[El Nilo de lujo]: Misterioso y eterno

El crucero por el Nilo “The Oberoi Zahra” ofrece tratamientos de relax a bordo.

Si (como el griego afirma en el Cratilo)/ el nombre es arquetipo de la cosa,/ en las letras de rosa está la rosa/ y todo el Nilo en la palabra Nilo”. El que así habla es Jorge Luis Borges, para quien en apenas cuatro letras caben 6.756 kilómetros y muchos, muchos siglos de Historia. En lengua griega, egipcia, árabe y copta su denominación significa lo mismo, río, que no se necesita más para explicar cuál es la mayor avenida fluvial de África, creadora de vida y eminente arteria comercial que nace en el lago Victoria y va a morir al Mediterráneo. Allí donde reina el dios Ra y descansa tras crear al primer hombre surge el padre de todos los ríos, según contaba el virrey Meten a su soberano Zoser III allá por el año 2.600 a.C. Eran conscientes entonces los egipcios de que sus riberas eran campos fértiles, tierra negra, llamada así por el color oscuro del rico barro que traía el río en sus desbordamientos, gracias al cual –era usado como abono– la supervivencia estaba asegurada en ambas orillas. “Egipto es un don del Nilo”, dijo Herodoto mucho antes de que Napoleón lo remontara con soldados y científicos que exploraron sus rincones y dibujaron cada hallazgo. Aquellas notas e ilustraciones fueron publicadas en París a principios del siglo XIX y provocaron una sacudida emocional fuerte entre los más aventureros. Conocer Egipto y navegar por el Nilo se convirtió en una obsesión romántica. La misma que hoy persiguen viajeros de todo el mundo, que desean sentirse pequeños ante templos y pirámides, y grandes y privilegiados al poder guardar en la memoria la simple imagen del sol mecido en sus aguas.

Cuando cae la tarde

Asomada por la escotilla de su camarote o quizás tomando un té en el Hotel Old Cataract, en Asuán, la dama del suspense, Agatha Christie, empezó a imaginar los crímenes que su querido Hércules Poirot tendría que resolver en las páginas de Muerte en el Nilo, novela publicada en 1937. No resulta difícil emularla. El mismo barco en el que viajó y el mismo hotel continúan existiendo. Pero vayamos por partes. El primer acercamiento al Nilo ha de realizarse siempre en El Cairo, a ser posible a la hora del atardecer sobre alguno de los puentes que lo cruzan. O, mejor aún, subidos en alguna de las falúas que esperan con sus velas desplegadas a todos aquellos impacientes que quieran navegar por el río antes de sucumbir a la llamada de los cruceros. Habrá quien prefiera también darse el capricho de cenar en uno de los restaurantes flotantes que proponen veladas únicas, que comienzan siempre al caer la tarde. El refinado Nile Maxim es el favorito de las estrellas de fútbol; el Veranda, el de las parejas, y el Khulkhal, el de quienes quieren participar en una fiesta al más puro estilo de la alta sociedad egipcia, con auténtica cocina árabe y auténtica música local.

Cruceros con historia

Tierra, agua y campos de caña: rojo, azul y verde. Son los colores que conforman el paisaje que rodea al Nilo, el segundo río más grande del mundo después del Amazonas. Asuán, la ciudad más meridional de Egipto, es casi siempre la primera gran parada que realizan los cruceros que recorren el río hasta el lugar que un día ocupó la antigua ciudad de Tebas. Un karkadé frío –la bebida de las bienvenidas– recibe a los pasajeros, que pueden bajarse a tomar algo en la animada corniche o dormir y esperar a que llegue pronto el día para ver cómo la primera luz de la mañana ilumina los templos de Filé, en la isla de Agilkia, reconstruidos piedra a piedra, al igual que los de Abu Simbel, en medio de un desierto color naranja a orillas del lago Nasser. Kom Ombo es visita obligada, como lo es también Edfú, antes de que las aguas del Nilo fluyan en busca de su meta final. Luxor es la última escala en el trayecto, la primera en las preferencias de los viajeros, que aguardan ansiosos en cubierta la aparición de algún elemento que rasgue el cielo y los sitúe ya junto al templo de Karnak. Entre las dos grandes ciudades del Alto Egipto hay en total 130 millas fluviales de distancia, que se evaporan como un suspiro entre aromas de especias, charlas al calor de un té, atardeceres en silencio y cenas a la luz de las velas.

