[De San Francisco a Los Ángeles]: La gran ruta del Pacífico

Post Ranch Inn.

Aunque la Ruta 1 propiamente dicha empieza o termina algo más al norte, en las tierras vinícolas y bucólicas de Mendocino, el Golden Gate en San Francisco es, como su nombre indica, la puerta a esta carretera declarada una All American Route. Puede que en Los Ángeles estén los famosos, pero es en la ciudad de las colinas donde se respira toda la belleza, la libertad y el desenfado que constituyen la otra cara de la California de alfombra roja y fotos robadas. San Francisco posee sí una red de carreteras escénicas que recorren los distintos barrios con personalidades fuertes y diversas: desde el ambiente asiático-hispano de Mission District a la actitud bohemia de Haight Ashbury.

Olas y calabazas

La Ruta 1 atraviesa San Francisco de norte a sur y tras dejar atrás los suburbios y acercarse a la costa ofrece un primer aperitivo de lo que espera según bajemos al sur. En la tranquila ciudad de Half Moon Bay, famosa por sus calabazas, ya es posible asomarse a la inmensidad de un Pacífico en el que los surferos se enfrentan a olas de casi 15 metros. La carretera serpentea por acantilados que quitan el hipo de camino a Santa Cruz. A la izquierda, los montes poblados de secuoyas rojas ocultan a la vista otra realidad californiana, la del Silicon Valley, y dejan sólo la de un paisaje salvaje atenuado por las frecuentes nieblas. Aquí el referente son otras dos viejas misiones, casi contiguas, la de El Presidio, hoy Monterrey, y la de San Carlos Borromeo de Carmelo, Carmel. Monterrey, con su condición de primera capital californiana, mantiene un dominio regional gracias a atracciones como el espectacular Acuario de la Bahía abierto al mar o el Festival de Jazz en el que han tocado las grandes leyendas de este género.

Eco-glamour

Carmel es un reflejo fiel de cómo se las gasta las intelligentsia californiana. Fruto de las decisiones de sus habitantes, muchos de ellos artistas e intelectuales, y de alcaldes como Clint Eastwood (¿quién se atreve a decirle que no a Harry El Sucio en un pleno municipal?) esta ciudad tiene una de las regulaciones más ecológicas, y estrambóticas, del Estado. Las aceras están levantadas para proteger a los árboles, lo que llevó hace unos años a la prohibición de usar zapatos de tacón para evitar las demandas por tropiezos, un riesgo real en este país. La iluminación nocturna se ha reducido al mínimo para combatir la contaminación lumínica y los perros son bienvenidos en casi todos los establecimientos, algunos de los cuales cuentan con menús caninos. El resultado es un lugar romántico y plagado de opciones gastronómicas que sería un gran setting para ese género aún no surgido, pero que seguro que ronda ya las mentes de los guionistas de Hollywood: la comedia eco-romántica.

La punta de los lobos

No hay que olvidarse de poner gasolina en Carmel ya que durante los próximos 140 kilómetros la Ruta 1 se adentra en uno de los rincones más bellos, y menos poblados, de California, el Big Sur. Aunque todo el trayecto vale la pena, Big Sur es el principal motivo de que esta carretera haya sido declarada una Scenic Byway. Su límite norte está marcado por una maravilla natural en sí misma. Point Lobos, o como la llamaron los españoles, Punta de los Lobos Marinos, hace honor a su nombre con una colonia permanente de lo que realmente son leones marinos. En su declaración como Reserva Natural tuvo mucho que ver la necesidad de protegerla de las productoras de Hollywood, cuyos rodajes llegaron a poner en riesgo el equilibrio de la fauna y la flora. Point Lobos alberga uno de los últimos bosques salvajes de cipreses de Monterrey. Es también una reserva marina en la que abundan las orcas y, como bien sabían los antiguos inquilinos de un puesto ballenero que aún se conserva, constituye un excelente lugar para avistar ballenas grises cuando pasan frente a la costa entre los meses de diciembre y abril.

