[Del Mekong a Angkor]: Asia fascinante

Siem Reap es la puerta de entada a los templos de Angkor.

Ho Chi Minh City es un excelente punto de partida hacia el delta del Mekong. Un lugar para, como en las películas de aventuras, hacer avituallamiento y disfrutar de los placeres de la civilización antes de adentrarse en la jungla. En esta metrópolis cada vez más moderna se puede tomar el pulso taquicárdico del Vietnam urbano, en plena transformación según el modelo de los gigantes asiáticos. Para los apasionados de la historia bélica es un verdadero parque temático con museos como el War Remnants o la visita a los túneles del Vietcong en Cu Chi. La antigua Saigón es una ciudad llena de vida, con excelentes opciones culinarias, tanto tradicionales como de corte occidental.

En el delta del Mekong

Los barcos y lanchas para Camboya parten al sur de Saigón, en el corazón del delta, desde localidades como My Tho o Can Tho, que son dignas de visitar. Aquí la tierra es un conjunto de islas, divididas por miles de canales y por los cinco brazos principales en los que se bifurca el río. Es un paisaje encantador en el que la selva parchea los campos de arroz donde pacen los búfalos de agua. Infinidad de caminos invitan a recorrer esta campiña surrealista a lomos de una bicicleta o del medio de transporte nacional, la Honda Cub o alguno de sus clones chinos. Lo primero que sorprende una vez embarcados es el descubrimiento de otro tipo de vida basada en el río. Aquí las carreteras son de agua y por ellas circulan los sampanes de los aldeanos, las grandes barcazas de mercancías y hasta los vendedores ambulantes de fruta fresca y pastelillos de arroz. Las aldeas de las orillas se elevan sobre postes para poder adaptarse al muy variable caudal de este río poderoso.

Los mercados, una de las grandes experiencias del delta, flotan, ya que en realidad constituyen una aglomeración de barcas y para ir de puesto en puesto es imprescindible contar con una. La visita a alguno de ellos es una excursión imprescindible de los cruceros con destino a Siem Reap.

Vida a bordo

A diferencia de sus homónimos oceánicos, gran parte del encanto de un crucero por el enorme Mekong es disfrutar del paisaje desde una de las hamacas de cubierta. El calor húmedo invita a la contemplación sólo interrumpida para agenciarse otra cerveza o para responder al saludo de los tripulantes de las numerosas embarcaciones que se cruzan en el camino. El tópico de que el sudeste asiático es un refugio de la sonrisa sincera es especialmente cierto en Vietnam y Camboya. Al cabo de un par de días de navegación río arriba, las aldeas ribereñas empiezan a escasear y la selva se espesa. El ambiente, si se combina con una de las frecuentes nieblas del Mekong, recuerda al viaje del capitán Willard en Apocalypse Now. Sabremos que nos estamos acercando a la frontera camboyana cuando una lancha de la policía de aduanas se acerque para recoger los pasaportes, que recuperaremos río arriba en un puesto aduanero situado en el medio de la nada.

Viaje al país jemer

Situada en una encrucijada de ríos, Phnom Penh, capital de Camboya, es la primera parada importante en el país de los jemeres. Una ciudad curiosa que parece retrotraernos a los locos 60 con sus bares para expatriados y sus villas coloniales desvencijadas entre edificios modernos que testimonian el rápido avance de Camboya, lo que no impide percibir un atraso frente a su vecino Vietnam. Un escalón en el que tuvo mucho que ver el régimen de los jemeres rojos, cuya durísima historia se cuenta en el muy visitado Museo del Genocidio de Tuol Sleng. Aunque la visita resulta desasosegante, un paseo por el animado Quay Sisowath, junto al río, permite recuperar la fe en la humanidad en un país que se esfuerza en superar sus tiempos más negros.

Un lago peculiar

De vuelta al barco toca abandonar el Mekong y navegar por el río de Tonlé Sap, que conduce al lago del mismo nombre, el más grande del sudeste asiático, al menos durante unos meses puesto que su caudal cambia de dirección dos veces al año. En la temporada seca, coincidiendo con nuestro invierno y primavera, las aguas del Tonlé Sap fluyen hacia el Mekong y el lago pierde la mayor parte de su superficie y profundidad. Pero en la temporada húmeda, a partir de junio, el flujo se invierte y las aguas del Mekong se vierten en el Tonlé Sap, que llega a desbordar sus orillas habituales.

Siem Reap y la increíble Angkor

Si la profundidad del Tonlé Sap lo permite, desembarcaremos a pocos kilómetros de nuestro destino, Siem Reap. La ciudad resulta interesante y placentera puesto que cuenta con una arquitectura colonial bien conservada y una buena oferta culinaria y de alojamiento. Pero sobre todo es la puerta de entrada al magnífico conjunto arqueológico de Angkor, compuesto por la antigua capital del imperio Khmer, Angkor Thom, y por el gran templo de Angkor Wat. Son 400 kilómetros cuadrados de palacios y templos esculpidos con maravillosos relieves que constituyen un testimonio impresionante de la grandeza del pasado camboyano. Cualquier amante de la belleza haría bien en reservarse unos días para disfrutar de Angkor, puesto que aquí comienza otro viaje extraordinario.

Hoteles: Hoteles de río

El nivel de agua del Mekong y, sobre todo, del Tonlé Sap es fundamental a la hora de planificar el crucero. Generalmente entre septiembre y enero puede realizarse todo el trayecto hasta Siem Reap en barco. Además, al tratarse del comienzo de la estación seca se evita la humedad sofocante del verano. Por supuesto, es la temporada alta y esto se refleja en los precios. El resto del año lo habitual es realizar la última parte del trayecto, de Phnom Penh a Siem Reap, en un autobús provisto por la naviera. Heritage Line (www.heritage-line.com) ofrece los que probablemente sean los cruceros más suntuosos del Mekong en sus dos barcos, el Jayavarman y el Jahan, decorados en estilo colonial francés e inglés respectivamente. Cuentan con Spa y en el caso del Jahan hasta con piscina, jacuzzi y gimnasio. Todas las habitaciones tienen balcón privado para disfrutar de las vistas. El viaje hasta Siem Reap dura ocho días e incluye excursiones y actividades.

La Compagnie Fluviale du Mekong (www.cfmekong.com) fue la pionera de la ruta Saigón-Siem Reap (o viceversa) con su clásico Toum Tiou, una antigua barcaza reconvertida en nave de lujo con diez camarotes decorados en madera. Su barco insignia en la actualidad es el Indochine, con 24 camarotes más amplios y un restaurante tradicional. El trayecto dura entre 7 y 12 días dependiendo de las visitas y excursiones elegidas.

Otra alternativa es Pandaw (www.pandaw.com), que surgió de la refundación de la desaparecida Irrawaddy Flotilla Company, una compañía de vapores que operaba en Birmania hasta la Segunda Guerra Mundial. Ahora ofrece cruceros de siete noches en cualquiera de las dos direcciones del Mekong con varios barcos que, por su poco calado, pueden adentrarse por los canales y brazos de río menos transitados. A diferencia de sus competidores, sus precios incluyen prácticamente todo, excepto algunas excursiones, licores de importación y masajes en el Spa.

Todos los barcos mencionados cuentan con las comodidades habituales, como aire acondicionado y baños individuales, y son dirigidos por tripulaciones experimentadas.