[Mongolia]: El último país nómada

Con una extensión tres veces la de España, Mongolia es el país con menor densidad de población.

La plaza de Sujbaatar es el corazón del Ulán Bator moderno, lejos de los templos tradicionales y las calles que trepan por las colinas. Es un espacio ancho y despejado rodeado por edificios imponentes: el Palacio del Gobierno, el Teatro Nacional de la Ópera y el Ballet, la Bolsa y el Palacio de la Cultura, además de la torre de Comunicaciones y un hotel de lujo. En el centro de la plaza destaca la estatua ecuestre de Sujbaatar, el líder mongol que consiguió la independencia del país de los chinos en 1921. Durante la semana los viandantes cruzan la plaza camino a sus quehaceres, pero en las tardes soleadas de los domingos el ambiente es diferente: los jóvenes organizan partidos de baloncesto y las familias se hacen fotos en actitud solemne. Para posar casi todos eligen la estatua de Gengis Jan que se erigió frente al Palacio del Gobierno en 2006 para conmemorar el octavo centenario de la unificación de las tribus mongolas, el primer paso para la creación del gran imperio mongol.

Espíritu nómada

En Mongolia a este gigante de la historia se lo conoce como Chinggis Khan y la estatua lo muestra en toda su solemnidad, sentado en el trono, dominando la plaza, el país y hasta las infinitas estepas asiáticas. Uno de los viajes más extraordinarios que se pueden hacer es seguir los pasos de Gengis Jan. Es un recorrido fabuloso por los paisajes bellos y desolados de la estepa y por la inmersión en la historia y el mito. Gengis Jan creó el que probablemente haya sido el imperio terrestre más extenso jamás conocido. Y la mejor guía de este viaje es la Historia secreta de los mongoles, un texto escrito a mediados del siglo XIII –que se puede encontrar en español en las librerías de Ulán Bator– y que, a pesar de su título, se refiere casi en su totalidad al padre de la patria mongola. Gengis Jan es el máximo exponente del espíritu nómada que todavía pervive en Mongolia, a pesar de los cambios culturales y sociales de los últimos años, y su vida fue un continuo movimiento. En cuanto se emprende el camino, Ulán Bator se termina de repente y enseguida aparece el vacío que inunda el paisaje de Mongolia. Es la estepa sin fin, sin árboles, sólo extensos pastizales con rebaños de camellos o de cabras. Cuando aparece alguna laguna, el campo se alegra y hay caballos que corretean por las orillas. De vez en cuando, muy de vez en cuando, aparece un poblado: una fila de casas alrededor de una gasolinera y una tienda de comestibles. Después, otra vez, el vacío del país con menor densidad de población del mundo.

La tumba del líder

La pista tras la huella de Gengis Jan conduce siempre hacia Burján Jaldún. La Historia secreta nos dice que cuando nuestro personaje era conocido como Temuyín tuvo que buscar refugio en esta montaña para escapar de la tribu enemiga de los merkits. El lugar era sagrado desde el origen del tiempo para la tradición de los chamanes, y si a ello se añade la importancia que tuvo en la vida de Temuyín no es de extrañar que se convirtiera en uno de los lugares más importantes del orbe mongol. Muchos creen que Gengis Jan está enterrado en esta montaña. La ruta continúa hacia el sur, hacia el valle de Sengur, donde Temuyín fue elegido como Gengis Jan, es decir, el Soberano del Cosmos. La Historia secreta sitúa el acontecimiento junto al Lago Azul de las montañas del Corazón Negro. Un recorrido a caballo por las orillas del lago es revivir la historia de la mejor manera: como la vivieron sus protagonistas hace ocho siglos.

Hacia el noreste de Mongolia, cerca ya de la frontera con Siberia aparece Dadal, donde la tradición sitúa el nacimiento de Temuyín. La estela de las Siete Colinas sirve para recordar este hecho de la historia. Apenas quedan restos a la vista de Avarga, la primera ciudad del imperio mongol, por lo que es mejor continuar en una larguísima etapa hasta Karakorum, la antigua capital que estableció Gengis Jan en el año 1220. Al lado aparece ahora Jarjorin, un villorrio de 9.000 habitantes de aspecto desolador que vive alrededor del mercado. Resulta sorprendente el rumor que corre por el país de que el Gobierno piensa construir en este lugar la futura capital de Mongolia para conmemorar el octavo centenario de la fundación de la ciudad por Gengis Jan. Una Brasilia de las estepas.

Civilización de jinetes

Jarjorin se alza en una planicie justo donde el río Orkhon sale de unos desfiladeros. Gengis Jan eligió el sitio por la importancia de la zona en la tradición de los nómadas de Asia Central. Hoy se piensa que en este valle, habitado desde hace miles de años, surgió la civilización de jinetes, ganado y yurtas que se extendería por todo el continente. En el siglo XVI, en el mismo Karakorum se levantó Erdene Zuu, la lamasería más importante del país, utilizando como material de construcción los restos de la antigua capital. Su gran muralla cuadrangular, de 400 metros de lado y con 108 pagodas blancas, es visible desde varios kilómetros de distancia. Este monasterio llegó a tener casi cien templos en todo el recinto. El paso del tiempo y la destrucción sistemática durante el periodo de influencia soviética llevó a su casi total desaparición. Hoy, y gracias a la restauración de los últimos años, hay tres templos que reviven su antiguo esplendor y continúa siendo un punto importante para la historia y la cultura de Mongolia.

Hoteles: De la ciudad al ger

Con más de 1.500.000 kilómetros cuadrados de extensión (tres veces España) y dos millones y medio de habitantes, Mongolia es el país menos densamente poblado del mundo. Además, casi la mitad de la población se concentra en la capital. En cualquier desplazamiento es posible pasar horas sin divisar ningún emplazamiento importante. El viaje, por tanto, debe estar bien preparado.

En Ulán Bator hay varios hoteles de calidad, como el Chinggis Khaan Hotel (www.chinggis-hotel.com), el que ha sido considerado el mejor hotel de los últimos años. Entre sus instalaciones se cuenta un centro comercial. Con motivo de los Juegos Olímpicos de 2008 de Pekín, Ulán Bator (y Mongolia en conjunto) vivió un cierto repunte turístico y para ello se construyeron muchos más hoteles de alto nivel, como el Blue Sky Hotel & Tower (www.blueskytower.mn), que ha servido para cambiar la imagen del centro de la ciudad. Un viaje a Mongolia conlleva adaptarse a las peculiares condiciones del país, y el alojamiento es una de ellas. En los lugares más visitados hay campamentos de gers –como llaman en Mongolia a las yurtas–, y es una versión moderna de las instalaciones de los nómadas. Las gers son yurtas circulares y durante siglos han sido las viviendas portátiles de los nómadas.

Las gers tradicionales eran un verdadero microcosmos de la sociedad nómada. Los desplazamientos en el interior se hacían siguiendo normas estrictas y tanto los hombres como las mujeres tienen asignados lugares específicos para dormir. La entrada siempre está orientada hacia el sur.

Incluso las construidas actualmente para los campamentos turísticos mantienen una serie de detalles tradicionales en la distribución del interior. Las gers pueden ser muy confortables, y muchas veces el detalle fundamental consiste en que dispongan de una estufa.