[Valle Sagrado de Perú]: El legado secreto de los incas

El Valle Sagrado de los Incas combina naturaleza espectacular con restos arqueológicos precolombinos.

El peruano Valle Sagrado, también conocido por su denominación inca de Vilcamayo, encierra buena parte de las claves que pueden acercarnos hasta Machu Picchu con algo más de inspiración para tratar de comprenderla. Se extiende entre Pisac y Ollantaytambo –pasando por Maras y Chinchero–, pero la ruta comienza con los misterios de Cuzco, la ciudad viva más antigua de América, cuyo diseño reproducía, según las crónicas, el perfil de un inmenso puma. Iberia vuela diariamente entre Madrid y Lima (desde 753 € ida y vuelta), desde donde ofrece conexiones con Cuzco.

La cara de Cuzco

Sus templos y casonas coloniales se apoyan sobre los imponentes basamentos incaicos resistentes a los terremotos. A dos kilómetros de la Plaza de Armas (con soportales repletos de restaurantes y boutiques de artesanía), la triple muralla zigzagueante de Sacsayhuamán –los gringos pronuncian sexy woman– compondría, con sus colosales bloques de piedra, el dibujo de las fauces del puma. Más adelante, el templo de Quenqo erigido en honor del dios del rayo, y los Baños del Inca Tambomachay, que manan sin cesar durante todo el año, invitan a indagar sobre las costumbres del orgulloso pueblo precolombino.

La hoja de coca

Considerada de carácter sagrado, el indio la llevaba siempre en su chuspa, el típico saquito de lana de colores, para mascarla largamente junto con otras sustancias, con lo que obtenía una sensación de vigor físico que apaciguaba el hambre, la sed y el cansancio. La versión apta para todos son los caramelos de coca y las bolsitas para infusiones que llaman té de coca, que venden por doquier y constituyen el remedio natural para combatir el Soroche o mal de altura que pueden provocarnos los 3.399 metros de altitud de Cuzco o los 2.490 de Machu Picchu, más baja que la ciudad, aunque muchos imaginen lo contrario.

Tras los pasos del inca

Hay quienes prefieren llegar hasta Machu Picchu peregrinando por el histórico Camino del Inca, pero la mayoría cruza el Valle Sagrado en coche o aprovechando el servicio de trenes y autobuses que conectan Cuzco con Aguas Calientes. La opción más lujosa consiste en disfrutar del recorrido entre Poroy (a veinte minutos de Cuzco) y Machu Picchu a bordo de los sobrios vagones azules del Hiram Bingham (filial del Orient-Express explotada por Perurail) que siguen el curso del Urubamba, el Río Sagrado, entre espectaculares entornos y paisajes. El brunch ofrecido coincide con el momento en que el tren se adentra en el exuberante bosque entre angostos desfiladeros. Tras visitar las soberbias ruinas de la ciudadela en compañía de los guías, el afternoon tea se sirve en los salones del Sanctuary Lodge de Aguas Calientes, antes de reemprender el viaje de regreso, que incluye una deliciosa cena en el coche-restaurante.

Arqueología y naturaleza

Entre cultivos andinos y majestuosas cimas van apareciendo a lo largo del camino las imponentes andenerías con que los incas esculpían en terrazas cultivables las laderas de las colinas. Si las de Pisac impresionan, las de Moray sorprenden por la impecable perfección de sus círculos concéntricos formando una especie de cráter artificial. Los vestigios arquitectónicos amueblan el paisaje con sus piedras colosales. La Fortaleza-Santuario de Ollantaytambo es una de las construcciones más portentosas del valle. Conserva canales de agua, extraños muros inclinados e inexplicables vanos trapezoidales, y unas canteras que dejaron sin respuesta la incógnita de sus inamovibles piedras cansadas abandonadas a medio camino.

Artesanías con tradición

Según la mitología inca, el apacible Urubamba que serpentea por el fértil valle estaba relacionado con la Vía Láctea. Las tierras que nutría a su paso proporcionaban lo mejor de la despensa agrícola de Cuzco, cereal, maíz, y esa patata pequeña y compacta de tono rojizo que sigue coloreando los puestos de los mercados actuales, junto a la original cerámica indígena, prendas de alpaca natural, bisutería de inspiración inca y tejidos que se tiñen con técnicas ancestrales. Los más famosos son el Mercado Popular de Pisac y la Feria de Chinchero, donde cada martes, jueves y domingo se practica el arte del regateo.

Las ruinas más famosas de América del Sur

A pesar de los casi dos mil quinientos visitantes admitidos al día (se puede adquirir la entrada por Internet comprobando si hay cupo para la fecha elegida en www.machupicchu.gob.pe), nada nos impide, al descubrir la mítica ciudad perdida, recrear el sentimiento de sofocante admiración que debió sentir Hiram Bingham, el profesor norteamericano que la encontró en 1911 olvidada bajo la maleza y que hoy presta su nombre al tren de lujo antes mencionado. Rodeadas por el área agrícola, las edificaciones levantadas en las verdes pendientes del picacho se dividen en dos sectores: moradas y canales para los civiles, templos, mausoleos, plazas y casas reales en la zona sagrada. Es sin duda la magnífica combinación de arqueología y paisaje la que constituye el impacto visual más difícil de olvidar.

Selección Viajar: La noche andina

Situado en un antiguo convento del siglo XVI, asentado sobre palaciegos cimientos incas, el Hotel Monasterio by Orient Express (www.monasteriohotel.com) es posiblemente el más bonito de Cuzco. Dispone de más de cien habitaciones de muy cuidada decoración, un fantástico claustro, un excelente restaurante y todas las instalaciones que uno pueda esperar, incluyendo enriquecedores de oxígeno para paliar el posible mal de altura. Ofrece un paquete especial combinado con el tren Hiram Bingham. También en el centro de Cuzco, la Casona Cusco Hotel (www.inkaterra.com/en/cusco) brinda la posibilidad de alojarse en el palacio de fines del XVI que ocuparon los primeros conquistadores hispanos, pero con un lujo que aquellos no pudieron imaginar. Once exquisitas y amplias suites en torno al histórico patio, todo ello junto al Museo de Arte Precolombino del anexo Convento de Santa Clara. La misma cadena, Inkaterra, regenta también las deliciosas suites y casitas del Machu Picchu Pueblo Hotel (www.inkaterra.com/en/machu-picchu), un eco-spa-boutique próximo a Aguas Calientes, a los pies de Machu Picchu, desde donde organizan excursiones andinas entre las cuales hay una de un día por el Camino del Inca. Un clásico de su cocina es el quinotto, una especie de risotto a base de uno de los cereales más antiguos del mundo, la quinoa. También muy tentador a los pies de Machu Picchu, el Sanctuary Lodge by Orient Express (www.sanctuarylodgehotel.com) ofrece 29 cómodas habitaciones, 12 de las cuales brindan vistas espectaculares de los bosques aledaños. Sus dos suites se complementan con una sala de estar y terrazas frente a los verdes montes.