[La Costa de El Cabo]: Safari para sibaritas

Pocos lugares pueden presumir de tener una ubicación tan redonda… y menos aún de semejantes alrededores. Ciudad del Cabo es además única en desmontar tópicos sobre el continente africano. Y es que, sí, se encuentra casi en su vértice más austral, en un país que para mayores certezas se llama Sudáfrica, y sin embargo aquí no se verán leones más que en el zoo, sus inviernos llegan a resultar heladores y el ambiente mundano de sus días, y sobre todo de sus noches, la colocan a la altura de las capitales más vibrantes.

Encajonada entre el océano y la espectacular Table Mountain o Montaña de la Mesa –elegida una de las siete maravillas naturales del mundo–, la ciudad, con sus mercados, su arquitectura colonial, sus coloridos barrios como Bo-Kaap, sus restaurantes de primera y sus clubs noctívagos, es todo un plato fuerte, pero sus inmediaciones lo son aún más. De hecho, no es casualidad que cada año se filmen por ellos puñados de anuncios y producciones de moda aprovechando la infinidad de escenarios increíblemente diversos que quedan a tiro de piedra. Porque, con base en Ciudad del Cabo, en un día de excursión podrá enfilarse hacia playas de pecado, hermosísimas cordilleras, los viñedos más aristocráticos de todo el Nuevo Mundo y hasta se podrá salir a admirar focas, pingüinos, ballenas y, para el que se atreva, también tiburones blancos.

Sin salir de la ciudad

La ascensión a Table Mountain en teleférico –o a pie para los valientes– proporciona una panorámica de 360º sobre la ciudad y su península, amén de preciosas caminatas entre sus miradores y rutas senderistas adornadas con la insólita vegetación del Cabo. Igualmente obligado, ya desde el meollo comercial y turístico del muelle de V&A Waterfront, será tomar un crucero al atardecer por su bahía o, mejor aún, con rumbo a la antigua penitenciaría de Robben Island en la que permaneció Mandela diecisiete de los veintiocho años que el apartheid le tuvo encarcelado y que hoy, como símbolo de la nueva Sudáfrica, está declarada Patrimonio de la Humanidad.

Surcando la costa

Todo ello podría hacerse el primer día, pero como sería un desperdicio no quedarse dos o tres más, convendrá alquilar un coche para, al siguiente, salir a descubrir su Península. Las hedonistas playas de Clifton y Camps Bay serán las primeras en aflorar por la llamada Riviera del Cabo, a lo largo de la cual seguirán hilvanándose desde la nudista Sandy Beach hasta las surferas Llandudno y Long Beach, o el todavía más blanco y solitario arenal virgen de White Beach. En un alto en el puerto de Hout Bay, habrá de embarcarse en una breve travesía para avistar las colonias de focas que moran en Duikers Island antes de adentrarse por los senderos y acantilados barridos por los vientos del Cabo de Buena Esperanza y, de regreso a la ciudad, ir deteniéndose a admirar los pingüinos africanos de la playa de Boulders, las coquetas casas victorianas que orlan Simon’s Town y los magníficos jardines botánicos de Kirtensbosch.

Entre copas, ballenas y tiburones

Hasta el más radical de los abstemios se alegrará de consagrar la siguiente jornada a los viñedos del Cabo. Iniciados por los holandeses hace más de tres siglos para abastecer sus barcos –al comprobar que el vino evitaba que la marinería muriera de escorbuto–, fueron perfeccionados poco después por hugonotes franceses llegados a estas tierras huyendo de las persecuciones religiosas. Aunque sus caldos se catalogan como del Nuevo Mundo, su historia es ya muy larga, y ello se palpa en los aristocráticos edificios que albergan algunas de sus bodegas con más solera. Entre éstas, las de Lanzerac o Boschendal, presididas por blancas mansiones holandesas en mitad de ordenadas hileras de viñas; y entre las más rompedoras, la multipremiada de Tokara, cuyas cavas de diseño y los campos de olivos que la rodean, tan mediterráneos, vuelven a hacerle dudar a uno si esto, en realidad, es posible que sea también África. Habrá de hacer una certera selección entre las muchas decenas que hay para ir salpimentando las catas en dos o tres de ellas con la visita a pueblitos de la tradición de Stellenbosch y al epicentro gastronómico de Franschhoek, con algunos de los mejores restaurantes del país.

Ya rumbo al este, sobre todo si se tiene intención de continuar el itinerario hacia los increíbles paisajes de roquedos, bosques y lagos de la llamada Ruta Jardín, quienes viajen entre agosto y noviembre por la carretera de la costa no podrán perder la oportunidad de admirar las ballenas francas australes, que en estos meses se arriman tanto a los acantilados del pueblito de Hermanus que lo han coronado como el mejor lugar del mundo para avistarlas desde tierra. No aptas para cardiacos, aunque factibles en cualquier época del año, las expediciones que parten del también cercano puerto de Gansbaai salen al encuentro del gran blanco. Los más osados se sumergen en el mar dentro de una jaula para hacer los avistamientos más increíbles de estos temibles tiburones, que cada año dan algún que otro disgusto cuando se acercan más de la cuenta a las playas del Cabo.

Hoteles: La Sudáfrica estilosa

Entre los grandes clásicos de Ciudad del Cabo destacan el elegante Mount Nelson (www.mountnelson.co.za), perteneciente al grupo Orient-Express junto al V&A Waterfront, o el también cinco estrellas gran lujo The Table Bay (www.suninternational.com), que este año celebra el 15 aniversario desde que fuera inaugurado por Nelson Mandela y, entre otros eventos especiales, a los viajeros que se queden tres noches les ofrecen la cuarta gratis. A las afueras de Ciudad del Cabo también podrá optarse por coquetísimos hoteles boutique como 26 Sunset Avenue (www.26sunsetavenue.com), una estilosa villa de cinco estrellas compuesta por únicamente seis suites frente a las playas de Llandudno y junto a la Reserva Natural de Sandy Bay, o Ellerman House & Villa (www.ellerman.co.za), en una mansión con el sello de Relais & Châteaux en la exclusiva zona playera de Bantry Bay. Si prefiere instalarse como en casa junto a un grupo de familiares o amigos, los nueve apartamentos y villas de diseño de Blue Views (www.blueviews.co.za), con desde una hasta siete habitaciones y piscina privada con vistas al océano, proporcionan total privacidad en la noctívaga y elitista área de Camps Bay Beach. Por la región de los viñedos podrá reservarse en auténticas delicias como el Grande Roche (www.granderoche.com), con 28 exquisitas habitaciones en el terreno de una antigua granja del XVIII hoy catalogada como monumento nacional; en el igualmente histórico Steenberg State (www.steenberghotel.com), en un edificio de 1682 en el Valle de Constantia y frente a las dramáticas colinas de Steenberg Mountain, con dos docenas de habitaciones con vistas a los viñedos, a False Bay o al golf, o en Le Quartier Français (www.lqf.co.za), otro precioso boutique hotel en el valle de Franschhoek e igualmente miembro de Relais & Châteaux, que cuenta con uno de los mejores restaurantes del país. Y único para impresionar si se tratara de un viaje romántico, la decena de íntimas y asombrosas habitaciones de Birkenhead House (www.birkenheadhouse.com), una espectacular villa posada en lo alto de un retirado acantilado, del famoso por sus ballenas pueblito de Hermanus.

www.southafrica.net
www.capetown.travel
www.tourismcapetown.co.za