[Indian Pacific, Australia]: De océano a océano

El Indian Pacific atraviesa Australia entera, desde Perth hasta Sidney, a 85 km/h de media.

El Indian Pacific atraviesa Australia desde Sidney hasta Perth en tres días con sus respectivas noches. Bautizado así por unir dos océanos, el Índico y el Pacífico, en total recorre 4.352 kilómetros. En la era de la alta velocidad choca encontrar un tren cuya velocidad de crucero ronda los 85 kilómetros por hora (hasta una máxima de 115 km/h), pero es que en el Indian Pacific lo importante es disfrutar del viaje. Y lo primero es mentalizarse de que se está en un tren con compartimentos equipados con todo lujo de detalles, pero donde el espacio es limitado. Por este motivo, se recomienda empaquetar una bolsa de viaje con lo necesario para tres días y facturar el resto del equipaje aparte. Eso sí, hay que asumir que el equipaje facturado por separado no será accesible bajo ningún concepto durante los tres días del viaje.

Aventura con historia

Este tren se construyó, a finales del siglo XIX, en respuesta a una petición de la colonia de Western Australia como condición para unirse a la federación de colonias australianas. Porque, hasta entonces, los de la costa Oeste se sentían abandonados por los de la costa Este, bastante más poblada. Se convirtió así en uno de los pocos transcontinentales del mundo. Poco tiene que ver el confort del Indian Pacific actual con las incomodidades que debían sufrir quienes, allá por 1917, se aventuraban a embarcarse en este tren llamado por aquel entonces Transcontinental Express. Por ejemplo, debían cambiar varias veces de tren debido a los diferentes anchos de vía con los que se habían construido los distintos tramos. Un engorro que no se solventó hasta 1970, cuando se inauguró la actual línea y se instauró el tren único. Un proyecto de gran envergadura simbolizado en su logotipo por un águila majestuosa con ambas alas extendidas.

Tres clases

Mirado desde fuera, el Indian Pacific no tiene nada que ver con los ferrocarriles ultramodernos del siglo XXI, sus líneas evocan más bien a los trenes de antaño. Una vez a bordo se ha intentado preservar todo lo posible el sabor de los trenes de otras épocas sin renunciar al máximo confort de los tiempos actuales, aunque la experiencia final depende de la clase en la que se viaje. Hay tres bien diferenciadas. La Platinum Service –con un lujo equiparable al de un hotel de cinco estrellas– cuenta con compartimentos espaciosos, servicio de habitaciones a demanda y hasta una ducha completa. En la Gold Service, los asientos compactos se transforman en camas por la noche. Ambas clases dan acceso al restaurante Queen Adelaide y al Outback Explorer Lounge, un club social donde los pasajeros pueden tomar un tentempié mientras charlan con otros viajeros. Porque realizar al menos una vez en la vida el recorrido del Indian Pacific es el sueño de muchos, de ahí que a lo largo de sus cuarenta años de vida este tren haya acogido a tres millones de pasajeros procedentes de todo el mundo. Los jóvenes –o quienes no disponen de presupuestos tan holgados– optan por la clase Red Service, con sencillas camas e incluso asientos reclinables. El punto de encuentro aquí es el Red Gum Lounge y el Matilda Café, un restaurante informal de precios asequibles a base de comida sencilla. Lo que es una constante en todas las clases son los amplios ventanales, que permiten disfrutar de esa experiencia única que es admirar el paisaje cambiante del continente australiano.

Excursiones relámpago

En el Indian Pacific el viajero puede aprovechar los Whistle Stop Tours, excursiones guiadas de hasta cuatro horas de duración que encajan con las paradas del tren y aseguran el regreso antes de que el tren reanude la marcha. No hace falta contratarlas con antelación ya que pueden reservarse directamente en el tren hablando con el staff en el bar o con un Hospitality Attendant, nombre que recibe el personal que se esmera para que todos los viajeros se vayan satisfechos de su experiencia. Estas paradas son en Broken Hill, Adelaide y Kalgoorlie, y permiten, por ejemplo, dar una vuelta por el Mercado Central de Adelaide o visitar su National Wine Center, el moderno centro de divulgación de la cultura vinícola de un país que se enorgullece de sus vinos. Además, al llegar a destino en Perth uno puede apuntarse a un tour que recorre los puntos más interesantes de la ciudad, desde la seriedad de los barrios monumentales al espíritu cosmopolita de Subiaco. El tour en Perth ya no finaliza en el tren sino en la puerta del hotel de cada viajero. Pero, caprichos del destino, la estación más deseada es, precisamente, la de Cook. La ciudad vivió días de gloria en las buenas épocas del ferrocarril, pero, a medida que el avión fue arrinconando al tren, la ciudad se fue despoblando hasta ser hoy prácticamente un pueblo fantasma donde únicamente se detiene la marcha una hora para cambiar a los conductores y repostar agua. Aquí no hay visita guiada. El viajero tiene una hora para explorar por su cuenta lo que antaño fue una ciudad bulliciosa, sumida hoy en el silencio. Y aislada de casi toda la civilización, habida cuenta de que Adelaide está a 1.100 kilómetros y Perth a unos 1.500. Pero Australia es así. Salvaje, a veces inhóspita, pero siempre sorprendente.

Selección Viajar: Mucho más que un tren

El Indian Pacific opera todo el año con una salida semanal en cada sentido (dos entre septiembre y octubre). El camino puede hacerse indistintamente de Este a Oeste, o viceversa, completo o solo hasta Adelaide. Saliendo de Perth, la primera jornada de viaje atraviesa las verdes colinas de Avon Valley y los campos de trigo de Western Australia para terminar en Kalgoorlie. Al día siguiente cruza bosques bajos de arbustos y eucaliptos hasta adentrarse en Nullarbor Plain, un territorio árido donde, como reza su nombre en latín –nullus arbor–, no hay árboles. A la mañana siguiente, el Indian Pacific alcanza Adelaide. En este punto los pasajeros pueden continuar su viaje hasta el final o hacer una pausa de varios días en Adelaide. Great Southern Rail, la compañía propietaria del Indian Pacific, ofrece varios paquetes de excursiones de duración variable. Para los más tranquilos, el Choco-Latte Tour, visitando las mejores chocolaterías de Adelaide o un tour a las bodegas del Valle de Barossa. Para los más intrépidos, una ruta en 4×4 desde Adelaide a Alice Springs, con visita obligada al mítico Uluru, el macizo rocoso que al atardecer se torna de un rojo intenso. Entretanto el tren sigue hacia Broken Hill para alcanzar, a la mañana siguiente, las sobrecogedoras Blue Mountains y finalmente Sidney. En cuanto a equipaje, cada pasajero puede llevar hasta 40 kilos en dos bultos de un máximo de 20 kilos cada uno. Los bultos grandes se guardan en un vagón de carga separado. Cada viajero se queda solo una bolsa de viaje para tres días. Puede incluso embarcarse el propio vehículo en un vagón específico. En cuanto a las comidas, los de clase Platinum pueden disfrutar en el Queen Adelaide Restaurant Car de delicias australianas como el entrecot de canguro a la parrilla o el pez barramundi, maridados con buenos vinos australianos. El Matilda Café para los de Red ofrece sándwiches, snacks y comidas ligeras. El viaje cuesta 2.795 € en Platinum, 1.698 € en Gold y entre 609 y 1.177 € en Red Service (www.railaustralia.com)