Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

RAPACES Y GASTRONOMÍA Truchas, setas, migas y cordero animan la gastronomía de una zona donde siempre hay que mirar al cielo en busca de un buitre, un quebrantahuesos o un águila.

RAPACES Y GASTRONOMÍA
Truchas, setas, migas y cordero animan la gastronomía de una zona donde siempre hay que mirar al cielo en busca de un buitre, un quebrantahuesos o un águila.

Más de 650.000 visitantes al año recibe este gran Parque Nacional de Huesca, en el Pirineo Central, declarado Reserva de la Biosfera, Zona de Especial Protección para las Aves y Patrimonio de la Humanidad. Tres títulos fáciles de comprender con solo contemplar, desde Aínsa, capital de la comarca del Sobrarbe donde se ubica, el Monte Perdido, que con sus 3.355 metros es el macizo calcáreo más alto de Europa. Forma parte, junto con el Cilindro de Marmoré y el Pico Añisclo, de las Tres Sorores, que, según cuenta una leyenda, son tres hermanas cristianas que huyeron avergonzadas al bosque tras contraer matrimonio con tres godos. Hasta allí las siguió el espectro de su padre, quien, enojado, activó un vendaval que las cubrió de nieve y las dejó petrificadas de por vida. Hay más mitos para creer o dudar: en la cresta norte del valle de Ordesa, en una hilera de picos de más de 3.000 metros de altura, se abre un estrecho collado, paso natural entre España y Francia. Para quien así lo quiera imaginar, tan peculiar brecha fue creada por Rolando, sobrino de Carlomagno, al querer destruir su espada Durandal golpeándola contra una roca después de caer derrotado en la batalla de Roncesvalles.

El valle de Ordesa, de origen glaciar, discurre encajonado entre rocas y riscos verticales por cuyo fondo el río Arazas desciende en una sucesión de vertiginosas cascadas, como la de la Cola de Caballo, a la que se accede después de superar un hayedo y zonas de pino negro. Además de éste hay otros valles en el parque, como los de Añisclo y Pineta, el más accesible de todos.