villa d´Este (www.villadeste.it) cuenta con suntuosas habitaciones, una piscina que flota sobre el lago y jardines históricos. Presume además de estar prácticamente blindado contra los paparazzi y su libro de huéspedes es un compendio de los nombres más famosos de los últimos 130 años. Poco tiene que envidiar el Grand Hotel Villa Servelloni (www.villaserbelloni.com), en Bellaggio, inaugurado en la misma fecha. Su lista incluye a varios líderes políticos míticos como Churchill, Roosevelt o John F. Kennedy que han disfrutado de sus esmerados servicios y los tranquilos aperitivos a la orilla del lago.

Algo más reciente, de 1910, es el hotel de Enea Gandola y su mujer María Orsolini que, tras completar el Grand Tour, decidieron construir un magnífico palazzo donde acoger con todo lujo a otros viajeros como ellos. Eligieron una situación privilegiada,  a las orillas de los jardines de Villa Carlota y mirando a su pueblo natal, Bellagio. El Grand Hotel Tremezzo (www.grandhoteltremezzo.com), cuenta con tres piscinas, una de ellas flotando sobre el lago, cinco tipos de jacuzzis, más de 20.000 metros cuadrados de jardines y salas de música y lectura.

Con unos orígenes más humildes, el Hotel Belvedere Bellagio (www.belvederebellagio.com) nació cuando la familia Gilardoni decidió abrir la pensión La Vignetta en 1880 para acoger a los que venían a trabajar desde el campo. Gracias al tesón de la heredera María, la modesta pensión acabó convirtiéndose en los años 20 en un cosmopolita hotel para la nueva élite europea. El hotel sigue en manos de las féminas de la familia, y es ahora Tiziana la que instruye a su hija Giulia, para que no abandone la tradición hostelera.