Steinbeck, Miller y Kerouac

Algunos de los más grandes y también de los más outsiders de la literatura americana eligieron Big Sur para retirarse del mundo. Aún hoy, al cruzar el impresionante Bixby Bridge parece que hemos pasado un enorme puente levadizo que nos aísla de este bullicioso siglo. Algo así debió pensar el magnate Hearst cuando construyó su castillo en San Simeón a partir de piedras y obras de arte expoliadas por toda Europa. Hearst quiso comprar su linaje, pero no pudo comprar el estilo y su castillo es un ejemplo fascinante del significado de la palabra kitsch. Para desengrasar tras la visita, nada como acercarse a alguno los parques naturales de los alrededores y disfrutar de la belleza de cascadas, acantilados y secuoyas.

Camino a Los Ángeles

Como dijo Kerouac en su libro Big Sur: “Solamente en el bosque se adquiere por fin la nostalgia de las ciudades”. Es hora de regresar a lo mundano y en eso Los Ángeles no tiene rival. Al sur de San Simeón, en San Luis Obispo, la Ruta 1 se convierte en una autopista y enseguida nos veremos atrapados en los tentáculos de esta metrópolis extensísima. Al pasar por Santa Bárbara y Malibú tras cientos de kilómetros conduciendo por la naturaleza, la mezcla de silicona, cochazos y puestos de tacos puede resultar impactante, ostentosa y hasta superficial, pero es tan auténticamente californiana como las secuoyas de Big Sur.

Selección Viajar: Un “road trip” a lo grande

Como todo buen road trip, gran parte del encanto de la Ruta 1 reside en las paradas. Antes de lanzarnos a la carretera podemos disfrutar de unas noches en alguno de los hoteles clásicos de San Francisco, como el Palace Hotel (www.sfpalace.com), el Ritz-Carlton (www.ritzcarlton.com) o el Westin St. Francis (www.westinstfrancis.com), que domina la plaza de Union Square. En Carmel existen multitud de pequeños hoteles románticos, como el Cypress Inn (www.cypress-inn.com), cuya propietaria, la actriz y defensora de los animales Doris Day, da en ocasiones la bienvenida a los huéspedes y sus mascotas.

Los lujosos cottages integrados en el paisaje y colgados sobre el acantilado del Post Ranch Inn (www.postranchinn.com) no tienen rival en Big Sur. Su exquisita arquitectura y la espectacularidad de las vistas se completan con jacuzzis privados al aire libre.

Algo más al sur, en San Luis Obispo, se encuentra uno de los hoteles más peculiares de California y de Estados Unidos. A los pies de Madonna Mountain podemos alojarnos en una cueva, en un chalet suizo, en el camarote de un barco, un antiguo molino o cualquier otra cosa que se nos antoje. El Madonna Inn (www.madonnainn.com) es un clásico californiano desde los años 50.

Para terminar la ruta nada mejor que una noche en el Chateau Marmont (www.chateaumarmont.com), un mito de Hollywood construido en 1927 al estilo de un castillo francés. Casi todas las estrellas se han paseado por aquí y dormir en la suite desde la que Howard Hughes espiaba a las señoritas en bikini de la piscina no tiene precio. En realidad sí, unos cuantos cientos de dólares.

La Highway 1 exige un vehículo a la altura. Tanto en San Francisco como en Los Ángeles existen multitud de opciones de alquiler. Si se quiere algo más exótico (un Corvette o un Porsche 911), Speciality Rentals (www.specialityrentals.com) tiene sedes en ambos extremos del camino. Los moteros están bien servidos por Eagle Rider (www.eaglerider.com), que alquila Harleys y otras motos y ofrece rutas guiadas. Y quienes quieran emular a los hippies pueden hacerse con una Volkswagen Caravelle restaurada y equipada para todo tipo de happenings (www.vwsurfari.com).