Corvo, la isla de la eterna serenidad

Corvo

Vila do Corvo es una pequeña población de casas blancas dispuestas en anfiteatros naturales.

 

 

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Se podría decir que Corvo es uno de esos lugares ajenos al mundo, perdido en medio del océano y olvidado de casi todos los programas turísticos que tienen como destino principal el archipiélago de las Azores. Las prisas no existen en esta isla, la más pequeña de todas, que emerge por sorpresa en medio del Atlántico con un solitario cráter en una de cuyas laderas se intuye su única población, Vila Nova do Corvo, cuya existencia se remonta al siglo XVI. Sus 425 residentes viven en casas dispuestas en anfiteatros naturales entre estrechas callejuelas y dedican sus horas a las labores del mar y de la tierra. De las inclemencias del tiempo les libra Nossa Senhora dos Milagres, cuya imagen flamenca brilla en la iglesia del mismo nombre, construida en el siglo XVIII. Fue ella quien salvó allá por 1632 a los habitantes de Corvo de diez naves de piratas argelinos que desembarcaron en la costa.

En Corvo hay que ver sus famosos molinos de viento reconvertidos en Museo Etnográfico, que se elevan sobre el basalto negro siguiendo las trazas de los molinos que los árabes implantaron en Portugal. Pero también hay que contemplar –no queda otra– el caldeirao, ese cráter de volcán extinto que, con sus 2.400 metros de perímetro, ocupa la mayor parte de la isla. ¿Lo mejor? Llegar hasta él caminando, dejando que fluya alrededor el misterio y el silencio, especialmente intenso si bajamos hasta el fondo. Otros puntos de interés en Corvo son el Pico de João de Moura, el Faro de la Ponta da Carneira, el Morro dos Homens –el punto más alto de la isla, antaño cobijo para protegerse de corsarios– y los acantilados de la Ponta Norte, que pasa por ser el punto más septentrional de las Azores, en la costa occidental. Después del intenso día al aire libre, la mejor opción no puede ser otra que la de tomar una copa en el bar Com Vento, una antigua casa rectoral cuyo símbolo es una monja con el hábito levantado por el viento. Un juego de palabras para comprender y no olvidar a esta isla de la eterna serenidad.