Donde nace el río

Más allá de Egipto, el Nilo también existe. Llegar a encontrar el lugar exacto en el que nace ha sido, durante mucho tiempo, todo un enigma. A mediados del siglo XIX, John Hanning Speke, oficial del ejército británico de la India, se empeñó en demostrar –murió por ello– que la verdadera fuente del Nilo está en las afueras de Jinja, en Uganda, sobre un entrante del lago Victoria, tal y como hoy señala una placa, situada en el mismo lugar en el que en sus tiempos hubo una espectacular cascada. Hasta aquí es posible llegar hoy en barca e incluso seguir hasta los saltos de agua de Bujagali y continuar rumbo a los de Kabarega, en el Parque Nacional Murchison, para experimentar emociones casi extremas atravesando los que para muchos son los rápidos más impactantes del mundo. Aunque disfrutemos de la aventura como si fuéramos uno de aquellos míticos exploradores del pasado, no estaremos seguros de haber resuelto la duda eterna sobre dónde comienza en realidad el Nilo. No fue cosa de Agatha Christie: el misterio siempre le ha acompañado en su fluir.

Hoteles: Del río a las fuentes

Agatha Christie tiene una suite que lleva su nombre en el Steam Ship Sudan (www.steam-ship-sudan.com), el mismo barco en el que viajó con su segundo esposo, el arqueólogo Max Mallowan, en 1933. El que pasa por ser último testigo de la navegación por el Nilo en la belle èpoque, sobre el que flota el espíritu visionario de Thomas Cook, comenzó de nuevo a funcionar en el año 2006 después de mucho tiempo de abandono. Totalmente renovado, ofrece cabinas y camarotes que llevan el nombre de personajes que alguna vez se asomaron al río, tanto de ficción (Aída) como reales (Gustave Flaubert, Champollion, Howard Carter). Otros cruceros recomendables son los que realizan las cadenas Sonesta (www.sonesta.com), Presidencial (www.pnccruises.com) y Movenpick (http://movenpick-nilecruises.com). Aunque es The Oberoi Zahra (www.oberoihotels.com) el único de cuantos recorren el Nilo que ofrece tratamientos de belleza y relax a bordo. Este crucero es la prolongación perfecta a una estancia en Egipto para todos aquellos que hayan decidido alojarse en el Hotel Mena House Oberoi, construido en 1869 al más puro estilo oriental como pabellón de caza de Jedive Ismail, virrey de Egipto. Su ubicación es perfecta: en la orilla oriental del Nilo, a pocos kilómetros de donde comienza el delta.

Construido en 1889, en Asuán, frente a la Isla Elefantina, el legendario Hotel Old Cataract (www.sofitel.com) continúa siendo el preferido de los nostálgicos de corazón, de aquellos que no se resisten a viajar sin un ejemplar en la maleta de las aventuras de Hércules Poirot en Egipto. Tras su fachada victoriana, el hotel mantiene su belleza original y da la bienvenida a los huéspedes en un mítico vestíbulo con suelos de mármol. A los que la aventura les llame más allá de las páginas de una novela de intriga, deben saber que el Nilo no se acaba en Egipto. Pueden acudir a ver su nacimiento en el lago Victoria, en Uganda, y utilizar como magnífico centro de operaciones Le Petit Village (www.lepetitvillage.net), en Kampala, la capital, para después continuar con su aproximación al río en el Paraa Safari Lodge (www.paraalodge.com), con suites y villas que disfrutan de las mejores vistas. Aquí los huéspedes pueden recibir clases para aprender a pescar la escurridiza perca del Nilo.